El presidente Luis Abinader ha hecho del diálogo una de sus señas de identidad. Es una virtud poco frecuente en una región donde abundan los mandatarios que confunden gobernar con monologar. Lo preocupante es cuando el afán de conciliar termina borrando la diferencia entre la representación social y la simple notoriedad digital, y el diálogo muta en conciliábulo.
Abrir las puertas del Palacio a quienes medran en el espacio digital plantea una pregunta tan incómoda como inevitable. ¿Con qué criterio se les reconoce como interlocutores del Estado? Una cosa es aceptar que las redes sociales han transformado la comunicación política; otra, muy distinta, conferir legitimidad institucional a quienes han construido su audiencia sobre la vulgaridad o la provocación calculada.
No patrocino excluir voces. La democracia se fortalece precisamente escuchando a quienes discrepan. El problema aparece cuando el poder deja de distinguir entre el crítico y el pendenciero, entre quien aporta argumentos y quien solo acumula clics alimentando la degradación del debate público.
Las instituciones también comunican con sus gestos. Cada reunión presidencial envía un mensaje inequívoco: estas son voces que el Estado considera dignas de reconocimiento. Ese sello de respetabilidad tiene un valor político que ningún algoritmo puede medir.
La popularidad jamás ha sido un certificado de autoridad moral. Si así fuera, el griterío siempre derrotaría a la razón. Gobernar exige un criterio más exigente que el de las métricas de una plataforma digital.
Abinader haría bien en recordar que los interlocutores de un presidente no solo hablan con él; terminan hablando en nombre de una parte del país. Elegirlos mal supone otorgar prestigio inmerecido a quienes han hecho de la estridencia un negocio y de la confrontación un modelo de influencia.
Quien alimenta cuervos no debería sorprenderse cuando, al final, le saquen los ojos.
Dicen que Melymel, en árabe, significa mujer valiente. Una mujer que no conoce el miedo, que camina de frente cuando todos los demás bajamos la cabeza. Una mujer con un coraje que, sin exagerar, supera al de muchos de nosotros juntos.
Mientras la mayoría observamos desde las gradas, convertidos en espectadores de nuestra propia cobardía, ella baja al terreno de juego. Nosotros pensamos en hablar, pero basta con que alguien levante la voz para que aparezcan cientos de advertencias: "No te metas en eso." "Déjalo así." "No vas a lograr nada." "Te van a tumbar la cuenta."
Y entonces retrocedemos. Guardamos silencio. Nos convencemos de que callar es más cómodo que enfrentar.
Pero ella no.
Ella honra el significado de su nombre. Se planta frente al poder, desafía la corriente y dice lo que muchos pensamos, pero pocos nos atrevemos a pronunciar. No le teme al ruido, ni a las consecuencias, ni a quienes pretenden intimidarla.
Por eso mi admiración es absoluta.
Que Grande eres, “Radamés” (Así le digo de cariño). Porque más allá del nombre artístico, has demostrado que el verdadero valor no consiste en no tener miedo, sino en avanzar aun cuando el miedo existe. Y de esa clase de personas siempre harán falta más.
Que no se hable más del tema.
Gracias, Don Roberto. Como siempre, quedo a sus órdenes. Fue un verdadero honor representar a nuestro país bajo su liderazgo y siguiendo sus directrices.
Le profeso una profunda admiración y un inmenso respeto. Recuerdo que en una ocasión tuve la oportunidad de verlo debatir de tú a tú, en CNN, con la prestigiosa periodista Christiane Amanpour. La serenidad, la firmeza y la sabiduría con las que defendió los intereses de la República Dominicana me llenaron de orgullo. En ese momento pensé: "Qué gran Canciller tiene nuestro país."
Gracias por su confianza, por sus enseñanzas y por haberme permitido servir a la República Dominicana durante estos años. Ha sido un privilegio.
El ministro de Relaciones Exteriores, Roberto Álvarez, calificó este miércoles al cineasta y productor de televisión Alfonso Rodríguez como “un funcionario ejemplar”, al referirse a la decisión del también ex cónsul general de la República Dominicana en Los Ángeles de declinar la designación como embajador adscrito al Ministerio de Relaciones Exteriores (Mirex) para regresar de lleno al cine y la televisión.
Durante una entrevista concedida al programa El Gobierno de la Mañana, que se transmite por la emisora Z101.3 FM, el canciller destacó el desempeño de Rodríguez en el servicio exterior y aseguró que su salida no estuvo motivada por diferencias con la Cancillería, sino por una decisión estrictamente profesional.
Álvarez recordó que Alfonso Rodríguez permaneció más de cinco años y medio al frente del Consulado General de la República Dominicana en Los Ángeles, donde, afirmó, cumplió con una gestión destacada.
“Alfonso fue un funcionario ejemplar, cónsul en Los Ángeles, cumplió con sus funciones”, expresó el ministro al ser consultado sobre la decisión del cineasta de rechazar la nueva designación diplomática. :contentReference[oaicite:1]{index=1}
El canciller explicó que, como parte de la rotación habitual en el servicio exterior, el presidente Luis Abinader dispuso su relevo en el consulado y posteriormente le ofreció la posición de embajador adscrito al Mirex.
“Él consideró que, por su trabajo, su profesión y su dedicación, sería incompatible tener esa función y, por lo tanto, declinó solamente por ese motivo”,