"Soy un idiota, pero también soy un príncipe. He visto el mundo y su gente, y he visto que todos son idiotas. Son egoístas, codiciosos y crueles. Se dejan llevar por sus pasiones y deseos, y no tienen consideración por los demás. Soy un idiota porque soy diferente a ellos. Veo el mundo con compasión y comprensión, y creo en la bondad de las personas. Pero mi bondad se confunde con debilidad, y mi compasión se ve como una tontería. Soy un idiota porque estoy solo en un mundo de tontos".
"El idiota", Fiódor Dostoyevski
Si su hijo se convierte en lector, aproximadamente el 80% de la tarea educativa ya está hecha. Esa es mi evaluación honesta después de trabajar en educación durante más de treinta años. Todo lo demás es secundario. La mayoría de los padres creen que la educación científica es importante. Sí, lo es. Pero si no sabes leer el libro de texto de biología, no vas a aprender biología.
La lectura es la metahabilidad que habilita todas las demás habilidades. La historia requiere lectura. La ciencia requiere lectura. Incluso las matemáticas requieren cada vez más lectura a medida que se vuelven más sofisticadas. El niño que lee con voracidad comprenderá todo lo demás. El niño que no lo hace tendrá dificultades con todo.
Ernest Hemingway escribió una vez: "La lección más difícil que he tenido que aprender como adulto es la incesante necesidad de seguir adelante, sin importar lo destrozado que me sienta por dentro".
Dijo una vez Fernando Savater: “El secreto de la felicidad está en tener gustos sencillos y una mente compleja; lo difícil es no invertir la fórmula y acabar con una mente simple y deseos complicados. Después de tantos años pensando en la ética, he llegado a creer que todo se resume en tres virtudes: coraje para vivir, generosidad para convivir y prudencia para sobrevivir”. @elespanolcom@Savater_
Los #salarios nunca suben por ley; suben cuando la #productividad tira de ellos hacia arriba. Y esa palanca no se activa con discursos, sino con reformas valientes, inversión estratégica y una apuesta clara por el talento.
https://t.co/wHxASrl1aj
Hobsbawm y el mundo moderno
Descarga libre de La era de la revolución: https://t.co/AAaP3pQcxL
Descarga de La era del capital: https://t.co/vA0jlk8x03
Descarga de La era del imperio: https://t.co/RegVY6B1Wx
Descarga de Historia del siglo XX: https://t.co/8L0dqpCwSf
La tragedia de Gustavo Petro
Columna publicada en el diario ABC de España
Por: Carlos Granés
Lo desgarrador es su nula capacidad para gestionar lo real y concreto; y lo trágico, su capacidad para endosar a sus rivales políticos los fracasos de una agenda que se nutre de la mentira, el engaño, el fraude y la corrupción. Hablo del actual presidente de Colombia, el progresista, guerrillero reinsertado del M-19, ex congresista de la izquierda radical y ex alcalde de Bogotá, la ciudad capital de Colombia: Gustavo Francisco Petro Urrego.
Quienes tienen el hechizo del poder en América Latina no suelen ser políticos al uso, sino personajes desmedidos, con alma de visionarios o redentores, de mesías salvíficos más que de estadistas tradicionales. Prueba de esto es que basta con pasar revista a los mandatarios actuales, como Maduro, Boric o Petro: ninguno de ellos llegó a la presidencia de su país para gobernarlo, sino para “salvarlo”.
Estos líderes populistas, tocados por la “providencia”, el fraude, la corrupción, la avaricia o la imposición tiránica de sus convicciones, se impusieron la misión de refundar sus países y convertir su paso por la jefatura del Estado en un hito, un parteaguas en la historia. Pero, entre todos estos presidentes, el caso más fascinante es el de Gustavo Petro.
Él tiene una imagen más sobredimensionada de sí mismo que ninguno; tanto, que Colombia le queda chica y, en consecuencia, ha querido convertirse en un líder mundial: tutelar la causa contra el cambio climático en todo el planeta y ser el componedor pacifista que logrará que los conflictos de Asia, África, Europa y América se extingan acogiendo sus propuestas de cambios en la legislación que controla al mundo. Así, no solo intenta redimir a Colombia de 200 años de malos gobiernos, sino salvar a la humanidad entera de su inminente extinción.
Nadie como él está tan persuadido de su propia bondad, de su hermosura moral y de la urgencia de sus propósitos.
Quiere cambiar el sistema económico mundial para que el capitalismo no devore el planeta. Quiere la paz para Colombia y el mundo, y no una “paz neoliberal” como la que firmó Santos con las FARC, sino una “paz total” que apacigüe de una vez y para siempre todos los focos de violencia en Ucrania, Palestina y el cosmos entero; así lo expresó en un discurso ante la ONU.
La humanidad, después de oír sus palabras, debería saber que su misión es “expandir el virus de la vida por las estrellas del universo”.
Lo desgarrador en el caso de Petro es que la misión histórica que cree tener contrasta con su nula capacidad para gestionar lo real y concreto. Mientras se eleva a otear desde el cosmos los males de la humanidad, su propio hijo se enriquece con dineros del narcotráfico, su hermano hace pactos en los presidios con el hampa y su esposa deambula de parranda por el mundo con un séquito de masajistas, maquilladores y estilistas que le ha costado al Estado colombiano más de 2 millones de dólares.
Él mismo se destaca por incumplir citas de primer nivel con la excusa de que el presidente no madruga, que su agenda es privada o que siempre se le presenta algo más urgente que le demora o impide cumplir. Todo indica que ha encargado a Xavier Vendrell, el promotor del Tsunami Democratic, que repita su infame gesta acosando a los magistrados de la Corte Suprema en Bogotá.
Pequeñez, mediocridad y violencia son las virtudes de Gustavo Francisco Petro Urrego, que contrastan con una verborrea seráfica y una evidente debilidad por evadirse de la realidad gracias a sus cafés mañaneros o a esa gastritis que heredó de su señora madre.
La distancia abismal entre sus ideales y sus logros, entre la imagen que tiene de sí mismo y sus capacidades reales, convierte a Gustavo Petro en un personaje trágico, condenado al autoengaño y al victimismo, que achaca su inevitable fracaso no a su ineptitud, sino al complot de los “malos” que no le dejan gobernar, que le dan golpes blandos o, peor aún, que atentan contra su vida.
Sigue
In this week’s issue: How to think about 12 of the most mind-bending concepts in science.
Grab a copy in shops now or download our app for digital editions.
https://t.co/LryzxrPCSN