Somos bendecidos, incluso cuando no lo notamos. Un hogar, trabajo, descanso, alimento, paz para dormir y fuerzas para mañana. Eso no es rutina, es Dios cuidándonos en lo cotidiano.
Cuando elijas un compañero de vida, piensa más allá del romance. Piensa en las conversaciones del desayuno, los momentos tranquilos después de un largo día, la forma en que manejan el estrés, el dinero, los errores y el crecimiento. Mira más allá de la química, mira el carácter.
Agradece, agradece todo, por tu casita, por tener ropa limpia, comida todos los días, por la naturaleza, por respirar, por tener manos y pies, por tu familia, por tu mascota, simplemente agradece, siempre agradece.
Fiel creyente de que uno de los momentos en los que uno se siente más amado en la vida adulta es cuando la otra persona hace cosas para facilitarte la vida día a día. “Yo te ayudo”, “yo me encargo”, “te colaboro”, “ocúpate de esto y yo me ocupo de lo demás”
Me lo tomo personal, porque a esta edad uno ya sabe lo que hace, con quién lo hace y por qué. No hay excusas, los actos hablan solos y no tengo por qué minimizar nada.
Después de 2 meses de mudada puse las cortinas, abrí la persiana, ventanas.. tengo rejas. Sin embargo la cortina se mueve y revivo el miedo pensando que alguien va a entrar de nuevo.