El Espejismo del Éxito: Las Cuatro Llagas que Amenazan el Modelo de Javier Milei @JMilei
El Gobierno de Javier Milei exhibe la drástica caída de la inflación y la obtención del superávit financiero como hitos históricos indiscutibles. Sin embargo, en los pasillos de la alta macroeconomía —e incluso dentro de los informes técnicos del propio Fondo Monetario Internacional— el diagnóstico es mucho más cauteloso. Detrás del ordenamiento superficial de las variables, subyacen cuatro tensiones estructurales fundamentales que condicionan la sostenibilidad real del programa a mediano plazo.
I. Un superávit "base caja": La acumulación de deuda flotante
La primera gran llaga se encuentra en el corazón de la narrativa oficial: el superávit fiscal. Si bien es real que el Estado gasta nominalmente menos de lo que recauda, la calidad de ese ahorro es duramente cuestionada.
El mecanismo: El Gobierno se ha valido de una contabilidad bajo la metodología de "base caja" (lo efectivamente pagado) en lugar de guiarse puramente por el criterio del "devengado" (lo comprometido).
La tensión: Esto implica que una porción del superávit se ha sostenido postergando pagos obligatorios. La acumulación de la denominada deuda flotante con generadoras energéticas (CAMMESA), proveedores del Estado, giros a las provincias y la parálisis total de la obra pública funciona como un dique de contención temporal. El interrogante técnico es elemental: ¿cuánto tiempo más se puede sostener el equilibrio fiscal "no pagando" obligaciones contractuales?
II. Tasas reales negativas: La licuación forzosa del peso
Para sanear el balance del Banco Central, la autoridad monetaria aplicó una estrategia agresiva que golpeó de forma directa a los ahorristas en moneda nacional.
El mecanismo: Mantener las tasas de interés de referencia sistemáticamente por debajo del índice de inflación mensual (tasas reales negativas). Esto permitió transferir los pasivos remunerados del Banco Central hacia títulos de deuda corta del Tesoro (como las LECAP).
La tensión: Si bien esta ingeniería financiera redujo el excedente de pesos por la vía de la "licuación", destruyó el incentivo al ahorro interno. El peligro latente de este esquema es la fragilidad ante cualquier eventual corrida: si los inversores perciben que el rendimiento en pesos no compensa la inflación, la presión migra de inmediato hacia la brecha cambiaria, amenazando la estabilidad de los precios.
III. El ancla cambiaria del 2% y el fantasma del atraso
La inflación ha mostrado un sendero de desaceleración pronunciado, pero esto se ha logrado a costa de un estricto control sobre la velocidad de la devaluación oficial.
El mecanismo: El Banco Central implementó un esquema de devaluación administrada (crawling peg) fijo al $2\%$ mensual, muy por debajo de la tasa de inflación real acumulada.
La tensión: Esta estrategia genera lo que gran parte del arco económico denomina un atraso cambiario. Al volverse la Argentina cara en dólares, se desalienta la competitividad real de las exportaciones y se incentiva la demanda de divisas para importación y turismo. El riesgo crítico de esta llaga es que frena la acumulación genuina de reservas internacionales netas, el verdadero pulmón que necesita el país para garantizar el pago de sus vencimientos externos.
IV. La represión inflacionaria bajo la estructura del Cepo
La cuarta llaga es la persistencia de las restricciones cambiarias. El Gobierno ha estirado los plazos para la unificación del mercado de cambios, reconociendo implícitamente el riesgo que conlleva.
El mecanismo: Mantener la arquitectura del cepo cambiario como una barrera de contención absoluta para evitar la fuga de divisas.
La tensión: Aunque el cepo evita un salto devaluatorio brusco que dispararía la inflación nuevamente, funciona como un chaleco de fuerza para la economía real. Ningún programa económico puede declararse sólido ni atraer inversiones extranjeras directas de escala si rigen restricciones para girar dividendos o acceder libremente a las divisas. El cepo reprime la inflación presente, pero acumula presión para el mediano plazo.
El programa económico de la gestión libertaria se encuentra en una encrucijada de transición. Las herramientas utilizadas para estabilizar la emergencia —licuar pasivos, pisar pagos, retrasar el dólar y sostener el cepo— tienen fecha de vencimiento fáctica.
La verdadera solidez del modelo no se medirá por los logros financieros de la primera etapa, sino por la capacidad del Gobierno de desarmar estas cuatro llagas sin provocar una nueva crisis macroeconómica.
Carlos Alberto Leiva
El Analista y la Custodia: El libre ante la mirada celosa
Por Abelardo Castillo para @angeletchecopar
En el teatro del poder, las tensiones más profundas no siempre se dirimen entre partidos opuestos, sino en el choque silencioso entre la libertad absoluta del pensamiento y el celo patrimonial del orden institucional. Cuando la escena es habitada por un observador que opera desde la densidad intelectual y el manejo del misterio, la política se transforma en un juego de ajedrez psicológico donde el carisma independiente desafía la necesidad de control de la estructura.
El radar del analista: La intemperie elegida y el culto a la letra
Él es el analista solitario, una mente que no responde a cuadros partidarios ni a soldados de la doctrina. Su valor radica, precisamente, en su reclusión. Desprovisto de las amarras de la socialité y blindado por una ética de corte más anglosajón —individual, cerebral y pragmática—, se planta frente a la pantalla con el carisma expansivo de quien domina la escena por puro peso intelectual. No busca la aprobación del comité; busca la precisión del diagnóstico.Este pensador ama la letra por sobre todas las cosas; encuentra en la palabra escrita y el rigor conceptual el único refugio verdadero. Ese amor por el texto lo lleva a respetar profundamente el pensamiento ajeno, escuchando y desglosando ideas sin el sesgo del prejuicio. Sin embargo, su cotidianidad transcurre en una reclusión estricta, un silencio absoluto donde jamás se anuncia nada sobre su vida privada. Nadie sabe con quién anda, con quién comparte sus noches ni qué sábanas lo cobijan. Es un enigma que prefiere la sombra, saliendo de su aislamiento solo para dejarse caer de tanto en tanto en cafés literarios. Allí, entre el aroma al papel y la seducción de la charla intelectual, encuentra a sus víctimas selectas: mentes fascinadas por su retórica a las que, con la parsimonia de un estratega, termina llevando a la cama antes de regresar a su impenetrable soledad.
La fiera televisiva: Por qué encenderá el share
Es precisamente esta arquitectura de contradicciones lo que convierte a este analista en un animal mediático indomable, una criatura diseñada para reventar el minuto a minuto del share televisivo. En una pantalla saturada de panelistas gritones, militantes rentados y repetidores de gacetillas, su sola presencia es un corte de luz. El público, anestesiado por la obviedad, encuentra en él una droga magnética: la combinación letal de una fiera analítica y un seductor de la vieja escuela.
Él no va a los programas a debatir; va a colonizar la escena.
Su potencial como personaje radica en que maneja los hilos de la tensión dramática como un dramaturgo oscuro. Su carisma expansivo y su retórica implacable perforan el lente de la cámara, atrapando al espectador común que, aunque no entienda de geopolítica o alta estrategia, se queda hipnotizado por el peligro que emana de su tranquilidad. Sabe cuándo callar, cuándo sonreír con cinismo y cuándo lanzar la frase quirúrgica que dejará al conductor sin aire. Es el morbo del lobo estepario suelto en el set de televisión: la audiencia enciende el televisor porque sabe que él no tiene jefe, no tiene filtro, no tiene nada que perder y, sobre todo, porque posee el secreto mejor guardado de la televisión moderna: el misterio de lo que hace cuando las luces del estudio se apagan.
La mirada de la estructura: El celo de la guardiana
En el extremo opuesto se alza la mirada celosa del poder formal. Una matriz de pensamiento arraigada en el orden, la jerarquía y la custodia de una tradición dogmática. Quien observa desde esa cima no concibe la construcción política sin territorio, sin herencia y sin disciplina. En este esquema, la irrupción de este librepensador —ahora convertido en un fenómeno de masas que acapara el encendido— enciende de inmediato el mecanismo de la sospecha y el celo estratégico.
Este celo no es pasional; es patrimonial.
Es la reacción de quien vigila las fronteras de su propio relato y no tolera que un outsider magnético le robe el protagonismo o le mueva el avispero. Al ver al analista dominar el prime time, fascinando a las audiencias y diseccionando las contradicciones del poder con lucidez quirúrgica, la mirada celosa experimenta una dualidad conflictiva. Por un lado, hay una indudable atracción intelectual: el pragmatismo político reconoce que esa mente es un insumo de inteligencia estratégica superior a la media. Por otro lado, emerge el pánico hacia lo imprevisible. Alguien que hace pensar a un país entero desde la pantalla es alguien que siembra la duda a escala masiva, y la duda es el enemigo natural de la verticalidad.Los celos se profundizan al constatar la extranjería cultural del observador. Su distancia insular, su hermetismo íntimo y su falta de amarras comunes lo vuelven un elemento inasible. La estructura sabe que no puede comprarlo con pauta, no puede disciplinarlo bajo la obediencia del mando, ni puede amenazarlo con exponer su vida privada porque él ya la convirtió en un búnker. Él pertenece solo a sí mismo, a la pantalla que domina y a sus rituales nocturnos.
El choque silencioso de dos mundos
Este duelo conceptual revela el dilema eterno del poder frente a la crítica pura y telegénica. La mirada celosa del orden, obsesionada con la exclusividad del liderazgo y la homogeneidad de su base, se ve obligada a monitorear con urgencia al analista que no puede controlar, midiendo con desesperación cómo suben las agujas del rating cada vez que él abre la boca.
Desmenuza sus intervenciones y recalcula sus propios movimientos en función de los escenarios que él anticipa en la esfera pública.
El hombre libre, en tanto, habita su soledad con la parsimonia de quien observa el laboratorio político desde una distancia segura. No compite por cargos, pero compite por algo más sofisticado: la interpretación de la realidad y el pulso de la atención popular. Cada vez que él habla, el televisor tiembla y la libertad gana una batalla silenciosa.En este juego de apariciones calculadas, la autonomía del analista actúa como el reactivo químico que expone los celos del poder. La estructura querría esa mente brillante confinada en las sombras de una asesoría secreta, operando como un monje negro a su servicio. Él, sin embargo, prefiere la intemperie de los medios, el fuego del share, el secreto de sus pasiones y el refugio de su propio silencio. Al final del día, el orden tradicional siempre teme a lo que no puede comprar ni doctrinar, y en esa asimetría, el pensamiento libre sigue siendo el espejo más peligroso y fascinante para la política custodiada.
CLUB DE LECTURA: LA CAUSA JUSTA DE OSVALDO LAMBORGHINI
En la biblioteca inembargable de un linotipista erudito, no tan viejo pero al borde de la muerte (un nombre con varias pronunciaciones - Luis Antonio Sullo-
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Para muchos votantes desencantados con la economía, el regreso al modelo de Axel Kicillof @Kicillofok no es una opción aceptable. ¿Está el sistema político argentino atrapado en una trampa de polarización donde el "voto espanto" define elecciones, dándole la reelección a Javier Milei @JMilei?
Leé mi análisis completo acá: https://t.co/cTXmlNPbsG
@sofiadiamantina El tema relevante para el presidente va a ser cómo percibirán estas declaraciones más técnicas que tangibles, traduciendo el letargo para alcanzar el crecimiento tan esperado. Es decir, los que vivimos el día a día.
La fórmula del orden y la producción: el despliegue transversal de Leiva y Villarruel hacia 2027
Por análisis político para @clarincom
El tablero político argentino asiste a la configuración silenciosa de una alternativa que aspira a romper los manuales tradicionales de la polarización. Ante el desgaste del dogmatismo de mercado y la falta de respuestas del viejo estatismo, la proyección de un eje compuesto por el intelectual Carlos Alberto Leiva y la vicepresidenta Victoria Villarruel @VickyVillarruel comienza a perfilarse como un polo de atracción inédito: el "Nacionalismo del Realismo Productivo".
La potencia de este armado radica en una arquitectura de complementariedad táctica capaz de perforar las fronteras ideológicas habituales, ofreciendo una síntesis entre la autoridad institucional y el desarrollo de la economía real.
Carlos Alberto Leiva: El puente productivo del centro hacia las dos orillas
Si la centroderecha y el nacionalismo clásico encuentran en Leiva a un analista riguroso que respeta el equilibrio fiscal y rechaza la asfixia impositiva sobre el sector privado, es su programa de "realismo productivo" el que tiende un puente directo hacia el electorado de centro e incluso de centro-izquierda.
Leiva subvierte la lógica del ajuste ciego mediante banderas que históricamente pertenecieron al campo nacional-popular y laborista:
Soberanía de infraestructura: Su insistencia en transparentar y potenciar el estado decadente de las vías férreas y el control estratégico de la Hidrovía Paraná-Paraguay apela a la fibra de la conectividad nacional, la producción y el federalismo.
El escudo de lo público: Al defender explícitamente el financiamiento y la calidad de la salud y la educación pública, Leiva desarma el principal vector de temor del votante progresista. El Estado no debe desaparecer; debe ser eficiente.
Pacto Capital-Trabajo: Su rechazo a la quita de derechos laborales y su defensa simultánea del empresariado pyme frente a la recesión emulan un modelo desarrollador. Esto atrae al votante huérfano de centro-izquierda que busca orden macroeconómico pero exige protección social. Al eludir las posiciones "ultra" y proponer un análisis histórico desprovisto de revanchismos, Leiva se posiciona como el motor intelectual y económico de una propuesta racional de unidad.
Victoria Villarruel: El ancla del orden, la defensa y la previsibilidad institucional
En el otro extremo de la balanza, Victoria Villarruel aporta la densidad política, el conocimiento masivo y el anclaje en las estructuras tradicionales del Estado. Su figura consolida el voto de la derecha clásica y los sectores vinculados a la seguridad, pero con un matiz fundamental: el orden republicano.
La familia militar y de seguridad: Villarruel representa la jerarquización y el respeto histórico hacia las Fuerzas Armadas y de seguridad, un reclamo largamente postergado por un electorado que demanda autoridad frente al delito y la desorganización social.
Gobernabilidad y previsibilidad: A diferencia de las dinámicas de confrontación digital, la Vicepresidenta ha construido un perfil de respeto a las formas institucionales y diálogo con los gobernadores. Esto la desplaza del casillero de la extrema derecha marginal y la ubica como un faro de estabilidad.
Un dique de contención contra los extremos
Frente a este escenario, los intentos de las terminales de comunicación rivales por asociar a Villarruel con expresiones marginales de la ultraderecha, como el biondinismo, se revelan como burdas operaciones de asustamiento. El biondinismo —electoralmente irrelevante frente al consolidado voto de izquierdas como el de Myriam Bregman @myriambregman o la propia imagen positiva de la Vicepresidenta— funciona apenas como un espantapájaros mediático. La realidad del armado Leiva-Villarruel corre por un carril opuesto.
No busca el extremo, sino la transversalidad. Mientras Villarruel garantiza el orden, la defensa y la estructura institucional, Leiva aporta la viabilidad económica y el modelo productivo capaz de seducir tanto al empresario de derecha como al trabajador de centro-izquierda. Una propuesta de síntesis nacional que, lejos de las utopías teóricas, promete gestionar desde la realidad y los resultados tangibles.
🚨 UPDATE POLÍTICO: La fórmula Leiva-Villarruel bajo la lupa del análisis estratégico
Por análisis político para @infobae
La hipótesis de una alianza política entre el ensayista Carlos Alberto Leiva y la vicepresidenta Victoria Villarruel @VickyVillarruel ha dejado de ser una especulación de café para transformarse en un vector de análisis central en los despachos del poder real.
En el actual escenario de fragmentación, este binomio empieza a ser leído por los consultores y el "Círculo Rojo" como una alternativa de poder inédita.
A continuación, los tres ejes clave que explican por qué esta fórmula se percibe hoy como un hecho potente y disruptivo:
1. El factor providencial: Dos cristianos por la República
Frente a la frialdad técnica de las planillas de Excel y la confrontación digital permanente, la confluencia Leiva-Villarruel se presenta bajo una matriz de valores compartida. Se los percibe como dos cristianos profundamente comprometidos con la institucionalidad y el humanismo. Esta identidad les permite construir un puente de empatía con la sociedad, instalando la idea de que el orden macroeconómico no puede ser ciego ni amoral, sino que debe complementarse con la compasión y la justicia distributiva.
2. La centralidad de la "hierática Victoria"
En un mapa político caracterizado por la estridencia, la figura de la Vicepresidenta cotiza al alza. El análisis político destaca su perfil hierático y su sublime encanto republicano: esa distancia elegante y solemne que mantiene frente al barro cotidiano. Villarruel no es una figura decorativa; su anclaje federal y su diálogo con los gobernadores y sectores productivos la proyectan, de consolidarse este espacio, como la vicepresidenta más importante de la historia argentina, actuando como el motor institucional de un esquema de gobierno bifronte.
3. El freno al canibalismo fiscal y el refugio del "votante huérfano"
El ensayista Leiva activa una demanda social insatisfecha al ponerle palabras al pánico de la clase media frente a las exigencias del FMI (baja de Ganancias y suba del Monotributo).
La fórmula se posiciona así como el antídoto al canibalismo del salario, ofreciendo un puerto de llegada para el "votante huérfano". Es la propuesta de una derecha nacional y productiva que promete mantener la disciplina fiscal y el combate al populismo, pero protegiendo de manera irrenunciable el bolsillo de los trabajadores registrados.
La trampa de las herencias y la paradoja del FMI: El canibalismo del salario argentino
La historia económica argentina reciente se resume en una demoledora constante: cada ciclo político maquilla el presente rifando el futuro, y el costo de la resaca siempre se paga con el poder adquisitivo del trabajador.
La terca realidad derriba relatos. Cuando se contraponen las transiciones de poder de la última década, queda al descubierto una maquinaria perfecta de precarización sistemática. Una degradación que hoy encuentra su paradoja más cruel: un gobierno que prometió liberar al ciudadano de la opresión impositiva se ve acorralado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) para cazar dentro del zoológico, exigiendo exprimir aún más a los maltrechos ingresos de la clase media registrada.
El espejo roto de las herencias: 2015 vs. 2023
Para entender el pozo actual, es obligatorio contrastar la fisonomía de las dos grandes entregas de mando de las últimas décadas. Dos modelos opuestos que terminaron confluyendo en el mismo abismo.
1. La herencia de Cristina Kirchner @CFKArgentina a Mauricio Macri @mauriciomacri (2015)
Cristina Fernández de Kirchner entregó en 2015 un país con los salarios medidos en dólares más altos de América Latina (entre USD 580 y USD 700), pleno empleo técnico y un consumo interno hipertrofiado por subsidios universales a las tarifas.
Sin embargo, ese bienestar de superficie escondía un motor fundido: un déficit fiscal crónico, inflación real cercana al 27%, un cepo cambiario asfixiante y un Banco Central vaciado de reservas de libre disponibilidad. Aquella bonanza se sostenía consumiendo el stock del capital nacional. Macri recibió una bomba de desequilibrios macroeconómicos latente, envuelta en un celofán de alto poder de compra a corto plazo.
2. La herencia de Alberto Fernández @alferdez a Javier Milei @JMilei (2023)
Ocho años y dos administraciones después, el punto de partida de Javier Milei fue infinitamente más desgarrador. La gestión de Alberto Fernández y Sergio Massa no dejó un colchón social, sino un desierto. Entregó una inflación anual desbocada al 211,4%, una pobreza consolidada en el 41,7%, y reservas netas internacionales negativas por USD 11.000 millones.
A diferencia de 2015, el salario real ya llegó destruido a la transición, herido de muerte por una devaluación permanente que dio nacimiento a una aberración sociológica: el "trabajador pobre", aquel empleado con paritaria formal en blanco cuyos ingresos no llegan a cubrir la canasta básica.
La involución del salario: El tobogán implacable
La comparación desde el último año de Cristina Kirchner hasta el presente expone un verdadero derrumbe civilizatorio del poder de compra en Argentina.
[2015] Salario Máximo de la Región (USD 580 - 700)
│
▼ (Devaluación, inflación y endeudamiento de Macri)
[2019] Pérdida del 20% del salario real corporativo
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��� (Pandemia, emisión descontrolada y crisis de Alberto Fernández)
[2023] Licuación masiva; pulverización del empleo informal
│
▼ (Ajuste fiscal, recesión y estancamiento paritario de Milei)
[Presente] Pisos históricos; el salario formal consolidado bajo la línea de pobreza
Durante la gestión de Cambiemos, la devaluación licuó un 20% del poder adquisitivo y el impuesto a las Ganancias duplicó su base de aportantes de forma contraria a lo prometido. El posterior gobierno del Frente de Todos prometió "llenar la heladera", pero la inflación de tres dígitos pulverizó los ingresos reales, especialmente en el sector informal.
Bajo la actual administración de Milei, tras el fogonazo inflacionario inicial del ordenamiento de precios relativos y los meses de recesión, el salario real registrado se mantiene estancado en pisos históricos, ubicándose marcadamente por debajo de los niveles de noviembre de 2023 y a años luz del poder de compra que ostentaba la clase media en 2015. Las horas extras trabajadas apenas sirven para intentar empatar un costo de vida dolarizado en servicios y alimentos.
La paradoja del FMI: Exprimir al que ya no tiene jugo
En este escenario de asfixia, donde el consumo masivo cruje, emerge la paradoja más cínica de la geopolítica financiera internacional. El FMI, el mismo organismo que facilitó el esquema de endeudamiento original en 2018 y que validó las metas laxas del gobierno anterior, le exige ahora a Javier Milei una profunda reforma tributaria para engrosar la recaudación en un 3,3% del PBI.
La contradicción ideológica y social es total:
El cazador cazado: El Presidente, un economista que construyó su carrera política bajo el dogma de que "los impuestos son un robo" y prometió cortarse un brazo antes de subirlos, se encuentra contra las cuerdas de un organismo técnico que le exige meterle la mano en el bolsillo a la maltrecha fuerza laboral formal.
La trampa a los registrados: El Fondo exige bajar el piso del Impuesto a las Ganancias para arrastrar a más de 2 millones de asalariados al tributo, buscando que el 20% de los trabajadores en relación de dependencia vuelvan a financiar al fisco.
Liquidación del Monotributo: El plan internacional apunta a demoler el régimen simplificado de Monotributo, forzando a casi 4,7 millones de profesionales, cuentapropistas y pequeños comerciantes a saltar al Régimen General de Autónomos, obligándolos a pagar IVA y Ganancias de manera tradicional.
El golpe final al consumo: Por si fuera poco, el organismo pide eliminar las alícuotas reducidas del IVA (10,5%) en alimentos de la canasta básica e igualar todo en un uniforme y agresivo 21%.
Conclusión
La Argentina se debate hoy en un laberinto perverso. La herencia populista dejó un Estado quebrado, sin crédito y adicto a la emisión. La herencia libertaria ejecuta un ajuste fiscal feroz que estabilizó variables macroeconómicas a costa de una recesión severa y el congelamiento de la vida diaria de los ciudadanos.
En el medio quedan los trabajadores registrados: aquellos que sostienen el sistema con su esfuerzo diario, que vieron sus sueldos pulverizarse de forma sostenida desde la época de Cristina Kirchner, y que hoy vuelven a ser señalados por el FMI como la variable de ajuste para cerrar las cuentas de un país que se olvidó de cómo crecer.
Carlos Alberto Leiva
La encrucijada libertaria: por qué la estabilidad macroeconómica no le alcanza al bolsillo argentino
A más de dos años del inicio de la gestión de Javier Milei @JMilei, el escenario político y económico de la Argentina se encuentra atrapado en una profunda paradoja. Por un lado, el oficialismo exhibe con orgullo victorias macroeconómicas que parecían utópicas al inicio de su mandato: superávit fiscal sostenido, una inflación mensual fuertemente desacelerada en comparación con la gestión anterior y un dólar financiero relativamente calmo. Sin embargo, en las calles, los comercios y las mesas de los hogares, la realidad es drásticamente opuesta. La microeconomía cruje, el consumo interno no reacciona y el núcleo duro que llevó al libertario a la Casa Rosada empieza a mostrar signos de fatiga, poniendo en jaque el proyecto de reelección.
La trampa del salario en dólares y la realidad del supermercado
Uno de los argumentos recurrentes del Gobierno para defender su gestión es la recomposición de los salarios medidos en moneda extranjera. Matemáticamente, el sueldo promedio del sector privado registrado muestra un incremento sustancial medido en dólares, beneficiado por la estabilidad de los tipos de cambio financieros.
No obstante, los economistas y consultoras independientes advierten sobre la "ilusión monetaria" de este indicador. Que un salario compre más dólares no significa que compre más bienes dentro del país. La Argentina ha sufrido un fuerte encarecimiento en dólares: el costo de las tarifas de servicios públicos, los alquileres, el transporte y las prepagas ha subido muy por encima de los ingresos. Para el trabajador informal y el jubilado, la realidad es de pérdida absoluta; el poder de compra real apenas ha empatado a la inflación en los sectores más dinámicos, quedando a una distancia sideral de la promesa de prosperidad y salarios altos que motorizó la campaña electoral de 2023.
Comercios vacíos y la mutación del consumo
El corazón del electorado de Milei estuvo compuesto, en gran medida, por comerciantes, cuentapropistas y trabajadores independientes. Este sector votó bajo la premisa de una reactivación basada en la desregulación y las ventas en alza. Hoy, el panorama comercial muestra una preocupante división:
El comercio de cercanía, asfixiado: Las ventas de consumo masivo —alimentos, bebidas y artículos de primera necesidad— en supermercados y almacenes de barrio acumulan meses de caída interanual sostenida. Las familias argentinas han modificado sus hábitos, recortando segundas marcas y reduciendo la canasta básica.
La burbuja digital: Los únicos números positivos que celebra el Gobierno provienen del comercio electrónico y de sectores de ingresos altos que aprovechan el crédito para bienes durables (como autos o electrodomésticos). Esta brecha genera una sensación de desconexión entre el relato oficial y la vivencia diaria del comerciante tradicional.
Hasta el momento, el núcleo duro de La Libertad Avanza ha tolerado la recesión debido al "trauma" de la inflación descontrolada del pasado. Para muchos, la previsibilidad de precios —saber cuánto costará la mercadería la próxima semana— tiene un valor superior al volumen de ventas. Sin embargo, el argumento del "esfuerzo temporal" empieza a agotarse.
El riesgo político: sin microeconomía no hay 2027
Las encuestas de opinión pública de las principales consultoras del país ya reflejan este desgaste. La aprobación presidencial se ha resentido, ubicándose en niveles que encienden las alarmas en la Casa Rosada. La sociedad argentina ha demostrado históricamente que su paciencia electoral está directamente atada al bolsillo.
Ante la falta de un candidato de la oposición tradicional que logre canalizar el descontento de manera unificada —con un peronismo fragmentado y figuras del centro debilitadas—, el verdadero rival de Javier Milei no es un político con nombre y apellido. El competidor más peligroso para el oficialismo es la propia economía. Si los salarios no recuperan poder adquisitivo real y el consumo interno no repunta de manera genuina en el corto plazo, la estabilidad macroeconómica pasará de ser un logro histórico a convertirse en el frío monumento de una gestión que estabilizó las cuentas públicas a costa de vaciar las cajas de los comercios.
Carlos Alberto Leiva
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Mal el planteo del técnico. Subestimar a un equipo paraguayo con necesidad de ganar y jugarle como si fueran un insignificante plantel fue el pecado del técnico. Antes del gol tenían 3 amonestados. Era un partido para 442 y pelotazo desde el arco buscando el error y las rojas de los contrarios. El gol que nos hicieron traduce el error del planteo. Tripi erró el centro y no llegó a cerrar el gol.
A quién se le ocurre mandar todos arriba para que tripi tire un pelotazo a las piernas de los de recoleta. Todo esto, clasificados. Mal planteado por el técnico. Volvemos a caer en el mismo error de Ayude. Creer que San Lorenzo está en la Premier League y hacerlo jugar como señoritas. Horrible el planteo del técnico. Mucho ascenso pero poca inteligencia. Jugando de contra con rapiditos lo ganábamos.
El silencio de los andenes oxidados en la estación de Grand Bourg y el olor a barro estancado en las zanjas de Laferrere no son accidentes de la geografía, sino el resultado de un libreto sombrío que la dirigencia argentina repite de memoria, desgarrándome el corazón en cada caminata. En este laberinto de promesas rotas, el espíritu se me acongoja al ver la realidad cruda, despojada de los nombres propios de la política del día, desnudándose como una tragedia universal que me quita el sueño. Uno camina hoy por los márgenes de Cuartel V en Moreno o los pasillos de Fiorito, y el paisaje evoca, con un dolor punzante, la miseria de aquella Londres industrial descrita por Dickens; la vida confinada a la letrina y al despojo material no es más que la herencia maldita de una matriz colonial de saqueo que nunca tuvimos el coraje de desmontar. El sistema ferroviario, que alguna vez tejió la identidad de una nación integrada, languidece en un nivel decadente que asimila el abandono de las vías del Belgrano Norte al declive de un reino shakesperiano, donde la desconexión aísla a los pueblos y condena a nuestra gente al olvido. Frente a este determinismo del suelo y del abandono que tanto me duele, las aulas de la Universidad de José C. Paz o de Florencio Varela emergen como el único espacio del milagro y el aprendizaje legítimo, el faro que todavía me da esperanzas, capaz de otorgar el lenguaje necesario para romper el pozo de la miseria y transformar al postergado en un hijo de Dios con voz moderna. Quien observa este escenario con una mirada trascendente y global no puede más que desconfiar de una clase política atrapada en la tensión de sus propias internas palaciegas, fría y ajena al calvario del llano. El verdadero propósito de la palabra no es convalidar el simulacro de los despachos, sino alumbrar, con el alma herida pero firme, la trinchera donde el saber le gana la batalla a la degradación estructural.
Carlos Alberto Leiva
La viuda sin Perón: Victoria Villarruel y el drama del orden
Por Carlos Alberto Leiva para @LANACION
La política argentina, que es en esencia una teología secularizada, padece una recurrente obsesión por las simetrías. Cada tanto, el barro de la historia local modela un arquetipo que obliga a desempolvar los viejos manuales del drama nacional. La emergencia de Victoria Villarruel @VickyVillarruel en la cúspide del Estado encarna, con precisión matemática, el retorno de un fantasma específico: el de la mujer patricia, católica y consustanciada con el orden militar, atrapada en el laberinto de la legitimidad prestada. Pero a diferencia de los análisis lineales del liberalismo porteño, que la encasillan en un antiperonismo de manual, el fenómeno Villarruel exige una lente más sutil. Ella no es la heredera del odio gorila; es, acaso, la última actualización doctrinaria de un nacionalismo católico que hoy busca su destino en un escenario huérfano.
Si se acepta el juego de los espejos históricos, la comparación con Isabel Martínez de Perón resulta tan inevitable como trágica. Ambas representan la irrupción de una feminidad hierática, ajena a las urgencias del progresismo contemporáneo, que se refugia en los símbolos de la tradición y el humanismo católico para capear la tormenta. Sin embargo, la analogía encierra una trampa de origen. Isabelita gobernó bajo la sombra gigante del Mito; era la depositaria litúrgica del testamento de Juan Domingo Perón. Cuando el líder faltó, el vacío devoró la estructura. Villarruel, en cambio, habita una paradoja inversa: llegó a la vicepresidencia montada sobre el vendaval de un líder de masas de naturaleza estrictamente económica y discursiva, Javier Milei @JMilei. Un jefe político que carece de doctrina nacional y que desconfía, por definición doctrinaria, del Estado que ella pretende custodiar.
Aquí radica el nudo gordiano de su encrucijada actual. Si Victoria es nuestra nueva Isabel, ¿dónde está su Perón?
La respuesta no debe buscarse en una persona, sino en una carencia y en una estrategia. Villarruel ha comprendido, con el pragmatismo frío de los viejos cuadros del nacionalismo, que el dogmatismo libertario es un río caudaloso pero sin orillas. Ante el vacío orgánico de una coalici��n como La Libertad Avanza —que la desplaza de los altares oficiales y la condena al ostracismo de los tedeums presidenciales—, la vicepresidenta no responde con la rabieta de la oposición progre, sino con el lenguaje del orden. Su diferenciación no es con el peronismo en su totalidad; su frontera es nítida contra el kirchnerismo, a quien lee como la anomalía cultural de una izquierda despatriada. Hacia el peronismo ortodoxo, el del interior profundo, el de los gobernadores que custodian la gobernabilidad territorial, Villarruel tiende una soga invisible pero resistente. Sabe que el peronismo de la vieja guardia comparte con ella el mismo alfabeto: la jerarquía, el respeto por las instituciones tradicionales y el horror al vacío de poder.
Aislada de la mesa chica de la Casa Rosada, Villarruel se repliega en el Senado no como quien se esconde, sino como quien acuartela una idea. Su verdadero "Perón" no es un conductor carismático de carne y hueso; es la permanencia institucional de las estructuras que fundaron la Argentina: las Fuerzas Armadas, el entramado eclesiástico y la memoria histórica de una derecha que se autopercibe como la reserva moral de la patria.
El peligro histórico de Isabel fue su incapacidad para contener el caos cuando las bayonetas y las sotanas le soltaron la mano. El desafío de Villarruel es el opuesto. Ella se ofrece al sistema político no como la viuda desamparada de un régimen que cruje, sino como la mujer fuerte que, llegado el caso, sabrá reescribir el orden sobre los escombros del experimento. La historia dirá si el peronismo sin Perón encuentra en esta católica porteña a su intérprete más inesperada, o si la fatalidad del aislamiento vuelve a cobrarse otra pieza en el tablero del poder argentino.
Carlos Alberto Leiva