—En verdad os digo: si no os convertís y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos.
Pues todo el que se humille como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos;
En aquella ocasión se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:
—¿Quién es pues el mayor en el Reino de los Cielos?
Entonces llamó a un niño, lo puso en medio de ellos
y dijo:
»Porque, ¿de qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida?, o ¿qué podrá dar el hombre a cambio de su vida?
Porque el Hijo del Hombre va a venir en la gloria de su Padre acompañado de sus ángeles, y entonces retribuirá a cada uno según su conducta.
Entonces les dijo Jesús a sus discípulos:
—Si alguno quiere venir detrás de mí, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz y que me siga.
Porque el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí, la encontrará.
Vinieron a verle su madre y sus hermanos, y no podían acercarse a él a causa de la muchedumbre.
Y le avisaron:
—Tu madre y tus hermanos están ahí fuera y quieren verte.
Él, en respuesta, les dijo:
—Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios y la cumplen.
Los fariseos, al ver esto, empezaron a decir a sus discípulos:
—¿Por qué vuestro maestro come con publicanos y pecadores?
Pero él lo oyó y dijo:
—No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos.
Id y aprended qué sentido tiene: Misericordia quiero y no sacrificio;
quiero dar a este último lo mismo que a ti.
¿No puedo yo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O es que vas a ver con malos ojos que yo sea bueno?»
Así los últimos serán primeros y los primeros últimos.
«A estos últimos que han trabajado sólo una hora los has hecho iguales a nosotros, que hemos soportado el peso del día y del calor».
Él le respondió a uno de ellos: «Amigo, no te hago ninguna injusticia; ¿acaso no conviniste conmigo en un denario?
Toma lo tuyo y vete;