Central Liberty 🇳🇮
Nicaraguan political scientist fighting for freedom, democracy & human rights in Central America. Ideas that liberate. Voices that resist.
Milton Friedman on why government subsidies for colleges are a total scam:
“We impose taxes on everybody, including those who don’t go to college, in order to subsidize people who do go to college.”
“There’s no social program which is so clearly a case of imposing taxes on low income groups to benefit high income groups as government subsidy to higher education.”
Considero extremadamente peligroso y bochornoso que un Presidente, jefe de Estado de una nación centenaria, no entienda la palabra democracia; o la desfigure para hacerla encajar en su discurso completamente desacertado.
¿Qué tiene que ver la democracia con decisiones de guerra de un Estado? Al menos en Estados Unidos, sin querer defender al gobierno, pero si a las instituciones, puedo decir que si hay balances y contrapesos; pero, en Nicaragua no existe ni democracia y mucho menos balances y contrapesos. ¿Acaso hizo él un ejercicio democrático cuando ordenó represiones que resultaron en la muerte de cientos de ciudadanos?
Sin duda, un comentario completamente ingenuo e ignorante.
Don Jesús,
Usted ataca personalmente a las personas, lo que demuestra que no tiene argumentos.
Deje de vivir en lo que ya fue condonado y procure construir un país mejor. Siga las leyes, demande estado de derecho, sea un buena ciudadano, edúquese, no vea la historia con parcialidad, exija a sus gobernantes, revise las políticas pública y sea activista por otras mejores.
No sea mediocre pensando que un gobierno es bueno por construir carreteras y ya. Vaya más allá y recuerde que las instituciones públicas tienen un propósito y en Nicaragua ese propósito está invalidado por una doctrina familiar que sirve sus propios intereses y los de usted.
Reflexione y piense si un país autocrático es lo que quiere para sus hijos y nietos. O a cualquier persona que quiera.
Buen día.
¿Cuánto cuesta el socialismo en términos de crecimiento?
En este paper los autores analizan 22 países en desarrollo que adoptaron economías planificadas entre 1950 y 2020. Resultado: una caída de 2-2,5 pp anuales en el crecimiento del PIB per cápita respecto a países comparables. El efecto es similar en productividad laboral y se mantiene estable a lo largo del período socialista.
Además, los tests de placebo y diff-in-diff en dos etapas sugieren que el efecto es causal. No opera vía inversión o gasto público, sino por productividad total de los factores.
En un país en desarrollo típico, eso implica un empobrecimiento neto cada año bajo el socialismo.
El dinero es un bien económico.
Es una mercancía que adquirió su función monetaria porque ciertos individuos descubrieron que intercambiar indirectamente (aceptando un bien más comercializable que el propio para luego canjearlo por el bien deseado) era más eficiente que buscar una coincidencia directa de necesidades.
Esa es la única génesis posible del dinero, la acción individual dentro del intercambio de mercado.
El teorema regresivo cierra una brecha lógica que toda la tradición económica anterior dejó abierta.
Si el valor del dinero depende de su poder adquisitivo, y su poder adquisitivo depende de que la gente lo acepte esperando que otros lo acepten, el razonamiento parece circular.
La regresión resuelve esto demostrando que la cadena de expectativas no es infinita: se remonta necesariamente a un punto en que la mercancía monetaria tenía valor de uso directo, no monetario.
El oro no empezó siendo dinero. Empezó siendo un bien valorado por sus propiedades físicas, y precisamente por eso fue seleccionado gradualmente como medio de intercambio.
Esto es una deducción lógica a partir de la teoría del valor subjetivo aplicada al origen del intercambio indirecto.
Cualquier dinero cuyo origen no pueda rastrearse a una mercancía valorada previamente por su uso directo no emergió del mercado. Fue impuesto.
Acá aparece una de las confusiones más persistentes en teoría monetaria, la idea de que la oferta de dinero necesita crecer con la economía.
Es una herencia del pensamiento mecanicista (la ecuación de intercambio de Fisher y sus derivados) que trata al dinero como una variable agregada cuya cantidad debe calibrarse contra otra variable agregada, la producción.
Pero el dinero no funciona así.
Un aumento en la cantidad de dinero no añade nada a la riqueza real de la sociedad.
Lo único que cambia es la relación entre unidades monetarias y bienes disponibles, es decir, los precios.
Si mañana se duplica la oferta monetaria sin que cambien las preferencias ni la producción, los precios eventualmente se duplican y la capacidad adquisitiva de cada unidad se reduce a la mitad.
No se creó nada. Se diluyó lo existente.
Lo que sí cambia (y esto es lo que los monetaristas se niegan a ver) es la distribución.
El dinero nuevo no entra en la economía de forma simultánea ni uniforme. Entra por un punto específico: el sistema bancario, el gobierno, los sectores con acceso privilegiado al crédito.
Quienes lo reciben primero gastan a precios que todavía no reflejan la expansión; quienes lo reciben últimos (asalariados, ahorristas, jubilados) enfrentan precios que ya subieron.
La tasa de interés es otro punto donde la teoría convencional se extravía completamente.
No es un instrumento de política. No es el precio del dinero que un comité ajusta para modular la actividad.
Es la manifestación en el mercado de la preferencia temporal, la tendencia universal de los seres humanos a valorar un bien presente más que el mismo bien en el futuro.
Cuando la gente ahorra más (es decir, reduce su consumo presente y libera recursos reales hacia el futuro), la tasa baja naturalmente, y eso señala a los empresarios que hay recursos disponibles para proyectos de estructura productiva más larga.
Todo calza.
Los planes de inversión se ajustan a la disponibilidad real de ahorro.
Cuando un banco central baja la tasa artificialmente, sin que haya aumentado el ahorro, envía exactamente la misma señal pero sin los recursos que la respalden.
Los empresarios inician proyectos como si la sociedad hubiese decidido diferir consumo, pero la sociedad no difirió nada.
Los recursos reales no están ahí.
La estructura productiva se alarga sin soporte, los factores de producción se encarecen, y eventualmente la realidad se impone.
No porque falle la confianza ni porque haya un shock exógeno, sino porque es aritméticamente imposible completar más proyectos de los que el ahorro real permite.
El crédito circulatorio (medios fiduciarios creados por la banca de reserva fraccionaria) es el mecanismo concreto de esta distorsión.
Cuando un banco recibe un depósito a la vista y presta una parte de esos fondos, no está intermediando ahorro: está creando un derecho de propiedad duplicado.
(los reservafraccionarios no van a estar de acuerdo)
El depositante cree tener su dinero disponible. El prestatario lo está gastando. No pueden tener razón los dos.
Esto no es un problema de regulación ni de porcentajes de reserva: es una imposibilidad jurídica disfrazada de práctica financiera normal.
Dos títulos de propiedad sobre el mismo bien es fraude en cualquier otro ámbito del derecho. En el bancario es el sistema.
La demanda de dinero es el último eslabón que la ortodoxia maltrata.
Para la tradición cuantitativista, la demanda de dinero es una variable estable o predecible que permite calcular el nivel de precios correcto.
Pero la demanda de dinero es una valoración subjetiva como cualquier otra: cada individuo decide cuánto saldo en efectivo mantener según sus circunstancias, expectativas y preferencias.
No hay un nivel óptimo agregado ni un equilibrio al que retornar. Pretender gestionarla es tan absurdo como pretender gestionar la demanda de manzanas desde un ministerio.
El dinero sano no es un diseño institucional entre otros.
Es la condición de posibilidad del cálculo económico en una economía monetaria.
Si los precios están denominados en una moneda cuya oferta es manipulada por un monopolista legal, esos precios llevan incorporada una distorsión que ningún empresario puede aislar.
El cálculo económico se degrada no solo en el socialismo total (como demostró Mises) sino en cualquier sistema donde la base monetaria esté sujeta a decisión política.
La diferencia es de grado, no de naturaleza.
Scientists put kids through 100 hours of reading, then scanned their brains. New wiring had physically grown inside the language regions. Communication between brain areas sped up by a factor of 10. Kids who didn't read showed zero change.
That was a 2009 Carnegie Mellon study. It gets wilder.
In 2013, Emory University scanned 19 students every morning for 19 straight days while they read one novel chapter each night. Mornings after reading, the brain areas responsible for understanding other people's emotions lit up with new connections. So did the region that processes physical sensation. Their brains were simulating what the characters felt, as if it were happening to them. Those changes stuck around for 5 days after they finished the book.
Now flip to scrolling. A massive review published in Psychological Bulletin last September pulled together 71 studies covering 98,299 people. Heavy short-form video use (TikTok, Reels, Shorts) showed a clear pattern: worse attention, weaker self-control, and more anxiety. Consistent across teenagers and adults, across every platform tested. Oxford didn't name "brain rot" its 2024 Word of the Year for nothing.
A 2024 brain wave study found that people hooked on short-form video had weaker activity in the front of the brain, the part that controls focus and impulse control. Separate brain scans showed the same thing: heavy scrollers had less activation in the exact regions that deep reading strengthens.
UCLA neuroscientist Maryanne Wolf has been studying this for decades. Humans were never born to read. There's no gene for it. Reading is something we invented, and it hijacked neurons that were originally meant for recognizing faces. Over time, it built entirely new brain circuits connecting language, vision, and emotion. But those circuits only survive if you use them. Stop reading, and they fade. Wolf's conclusion is simple: screens built for speed produce a speed-wired brain. Books built for depth produce a depth-wired brain.
One honest caveat: most of these studies are snapshots, not long-term tracking. People who already struggle to focus might just prefer short videos. But the same pattern showing up across nearly 100,000 people is hard to shrug off.
The tweet repeats the line seven times. The research backs it up with brain scans, EEG data, and white-matter imaging across tens of thousands of people.
As an Iranian who actively fights the Islamic Republic and openly cheers for its complete destruction, it is honestly painful to watch so many Americans desperately hoping their own country loses this war.
The regime ruling Iran has spent 47 years destroying our lives and our country. It steals, represses, and murders. And the moment people rise up and protest, it slaughters them in the streets. That is why we want it gone.
If I had been given freedom, opportunity, and a chance at a good life in Iran, I would be defending my country today, not fighting its regime.
But the reality is that defending Iran today means fighting its first and biggest enemy: the Islamic Republic.
The regime gave us none of those things. Instead, it destroyed our country so badly that millions of us had to leave just to survive.
America gave me what my own country under the Islamic regime never did.
Freedom. Opportunity. A voice. The dignity of being treated like a human being.
As a woman, I have rights here that I could only dream of in Iran. This country allowed me to build a life that was impossible under the Islamic Republic. For that, I will always be grateful.
And yes, because of that, I will defend the United States if needed. This country, with all its flaws, is still worth protecting.
Iran is worth protecting too.
That is exactly why the Islamic Republic must be destroyed, so Iran itself can survive and be rebuilt.
What is truly sad is watching people who were born into freedom cheering for the enemies of the very country that gave them everything.
Some people have no idea how rare and valuable what they have really is.
El socialismo prometió justicia social.
Pero cada vez que se aplicó produjo exactamente lo mismo:
• pobreza
• escasez
• represión
• menos libertad
• sociedades enfermas
No es casualidad.
Lo explicó Ludwig von Mises, el socialismo fracasa porque sin precios libres no hay cálculo económico.
Hayek advirtió que planificar la sociedad desde el Estado es la fatal arrogancia.
Hoy Jesús Huerta de Soto nos enseña que intervenir el mercado destruye el proceso espontáneo de coordinación social.
Por eso las sociedades más libres del mundo viven más, son más ricas y tienen mejor salud.
Hoy esas ideas tienen un defensor político que decidió dar la batalla cultural sin pedir permiso:
@JMilei
La libertad no pide disculpas.
La libertad avanza.
VIVA LA LIBERTAD CARAJO.
El mensaje de Félix Maradiaga es correcto en el fondo y profundamente liberal:
El caudillismo y el culto a la personalidad son antitéticos al liberalismo auténtico. Un liberal verdadero no cree en “líderes máximos”, uniformes ni obediencia convertida en virtud. Defiende instituciones, contrapesos, Estado de derecho y ciudadanos libres, no personalidades exaltadas.
Hasta aquí, nada que discutir. Es un principio hayekiano puro: el poder corrompe, y el poder personal corrompe de forma absoluta. Pero cuando quien lo dice es alguien señalado como “camaleón político” —que ha cambiado de discurso según el contexto, la audiencia y el momento—, el mensaje pierde fuerza. Porque el liberalismo no es un traje que uno se pone cuando conviene. Es una convicción diaria, consistente, incluso cuando cuesta.
En Nicaragua esto es especialmente grave. Tenemos al caudillo máximo que encarna exactamente lo que Maradiaga critica. Pero la solución no es reemplazarlo por otro “hombre fuerte” de la oposición. La solución es construir instituciones que sobrevivan a cualquier persona.
Un liberal auténtico no solo denuncia el caudillismo ajeno.
Lo rechaza también en su propio bando.
Porque una sociedad verdaderamente libre no se construye alrededor de egos, sino alrededor de reglas que limitan el poder… de todos.
¿COINCIDEN LAS PALABRAS CON LA TRAYECTORIA? Esa es la pregunta que todo nicaragüense liberal debe hacerse.
Anatomy of the State
Every sentence reads like a direct assault on everything you've been taught to believe about government.
The State isn't your friend, your representative, or your protector. It's an organized gang of thieves who discovered that systematic plunder beats random robbery every time. Where private criminals operate sporadically and face resistance, the State creates a "legal, orderly, systematic channel for predation" that transforms temporary bandits into permanent nobility. The classic example: a conquering tribe realizes it's more profitable to let the conquered live and produce wealth than to simply loot and murder them once.
But here's the genius of the racket—the State can't survive on force alone. It needs the masses to accept their own exploitation, which is where intellectuals enter the picture. Professors, economists, and court historians get cushy positions in exchange for crafting elaborate justifications for why theft becomes "taxation" and why coercion becomes "the social contract." British pedophile John Maynard Keynes didn't revolutionize economics—he just dressed up robbery in mathematical equations that made spending other people's money seem sophisticated.
The State's greatest fear isn't foreign invasion—it's independent intellectual criticism. Every limiting mechanism ever devised, from constitutions to judicial review, gets transformed into a rubber stamp for expanded power. The Supreme Court doesn't check government overreach; it legitimizes it by declaring unconstitutional actions "constitutional."
Franz Oppenheimer nailed it: there are only two ways to acquire wealth—production or plunder, the economic means or the political means. The State is the organization of the political means, and it will always be at war with genuine capitalism because parasites cannot coexist peacefully with their hosts.
Hayek aborda en este ensayo el tema de la “Justicia Social”, tan en boga en el último tiempo. Concluye que este término no tiene ningún sentido en una sociedad de hombres libres. La razón de que, sin embargo, domine la discusión política es que hemos heredado de un tipo diferente y anterior de sociedad algunos instintos, actualmente inaplicables a nuestra civilización actual. En aquella sociedad los seres humanos vivían en pequeñas bandas de cazadores, cuyos miembros compartían los alimentos y, en general, todos sus esfuerzos. Ello, según el autor, habría determinado muchas de las tendencias morales que aún nos gobiernan y que aprobamos en los demás. Sin embargo, el desarrollo de la civilización y, finalmente, de la Sociedad Abierta produjo la sustitución gradual de reglas abstractas de conducta por los antiguos fines particulares comunes y obligatorios que regían la pequeña banda de cazadores. Con ello, sigue Hayek, surgió el "juego del mercado", el que llevó al
crecimiento y prosperidad de las comunidades que lo adoptaron, porque mejoró las oportunidades de todos. Practicar este juego no garantiza un nivel de ingresos específico, lo que no significa que el resultado sea injusto. Todo lo contrario, argumenta Hayek, las remuneraciones que determina el mercado libre son las justas.
EL ATAVISMO DE LA JUSTICIA SOCIAL
-Friedrich Hayek
https://t.co/OxQ6b3QELJ
Permítame responder con precisión y sin cortinas de humo.
Lo que usted plantea es un ejemplo clásico de falacia whataboutism (o tu quoque): intentar invalidar un argumento señalando otro caso, en lugar de refutarlo.
Las graves violaciones sistemáticas de derechos humanos por el régimen iraní —ejecuciones masivas, represión de kurdos y baloch, lapidaciones, prisión política— no desaparecen porque existan otros crímenes en el mundo. Comparar o “equilibrar” el sufrimiento de las víctimas iraníes con el caso Epstein o cualquier otro es un error lógico que no exime de responsabilidad al régimen de los Ayatolás.
El caso Epstein es abominable y debe investigarse hasta las últimas consecuencias, dondequiera que aparezcan culpables. Lo mismo aplica a cualquier tragedia civil como la escuela de Minab: toda pérdida de vidas inocentes en conflicto es trágica y merece investigación independiente (como la que ya está realizando el Pentágono). Pero ninguna de estas realidades justifica ni atenúa la opresión cotidiana que sufre el pueblo iraní bajo una teocracia que viola derechos fundamentales todos los días.
Respecto al Estrecho de Ormuz: Irán no “domina” libremente; está amenazando con cerrarlo en un acto de desesperación bélica que ya está dañando su propia economía y el comercio mundial (como han documentado Reuters y la ONU en marzo 2026). Amenazar rutas internacionales no es prueba de fortaleza; es prueba de que un régimen aislado recurre a la coerción cuando pierde capacidad convencional.
Por cierto, y sin desviarnos del principio, en Nicaragua, el propio Daniel Ortega enfrenta acusaciones documentadas de abuso sexual contra su hijastra Zoila América. Eso tampoco justifica ni “equilibra” nada; simplemente ilustra que los abusos de poder existen en múltiples regímenes. El estándar de derechos humanos es universal, no selectivo.
El libertarismo no acepta excusas ni distracciones: los derechos individuales —vida, libertad, propiedad— son inviolables, independientemente de la bandera o la ideología que los viole.
Los hechos no cambian por cambiar de tema.
Aún estás a tiempo de reconsiderar tu posición, Carlos, ser más crítico y veraz.
Te molesta q sea rico el dueño de la fábrica que arriesga su capital, te paga un sueldo y beneficios laborales...pero no te jode q sea millonario el sindicalista que se hizo rico con la tuya.
Te molestan los monopolios pero no te jode el monopolio de Estado que es el zoocialismo
La riqueza no la crea el Estado.
La crean millones de individuos libres tomando decisiones.
La libertad económica no es un lujo.
Es la base del desarrollo.