No vuelvo del infierno
con alas limpias,
vuelvo con las manos negras
y una fe sucia
mordiéndome la boca.
He tragado tanta belleza
que el alma aprendió a vomitar flores
sobre los demonios distraídos.
No soy difícil de amar,
soy difícil de engañar;
por eso la luna me paga en tristeza
y la noche me cobra en cicatrices.
Hay bellezas que te acarician
como si necesitaran salvarse,
pero solo buscan un sitio blando
donde clavar los dientes.
Y aun así,
aquí sigo:
roto, lúcido
y jodidamente vivo.