(Sobre el tema de la hermana de Marta Diaz y Alpha Sniper)
Estoy hasta los huevos de ver cómo en este país (y en esta época) se premia la cercanía a la fama por encima del mérito.
Una chica de 15 años aparece dos minutos en un evento porque es hermana de alguien, se quita una capucha, y en menos de 24 horas ya tiene cientos de miles de seguidores. Sin contenido propio, sin trayectoria, sin haber aportado absolutamente nada. Solo por compartir apellido.
Esto no es “oportunidad”. Es nepotismo digital disfrazado de ilusión. Estamos normalizando que el reconocimiento se herede en lugar de construirse. Que el valor se mida por la cercanía a un influencer y no por el trabajo, la constancia o el talento.
Y lo más triste es que muchos lo celebran como si fuera algo natural. Como si merecer atención fuera un derecho de sangre y no el resultado de años de esfuerzo.
Mientras tanto, hay gente creando, formándose, fallando y volviendo a intentarlo todos los días… y apenas recibe una mirada.
Silenciaré todo lo relacionado con esto. No por odio personal, sino porque me niego a seguir alimentando una cultura que convierte la mediocridad privilegiada en espectáculo.
El mérito importa. O al menos debería importar.
(Sobre el tema de la hermana de Marta Diaz y Alpha Sniper)
Estoy hasta los huevos de ver cómo en este país (y en esta época) se premia la cercanía a la fama por encima del mérito.
Una chica de 15 años aparece dos minutos en un evento porque es hermana de alguien, se quita una capucha, y en menos de 24 horas ya tiene cientos de miles de seguidores. Sin contenido propio, sin trayectoria, sin haber aportado absolutamente nada. Solo por compartir apellido.
Esto no es “oportunidad”. Es nepotismo digital disfrazado de ilusión. Estamos normalizando que el reconocimiento se herede en lugar de construirse. Que el valor se mida por la cercanía a un influencer y no por el trabajo, la constancia o el talento.
Y lo más triste es que muchos lo celebran como si fuera algo natural. Como si merecer atención fuera un derecho de sangre y no el resultado de años de esfuerzo.
Mientras tanto, hay gente creando, formándose, fallando y volviendo a intentarlo todos los días… y apenas recibe una mirada.
Silenciaré todo lo relacionado con esto. No por odio personal, sino porque me niego a seguir alimentando una cultura que convierte la mediocridad privilegiada en espectáculo.
El mérito importa. O al menos debería importar.