No toda batalla vale la pena. No porque te falte coraje, sino porque la energía no es infinita y la paz tiene un precio que a veces se paga con silencios elegidos. Hay luchas que parecen urgentes, pero si las observamos con calma, nos damos cuenta de que no son más que trampas del ego. Ganar no siempre significa vencer al otro; a veces, la verdadera victoria es elegir no pelear. No todas las palabras merecen una réplica, no todas las heridas requieren venganza, no todos los ataques merecen respuesta. Hay algo más valioso que tener razón: tener tranquilidad.
Cuando piensa que voy a responder de la misma forma, pero estoy soltándolo sanamente, sin reemplazarlo con nadie, sin molestarlo, sin reclamos, estoy cerrando en silencio y dejándolo que sea quien quiera ser.
Una de las despedidas más difíciles ocurre cuando realmente quieres a alguien pero te das cuenta de que construir una relación sana con esa persona es imposible.