Abrir Tinder un sábado en CDMX es entrar en una simulación bien rara.
Puros vatos con fotos en terrazas de la Roma que apenas pueden pagar, y morras exigiendo un nivel de vida que sus propios sueldos no sostienen.
Al final se ven, queman la tarjeta en una cita incómoda aparentando el estatus, y regresan en Uber a su departamento compartido con 3 roomies a ver cómo estiran la quincena.
uno de mis "no negociables" es que no importa cuánto te quiera o me gustes. Yo te voy a dejar en paz en el momento que me hagas sentir que no te importo.