Fue un gusto participar, junto con @yeidckol, @mariselazuiga1 y el Muy Respetable Gran Maestro Ángel González Cruz, en el foro «Los Liberales, la Soberanía y la Educación Tecnológica en México», realizado en la @MRGLValleMexico por convocatoria del taller Educación, Ciencia y Tecnología por el Bien de la Humanidad No. 7.
Había pedido ser enterrado en un lugar sencillo del bosque donde, cuando era niño, su hermano Nikolái le había contado que estaba escondido un pequeño bastón verde en el que figuraba el secreto capaz de acabar con todo el sufrimiento de la humanidad. El niño Tolstói creyó aquella historia. El anciano, de alguna manera, nunca dejó de buscar ese secreto. Su tumba no tiene estatua, no tiene mausoleo, no tiene cruz, sólo un montículo cubierto de hierba entre los árboles. Allí terminó el conde, el propietario, el soldado, el hombre rico y el escritor más famoso de Rusia. Y quedó simplemente Tolstói.
Quizá por eso su último viaje sigue conmoviendo. Porque fue el último intento de un hombre por hacer coincidir aquello en lo que creía con aquello que era. Nació entre privilegios y terminó queriendo desprenderse de ellos. Alcanzó la gloria y acabó huyendo de ella. Buscó durante toda su vida una verdad suficientemente poderosa para justificar la existencia. Nunca sabremos si la encontró, pero siguió buscándola hasta el último tren.
El último viaje de Tolstói @El_Universal_Mx
“El amor representa la ley más elevada y, de hecho, la única ley de la vida.”
León Tolstói
León Tolstói nació el 9 de septiembre de 1828 en Yásnaia Poliana, la propiedad familiar donde transcurriría casi toda su vida. Nació con todo resuelto: era conde, heredero, propietario de tierras. Fue soldado, conoció la guerra y después escribió «Guerra y paz» y «Ana Karenina». Alcanzó algo reservado a muy pocos: la celebridad en vida y la certeza de haber creado una obra destinada a sobrevivirlo. Parecía haberlo alcanzado todo, y entonces descubrió que nada de aquello le bastaba. En la cima de su prestigio comenzó a hacerse una pregunta elemental y terrible: ¿para qué vivir? La crisis fue real. Temió quitarse la vida. Tenía familia, dinero, fama y talento, pero no encontraba una razón suficiente para levantarse cada mañana. De aquella oscuridad nació otro Tolstói. Empezó a mirar sus propiedades con incomodidad. Se preguntó por qué la tierra debía pertenecer a unos hombres y no a otros, por qué podía vivir del trabajo de los campesinos y qué sentido tenían sus privilegios. Quiso desprenderse de ellos. Comenzó a vestir con sencillez, trabajó con sus manos, dejó la carne, rechazó la caza y la violencia, cuestionó la propiedad privada y renunció a los derechos de autor de buena parte de sus obras posteriores.
Pero Tolstói no estaba solo. Su esposa, Sofía Andréievna, había compartido con él casi medio siglo, tuvieron trece hijos, copiado varias veces los manuscritos de «Guerra y paz» y administrado el patrimonio familiar. Para él, renunciar a los bienes era una exigencia moral. Para ella, conservarlos era proteger a sus hijos. Los dos tenían razones. Y los dos comenzaron a hacerse daño. La casa donde habían nacido algunas de las páginas más bellas de la literatura se convirtió en escenario de discusiones y desesperación. Había una ironía dolorosa: el hombre que decía que el amor era la única ley de la vida no conseguía encontrar la paz dentro de su propia casa. Eso es, quizá, lo que lo vuelve profundamente humano.
Tolstói no fue un santo. Fue un hombre tratando de reducir la distancia entre lo que pensaba y la manera en que vivía. Sus ideas, mientras tanto, viajaron muy lejos. En Sudáfrica, un joven abogado llamado Mohandas Gandhi leyó «El reino de Dios está en vosotros». Tolstói sostenía que el mal no debía combatirse reproduciendo el mal y que la resistencia moral podía ser más poderosa que la violencia. Ambos iniciaron correspondencia. Nunca se conocieron en persona. Un anciano escritor ruso ayudaba, desde lejos, a dar forma a una idea que después cambiaría la historia. Pero mientras sus palabras recorrían el mundo, Tolstói ya no podía soportar su propia vida. Tenía 82 años. La noche del 27 de octubre de 1910 abandonó Yásnaia Poliana; se fue casi a escondidas. No buscaba fama. De eso tenía demasiado. No buscaba dinero. Llevaba años intentando desprenderse de él. Quería desaparecer. Durante el viaje enfermó. La fiebre obligó a bajarlo en una pequeña estación llamada Astápovo, donde el jefe de estación le cedió una habitación.
La noticia recorrió Rusia. Llegaron médicos, periodistas y admiradores. El hombre que había huido buscando anonimato volvió a convertirse, incluso agonizando, en el centro de todas las miradas. Sofía también arribó. Durante días permaneció cerca de la estación intentando verlo. Cuando finalmente pudo entrar, Tolstói ya estaba inconsciente. No se despidieron. Murió el 20 de noviembre de 1910. Su cuerpo regresó a Yásnaia Poliana.
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Bajo el liderazgo del Mtro. @zoerobledo y siguiendo las instrucciones de nuestra Presidenta @Claudiashein, la familia @Tu_IMSS alineamos esfuerzos y capacidades para seguir mejorando los servicios de salud.
🏥🤝 Nos reunimos con delegadas, delegados y titulares de las Unidades Médicas de Alta Especialidad de @Tu_IMSS de todo el país para alinear esfuerzos y cerrar 2026 con buenos resultados.
Revisamos prioridades, pero también algo fundamental: cómo hacer más eficiente el uso de los recursos del Instituto. Cada peso que gastamos debe estar bien utilizado y reflejarse en mejores servicios, mayor capacidad de atención y beneficios para nuestras y nuestros derechohabientes.
💚 Desde el IMSS tenemos claro el rumbo: trabajar todas y todos al ritmo de la presidenta @Claudiashein, con honestidad y resultados, preparando desde hoy un mejor 2027.
Hoy se publicó en el DOF un nuevo paso en la transformación digital del @Tu_IMSS: *la generación obligatoria* de la Tarjeta de Identificación Patronal Digital, a través del Buzón IMSS.
Menos trámites físicos, mayor agilidad y servicios más accesibles para las personas empleadoras.
Seguimos avanzando hacia un IMSS más moderno, sencillo y cercano.
Lamento profundamente el fallecimiento del periodista Jesús “Chucho” Gallegos, fundador de Diario Basta! y referente de la prensa de espectáculos en México.
Mi solidaridad y afecto para su familia, amigos y compañeros. Descanse en paz.
La salud, quizá como ningún otro ámbito, nos recuerda que gobernar también significa cuidar. El Informe registra 33 hospitales nuevos en operación, 11 Unidades de Medicina Familiar y 36 centros de salud y consultorios. También se habilitaron 650 quirófanos, mientras que el programa Salud Casa por Casa ha realizado más de 23 millones de visitas gracias al trabajo de cerca de 20 mil profesionales.
En seguridad, inevitablemente, se exige una lectura prudente. El Gobierno reporta una reducción del 51 por ciento en los homicidios dolosos desde el inicio de la administración y una disminución del 54 por ciento en los delitos de alto impacto respecto de 2018.
La presidenta Claudia Sheinbaum resumió su Segundo Informe con una frase: “Vamos mejor y tenemos rumbo”. Los datos presentados ofrecen argumentos para sostener la primera parte de esa afirmación. La segunda, la del rumbo, deberá demostrarse todos los días. Porque un país no avanza solamente en las gráficas ni en los discursos. Avanza cuando el crecimiento llega al salario; cuando una beca evita que un joven abandone la escuela; cuando una persona mayor tiene sus medicinas; cuando una familia consigue una vivienda; cuando una comunidad recibe electricidad y cuando un paciente encuentra atención donde antes sólo había distancia. Es ahí, en la vida concreta, donde las cifras dejan de pertenecer al gobierno y comienzan verdaderamente a pertenecerle a la gente.
Las cifras de un país que avanza @El_Universal_Mx
«Vamos mejor y tenemos rumbo.»
Claudia Sheinbaum
Un informe de gobierno puede leerse desde la vida cotidiana. Una cifra, por sí sola, es apenas un dato frío. Adquiere sentido cuando se convierte en el salario que alcanza un poco más, en la beca que permite continuar estudiando, en la consulta médica que llega a una comunidad apartada o en la tranquilidad de una familia que, por fin, puede imaginar un futuro. El Segundo Informe de Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum reúne una gran cantidad de números. No todos tienen el mismo peso ni pueden explicar, por sí mismos, un país tan diverso y desigual como México. Sin embargo, cuando se observan con cuidado y se contrastan con lo que ocurre en los hogares, permiten reconocer avances que sería injusto ignorar.
Durante 2025, el Gobierno Federal reportó ingresos históricos por 6 billones 46 mil millones de pesos, 487 mil millones más que el año anterior. Al cierre de agosto de 2026, la recaudación superaba en 149 mil millones de pesos la registrada durante el mismo periodo de 2025, mientras que el gasto corriente se redujo en 200 mil millones respecto de 2024. La inversión extranjera directa alcanzó cerca de 35 mil millones de dólares durante el primer semestre de 2026.
México tiene alrededor de 60 millones de personas ocupadas y mantiene una tasa de desempleo cercana al 2.7 por ciento. Sin embargo, el trabajo no sólo debe medirse por el número de empleos creados, sino también por la dignidad que ofrecen. Tener una ocupación no basta si el salario es insuficiente, si no existe seguridad social o si la jornada deja poco tiempo para la familia y el descanso. Por eso, uno de los cambios más significativos se encuentra en los ingresos de quienes viven de su trabajo. El salario mínimo mensual pasó de 2 mil 800 pesos en 2018 a 9 mil 582 pesos en 2026; en la frontera norte llegó a 13 mil 409 pesos. El salario promedio de la economía formal alcanzó los 20 mil 212 pesos mensuales y la pobreza laboral se ubicó en su nivel más bajo desde 2005.
Detrás de ese avance hay historias sencillas: una familia que puede comprar más alimentos, una madre que enfrenta con menos angustia el regreso a clases o un trabajador que ya no tiene que elegir entre pagar el transporte o llevar algo a la mesa. Ningún aumento resuelve por sí solo todas las dificultades, especialmente cuando el costo de la vida continúa presionando a los hogares, pero recuperar el valor del salario significa comenzar a saldar una deuda que se acumuló durante décadas.
También hay cambios importantes para quienes trabajan mediante plataformas digitales, que ahora pueden acceder a seguridad social y reparto de utilidades. A ello se suma la reducción gradual de la jornada laboral hasta llegar a las 40 horas semanales en 2030. El trabajo debe permitir vivir, no consumir por completo la vida.
El bienestar constituye otro de los ejes del Informe. Para el cierre de 2026 se prevé que los programas sociales lleguen a 42 millones 860 mil derechohabientes, con una inversión cercana a un billón de pesos. Entre ellos se encuentran casi 13.8 millones de personas adultas mayores, 2.8 millones de mujeres de entre 60 y 64 años y 2 millones de personas con discapacidad.
En educación, ocho millones de alumnas y alumnos de primaria recibieron apoyo para útiles y uniformes; cerca de cinco millones de jóvenes de educación media superior cuentan con la Beca Benito Juárez y alrededor de 800 mil estudiantes universitarios tendrán una beca. Además, más de 73 mil escuelas recibieron recursos para mejorar sus instalaciones. La importancia de estos apoyos no reside únicamente en su alcance, sino en su capacidad para impedir que la falta de dinero decida quién puede estudiar y quién debe abandonar el aula.
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🤝 Iniciamos el día con la Sesión Extraordinaria del H. Consejo Técnico de @Tu_IMSS.
Seguimos trabajando y tomando decisiones para fortalecer a nuestra institución y avanzar en los temas prioritarios del Seguro Social. 🦅
🏛️ En la Sesión Ordinaria del H. Consejo Técnico de @Tu_IMSS seguimos tomando decisiones para fortalecer y modernizar nuestra institución.
💻 Aprobamos la digitalización de la Tarjeta de Identificación Patronal (TIP), que ahora podrá generarse y consultarse en línea a través del Buzón IMSS, sustituyendo la tarjeta física.
Una medida que facilita los trámites, reduce el uso de papel y avanza hacia un IMSS más ágil y digital.📱🦅
La actual presidencia de la Corte comenzó bajo la regla del artículo 94: quien obtuvo el mayor número de votos asumió por dos años. No fue elegido para ese cargo por sus compañeros ministros; llegó a él como consecuencia del resultado electoral. Si prevalece el artículo 94, al cumplirse esos dos años termina el periodo y continúa la rotación conforme al orden de votación. Pero si antes la Corte determina que debe prevalecer el artículo 97, cambia todo. Ese artículo establece una presidencia de cuatro años y una elección por el Pleno. El actual presidente no fue elegido de esa manera. Entonces surgirían nuevas preguntas: ¿Puede permanecer dos años adicionales? ¿El Pleno tendría que celebrar una nueva elección? ¿Desde cuándo deberían contarse los cuatro años? No son especulaciones ociosas. Y entonces aparece la paradoja mayor. La Suprema Corte existe, entre otras cosas, para interpretar la Constitución. Pero esta vez tendría que interpretar una Constitución cuya interpretación determina las reglas de gobierno de la propia Corte.
No hace falta desconfiar de ningún ministro para advertir el inconveniente. Las instituciones sólidas se construyen precisamente para que no tengamos que depender de las intenciones de las personas. Las buenas reglas eliminan la sospecha antes de que aparezca. Incluso una decisión jurídicamente impecable podría quedar acompañada de una pregunta corrosiva: ¿se eligió la interpretación porque era la correcta o porque produjo determinado resultado?
El Congreso de la Unión y las legislaturas de los estados pueden establecer con claridad cuál de los dos modelos debe permanecer. No hace falta discutir nombres, candidatos ni afinidades. Sólo responder dos preguntas elementales: ¿Dos años o cuatro? ¿El orden lo determina el voto ciudadano o una elección del Pleno? Una Constitución contiene palabras cuyo significado discutiremos inevitablemente: libertad, igualdad, justicia, dignidad. Para eso necesitamos jueces, precedentes, doctrina y siglos de filosofía. Pero aquí no estamos discutiendo qué significa la justicia.
Y quizá esa sea la ironía final: construimos uno de los sistemas judiciales más complejos de nuestra historia y terminamos necesitando una interpretación constitucional para saber cuánto tiempo dura la presidencia de su máximo tribunal.
Dos o cuatro años @El_Universal_Mx
«Donde hay poca justicia es un peligro tener razón.»
Francisco de Quevedo
¿Cuánto dura la presidencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación? No debería ser una pregunta difícil. Dos años, responde el artículo 94 de la Constitución. Cuatro años, responde el 97. Y ahí comienza el problema. Son dos reglas distintas para el mismo cargo, dentro de la misma Constitución. El artículo 94 establece que la presidencia de la Corte se renovará cada dos años, de manera rotatoria, siguiendo el número de votos obtenido por los ministros en la elección judicial. La lógica es sencilla: el resultado de las urnas determina el orden de quienes presidirán. Pero, unas páginas después, el artículo 97 establece que cada cuatro años el Pleno elegirá de entre sus integrantes a quien presida la Corte. Una disposición dice que el orden lo determina el resultado electoral; otra, que lo deciden los ministros. Las dos no pueden cumplirse al mismo tiempo.
Antes de la reforma judicial de 2024 no había misterio: los ministros elegían de entre ellos a quien presidiría la Corte durante cuatro años. La reforma cambió profundamente el sistema: los ministros pasaron a ser electos por voto popular y el artículo 94 incorporó una nueva lógica para la presidencia. Pero ocurrió algo aparentemente pequeño y jurídicamente enorme: la antigua regla del 97 sobrevivió. No fue eliminada. Existe una respuesta jurídica para sostener que el problema quedó resuelto desde 2024. El decreto de reforma incluyó un transitorio que dispuso que quedarían derogadas las disposiciones que se opusieran al nuevo régimen. En términos sencillos: si lo viejo contradice a lo nuevo, prevalece lo nuevo. El argumento tiene fuerza. Hasta que uno formula una pregunta incómoda: ¿Puede un artículo transitorio borrar jurídicamente una disposición de la Constitución que nadie borró de la Constitución? Los transitorios de una reforma constitucional tienen fuerza constitucional y sirven para ordenar el paso de un régimen a otro. Por eso existen razones para sostener que el nuevo artículo 94 desplazó al anterior.
Pero hay un inconveniente difícil de ignorar. En 2024, el Constituyente Permanente reformó también distintas partes del artículo 97. Tuvo ambos textos frente a sí. En uno introdujo la nueva regla; en el otro permaneció la anterior. Si se quería suprimirla expresamente, bastaban unas cuantas palabras. No ocurrió. Y en junio de 2026 hubo una segunda oportunidad: volvió a reformarse el artículo 94, manteniendo la regla de los dos años y la rotación vinculada al resultado electoral, mientras el artículo 97 continuó diciendo cuatro.
La Constitución fue revisada. La contradicción sobrevivió. Hay argumentos sólidos para considerar que debe prevalecer el artículo 94: es la disposición específica del nuevo modelo judicial, responde a la lógica de la elección popular y fue nuevamente reformada sin abandonar el sistema de presidencias bienales y rotatorias. Pero el problema trasciende la interpretación de un artículo. Lon L. Fuller sostuvo que una de las exigencias elementales de la legalidad es que las normas no sean contradictorias entre sí. El derecho no sirve solamente para resolver conflictos después de que ocurren. Sirve, antes que nada, para que sepamos cuáles son las reglas antes de que aparezca el conflicto. Una regla es, en ese sentido, una promesa de certeza.
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📚💲 Anuncian venta especial de libros de Ediciones Era en Los Pinos; FCE acuerda apoyo
El 29 y 30 de agosto, la cita en la otrora casa presidencial.
El Fondo de Cultura Económica (FCE) participará en tres medidas de colaboración.
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Ningún interés personal puede estar jamás por encima de los intereses del pueblo y de la Nación. Y mucho menos cuando aquello que se pretende colocar por encima de México no es el bienestar de su gente, sino la ambición desnuda del poder por el poder.
Porque el poder sin principios se vuelve arrogancia; el poder sin límites, abuso; y el poder que olvida al pueblo, termina enfrentándose a la historia.
México merece servidores públicos que entiendan que los cargos son pasajeros, pero la responsabilidad ante la Nación es eterna. El Pueblo no está para alimentar ambiciones personales: está para exigir que se defienda su dignidad, su futuro y su esperanza.
Por encima de cualquier nombre, de cualquier grupo y de cualquier interés particular, está el pueblo y la Nación.