Y los granjeros que son los que más tecnología y maquinaria incorporan a sus producciones también. En el mundo la granja es tecnificada, pero de que nos sirven las máquinas si no podemos prender la llave y hacerlas funcionar.
Cuando alquilé mi piso,
dejé el wifi instalado a mi nombre.
No estaba en el contrato.
No lo cobro aparte.
Simplemente lo necesito para la alarma y la domótica.
Le di la clave el primer día por pura cortesía.
Hasta que me llama el inquilino.
—Oye, el wifi va muy lento.
No es la primera vez.
Quiero que me descuentes la parte del wifi del alquiler.
Le recuerdo lo que ya le dije al entrar:
—El wifi no está incluido en el precio.
Lo tienes como cortesía, no te lo estoy cobrando.
Suspira.
—Ya, pero yo teletrabajo y me perjudica.
Si me ofreces un piso con wifi y no va bien,
me lo tienes que compensar.
Entonces te das cuenta.
No es una cuestión de megas ni de fibra óptica.
Es la absoluta incapacidad de hacerse cargo de la propia vida.
Quieres que te arreglen la bombilla,
que te cambien el router,
que te solucionen el wifi,
que te pinten la pared
y, si puede ser, que te pidan perdón por cobrarte.
Si tu trabajo depende de una buena conexión,
te instalas la fibra que te dé la gana.
La pagas tú.
Inviertes en lo tuyo.
Esa misma actitud de exigencia crónica
es la que aplican a todo.
Por eso viven con el agua al cuello:
Esperando que el jefe, el gobierno o el dueño del piso les resuelvan la papeleta
mientras ellos no asumen ni el coste de su propio router.
El problema no es que la conexión vaya lenta.
El problema es que van por la vida
con mentalidad de mendigo
exigiendo trato de rey.