Hace unos meses publiqué información sobre un principio activo.
Objetiva. Viene en su ficha técnica. Aparecía en varios medios de comunicación.
Me avisaron desde un organismo sanitario
"mucho cuidado, por esta vez no pasa nada, pero que no vuelva a hablar de fármacos porque la legislación es muy estricta y mejor no pillarse las manos".
Hoy estoy viendo a un gurú recomendando antiparasitarios, con marcas y laboratorios, a 200.000 seguidres porque "evitan el cancer".
Y no pasa nada.
Pues así con todo en este país.
11 posiciones ganadas en Mónaco y puntúa con el peor coche de la temporada 2026 de Fórmula 1. Sin cometer ningún error mientras media parrilla recibía 300 sanciones. Pienso celebrar este punto hasta después del parón veraniego.
Si eres sanitario tienes prohíbido afirmar en redes que puedes curar una enfermedad.
O vender un producto que la cure.
Si eres farmacéutico no puedes pronunciar marcas de medicamentos (y ojo con los principios activos).
Si eres dermatólogo no puedes pronunciar "bótox".
Pero si no tienes la ESO puedes montar una mentoría online en la que prometes curar el cancer y nadie hace nada.
Qué cosas, ¿eh?
Conducir rápido es de tener deficiencia mental, te lo explico con números bastante rápido
Mi camino al trabajo son 45 minutos, y 29 de esos minutos son autovía, el resto carreteras nacionales, pueblo o ciudad
Por pueblo/ciudad obviamente no puedes ir rápido
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Es cómico lo que os hace rabiar Borja Iglesias. Simplemente por haberse posicionado en temas sociales de manera lógica para cualquier humano decente. Sois ridículos.
Si os fijáis, todos los negacionistas tienen en común la misma soberbia y por lo tanto un rasgo narcisista muy acusado.
Llevando la contraria al consenso general intentan equilibrar la asimetría de estudios (estatus) que en secreto envidian, es un mecanismo de defensa infantil.
Por eso es imposible que cambien de creencia, su identidad y su autoestima frágil narcisista depende de mantener ese delirio que internamente los hace sentir poderosos y únicos.
A El Hormiguero han ido cardiólogos, anestesistas, psiquiatras, oncólogos, cirujanos y enfermeras... y a ninguno le han preguntado sobre fútbol.
Qué cosas.
Hoy han desahuciado a mi madre.
Hoy he visto cómo la comisión judicial entraba en la casa donde crecí.
La casa a la que mi madre se mudó cuando se casó.
La casa donde aprendí a caminar.
Donde celebramos cumpleaños.
Donde discutimos y nos reconciliamos.
La casa donde mi padre pasó sus últimos días de vida.
Hoy un cerrajero ha cambiado la cerradura de esa puerta.
La misma que abrí miles de veces sin imaginar que algún día ya no sería nuestra.
Hay algo profundamente frío en cómo el sistema convierte una vida entera en un trámite.
Siempre hablamos de los desahucios como cifras.
Miles al año. Decenas cada día.
Pero cuando te toca, deja de ser estadística.
Tiene recuerdos en los cajones.
Tiene marcas en la pared donde medías tu altura.
Mi madre es viuda. Jubilada.
No tiene un certificado oficial de “exclusión social”.
No aparece en ningún titular.
No cumple quizá todos los requisitos burocráticos para que el sistema la considere vulnerable.
Y, sin embargo, lo es.
Está en ese limbo donde no eres lo suficientemente pobre para que te protejan,
pero sí lo suficientemente frágil como para quedarte sin nada.
Si a mí no me hubiera ido bien, hoy estaría sin un techo.
Con la pensión embargada.
Con todo embargado.
Después de una vida entera trabajando.
¿Cómo puede ser que en un país que presume de bienestar la vivienda no sea protegida como un derecho fundamental real y efectivo?
No hablo de regalar casas.
Hablo de impedir que una persona mayor, viuda y jubilada pueda quedarse literalmente en la calle.
Hablo de entender que el hogar no es un activo financiero más.
Es el lugar donde una vida ocurre.
Yo he podido comprarle otro piso.
He podido amortiguar el golpe.
Pero eso no convierte el sistema en justo.
Solo convierte mi historia en una excepción afortunada.
Porque la diferencia entre estar protegido y estar en la calle no debería depender de si tu hijo ha tenido éxito.
Debería depender de si somos una sociedad que entiende que hay mínimos que no se negocian.
Hoy no solo han cambiado una cerradura.
Han confirmado que el derecho a la vivienda sigue siendo papel mojado cuando deja de cuadrar en una hoja de cálculo.
Y mientras eso siga siendo así, seguiremos llamando “normal” a algo que, si lo miramos de frente, es profundamente inhumano.
Lamine Yamal tiene 42 millones de seguidores en instagram y una incidencia enorme en aún más millones de personas en todo el mundo.
Personas que quizá hoy han pasado de la indiferencia a la denuncia del genocidio en Gaza solo porque él ha ondeado una bandera de Palestina.
Guste más o guste menos.
Celebrémoslo.
Bien por él.
Y Pedri siguió hoy con su tradición más bonita en honor a su ídolo.
Cada vez que Pedri gana un título, se queda en la cancha con su padre para cobrarle un penal y luego abrazarse. El sueño del papá de Pedri era ser portero profesional y cuando apuntaba a debutar en tercera división, tuvo que dejar el fútbol para dedicarse al negocio familiar, tras la muerte de su padre.
Ese penal es un abrazo al sueño que no pudo ser, pero que ahora cumple su hijo. Fulbo❤️