El rubio masculló para sus adentros. Incluso allí, en NRC, había alumnos que destacaban por su nobleza y rectitud. En algún modo, ello le retrotraía a sus profundos sentimientos de inferioridad en RSA.
Harewood frunció sus labios en frustración, y puso ojos en blanco. (+)
(+) Con un gesto restó importancia a la situación que sus propios dichos previos habían motivado. De cualquier forma, tampoco es que pudiera debatir demasiado con alguien que prácticamente se estaba durmiendo parado.
Percival volvió a mirarle extrañado.
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(+) Aquella cavilación pronunció casi sin pensarlo. Su problema era el opuesto absoluto al de Silver. Justo un humano. Todo ello le daba un poco de tirria.
—Lo dices como si muchos de ustedes no vieran a los de mi tipo, a los más comunes, como alimento o amuleto…
El conejo parpadeó repetidamente, haciendo evidente su confusión ante la presencia y actitud del humano. Le recordaba en cierto modo a los alumnos de RSA de las familias más nobles. Casi parecía tener la dignidad de un príncipe.
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Silver exhaló, afirmando con una solemnidad que contrastaba con la afilada sinceridad del rubio. El alumno de Diasomnia, lejos de parecer ofendido, aceptó las palabras con altura de mira.
—Estás en lo correcto. Quedarme dormido no es una buena estrategia de guardia... Es algo *
(+) Todo ello no le intimidaba en absoluto. Harewood podría haberse criado en el campo con su familia, pero había aprendido en la Royal Sword Academy a no aparentar ser menos que aquella clase de sujetos más acomodados.
—Ojalá fuera yo el que pudiera dormir tan fácilmente…
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El de cabellera dorada examinó al ahora firme extraño, con una mezcla de perplejidad y extrañeza. Su vista viró luego entre el nido y aquel humano.
Siendo el conejo un individuo no reconocido por su sutileza, su honestidad fue algo brutal.
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pequeño nido ubicado en una de las copas de un árbol cercano.
—Estoy cuidando de ellos. Su madre fue a buscar comida. Si los abandono, un ave depredadora intentaría cazarlos.
(+) —Quizás estar dormido no sea la mejor táctica de protección, ¿sabes?
Aquel muchacho vestía el uniforme de Diasomnia, mas no exhibía ninguno de los rasgos fae. ¿Acaso un humano era parte de aquel dormitorio? Al rubio inmediatamente aquello le produjo reparos.
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El conejo aún arrastraba sus dificultades para descansar. Aún sentía su cuarto caluroso, además de que siempre tenía energía de sobra cuando llegaba la hora de dormir.
Quizás por ello observó entre con perplejidad y cierta sana envidia al otro varón que parecía adormilado.
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—Pero eso implicará que tengo que gastar dinero…
Y el conejo tenía sus ahorros a resguardo. Tenía sus motivos.
—¡Así que gastar no es una opción! Puedo hacer el esfuerzo de sobrevivir… O probar de tus brebajes
(+) —No, no es eso… Creo que tal vez es el calor que hacer en nuestro dormitorio. Ya sabes, los conejos no es que seamos tanto de esa clase de temperaturas.
Algo más tranquilo, se acomodó el uniforme una vez estuve frente a su amiga. Podía ser tarde, pero la importancia que le daba a la opinión de otros siempre estaba por encima.
—¿Hablas de pesadillas?
Inquirió, antes de simplemente negar con la cabeza y encogerse de hombros.
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