Esa noche en la que entre mis brazos te encontrabas acurrucada mirando al cielo, supe con tanta certeza así como he de morir que ni siquiera aquel firmamento bañado en cuerpos celestes podía igualar la belleza de tu ser.
Ayúdame. Ayúdame a crecer, muéstrame las imperfecciones que hay en mi mente y límalas junto a mí, háblame de los sentimientos y emociones que necesitan ser pulidas. Pero ayúdame que en ocasiones no me doy cuenta.
Y tus ojos, tus benditos ojos bellos fueron la luz que me guio en aquella fría y solitaria noche en la cual me encontraba perdido, navegando un mar de nubes densas.
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