La verdadera grandeza de un hombre se mide por el poder de las emociones que él domina, y no por las que le dominan a él.
White, Elena G. de. 2008. Patriarcas y profetas 612
Es frecuente que la época de inactividad que sigue a una gran lucha entrañe más riesgos que el propio período de conflicto
White, Elena G. de. 2008. Patriarcas y profetas. 598
El éxito no depende del número. Dios puede libertar por medio de pocos como de muchos. No le honra tanto el gran número como el carácter de quienes le sirven.
PP 693
Los hábitos sencillos de los hebreos los habían dotado de buena salud física; pero sus relaciones con los paganos los indujeron a dar rienda suelta al apetito y las pasiones, lo cual redujo gradualmente su fuerza física y debilitó sus facultades mentales y morales. PP 587
Sufrimos una pérdida si hacemos caso omiso del privilegio de reunirnos para fortalecernos y alentarnos los unos a los otros en el servicio de Dios.
PP583
Nadie necesitaba temer que su generosidad lo redujera a la miseria. La obediencia a los mandamientos de Dios daría ciertamente por resultado la prosperidad. Se le dijo a Israel: “Prestarás entonces a muchas naciones, mas tú no tomarás prestado
Dios ha hecho a los hombres administradores suyos. Las propiedades que él puso en sus manos son los medios provistos por él para la difusión del evangelio.
White, Elena G. de. 2008. Patriarcas y profetas.
El evangelio no ha de ser presentado como una teoría sin vida, sino como una fuerza viva para cambiar la vida
White, Elena G. de. 2010. El Deseado de todas las gentes
Dios habla a su pueblo mediante las bendiciones otorgadas; y cuando éstas no son apreciadas, le habla por las bendiciones suprimidas, para inducirlo a ver sus pecados y volverse hacia él de todo corazón.
White, Elena G. Patriarcas y profetas 503
«Ninguna otra influencia que pueda rodear al alma humana ejerce tanto poder sobre ella como la de una vida abnegada. El argumento más poderoso en favor del evangelio es un cristiano amante y amable» (Elena G. de White, El ministerio de curación, p. 338).
Cuando uno ve claramente su deber, no procura ir presuntuosamente a Dios para rogarle que le dispense de cumplirlo. Más bien debería ir con espíritu humilde y sumiso, y pedir fortaleza divina y sabiduría para hacer lo que se exige
Aunque muchos millones de los que necesitan curación rechazarán la misericordia que les ofrece, a ninguno que confía en sus méritos se lo dejará perecer.
Jamás puede deshacerse una mala acción. Puede suceder que el trabajo de toda una vida no recobre lo que se perdió en un solo momento de tentación o aun de negligencia. PP452
No existe poder en la tierra o el infierno capaz de obligar a alguien a hacer el mal. Satanás nos ataca en nuestros puntos débiles, pero no necesitamos ser vencidos. Por severo o inesperado que sea el asalto, Dios ha provisto ayuda para nosotros, y en su fortaleza podemos vencer