No hay peor sensación para el hincha que la resignación. Más allá de los tres años sin títulos, ese es el principal fracaso de los 26 meses de la gestión Riquelme, donde pareciera ser más importante el hecho de tener razón e intentar ganar con sus reglas que la búsqueda de soluciones dentro de un contexto negativo y desesperanzador.
Por eso, sigue Úbeda, aunque todos sepamos que el ciclo está terminado desde diciembre. Por eso, se insiste con Janson y Alarcón como titulares, como en otros tiempos se hizo con Ramírez, Briasco y otras incorporaciones que jamás funcionaron. Por eso, desde el palco, se aplaude a Cavani cuando toda La Bombonera lo silba y reprueba.
Riquelme está conduciendo a Boca con la persiana baja, alejado de la realidad, rodeado de obsecuentes y teniendo que acudir a "los muchachos de atrás del arco" para que La Bombonera no se incendie aunque el rival de turno sean Riestra, Platense o Gimnasia de Mendoza.
En el fútbol, como en la vida, siempre hay tiempo para la autocrítica y corregir el rumbo. A esta altura, conociendo al personaje, no se le pide que reconozca públicamente los errores, pero es imperioso que tome decisiones por el bien del club. Hay mucho en juego (dos torneos, clásicos, la inminente Copa Libertadores y la clasificación a la edición 2027). No se puede perder más tiempo. Por Boca, lo único que debería importar.
@SANGREXENEIZE El presidente se tiene que dejar de meter en el futbol y poner un tecnico que se pueda parar a dar una indicación sino se viene otro año sin jugar copa. Todos vemos lo mismo menos ellos