Empuja por la espalda, tira al suelo y le rompe la nariz a un señora jubilada de 68 años que estaba manifestando pacíficamente por una educación pública de calidad para todos.
Ese policía no necesita un expediente, necesita una expulsión.
Él y los chulos del sindicato que le jalean.
Su amiga la invitó a una fiesta de cumpleaños en la que la invitación decía: “Se admiten mascotas”. Así que llevó a su perro, y la mascota estaba más emocionada que nadie.