— Ninguna —contestó, aunque en un rato breve pareció arrepentirse de su respuesta. Como un péndulo, su razón oscilaba entre dos elecciones—. ¿Qué pasa? ¿Vendes pastis o algo?
Escudriñó con la mirada, pero nada. A ella no la conocía. Se pasó la mano por la parte izquierda de su cara para despertarse, antes de lanzar un gruñido y un bostezo. Sólo entonces saludó.