Las amistades en la vida adulta no se tratan de estar en contacto constante.
Se tratan de enviarse un reel a las 11 de la noche. De responder tres días después con un: "espera, es que quería contestarte bien".
De tener conversaciones a medias repartidas en tres apps distintas.
De mensajes aleatorios para ver cómo va todo en medio del caos.
Es tener la certeza de que nadie desapareció; simplemente ambos están ocupados sobreviviendo a sus propias vidas
El día anterior a las vacaciones, la previa de un viaje, de una cita, de un concierto, los viernes, las ganas de decir te quiero antes de decirlo por primera vez, la víspera de reyes. La vida es mejor con nervios y con deseo.
alguien dijo: “no quiero que me pregunten qué me pasa, quiero que se queden hasta que me anime a contarlo”. Y lo sentí como si me hubieran leído el alma.
alguien dijo: "dejá de recordarme lo fuerte que soy cuando vengo a vos en busca de un espacio seguro para ser débil". Y esta es mi nueva frase favorita.
Me da pánico la fragilidad de los lazos humanos. Un malentendido, un orgullo herido, un mensaje sin responder. Y algo que tomó años construir se desmorona en un segundo.
Nadie nos enseña a vaciar la casa de nuestros padres o abuelos.
Ese álbum de fotos, la vajilla que sólo usaban en Navidad, el abrigo que aún huele a ellos. Enciclopedias tiradas al lado de un contenedor.
No es solo ordenar: es despedirse.
Y a veces, eso pesa más que una mudanza
me gusta la gente que entiende que ya no tenemos 15 años que cada uno tiene sus responsabilidades, que aveces no hay tiempo o solamente se quiere estar a solas,, hay que respetar los horarios ajenos, el cansancio físico y psicológico también
Hay amistades que no sobreviven a las reconfiguraciones que se van dando conforme pasa la vida. Hay en otras que, sin embargo, vas aprendiendo y vas transformando las formas de quereros, los tiempos de atención, el idioma único deteriorado.