Se quejan porque Mbappé metió dos goles en el partido por el tercer lugar.
Quítenle esos dos goles y, aun así, terminaría siendo el máximo goleador en la historia de los Mundiales. Porque, al menos, le quedan dos copas del mundo más por jugar.
Ahora hagan el mismo ejercicio con Messi: quítenle los penales dudosos de Qatar, las ayudas arbitrales de este Mundial, a Infantino, Negreira y Şenes Erzik… y te queda, más o menos, un Kun Agüero.
Final del Mundial.
Min. 75 empate a 1 entre España y Argentina.
Borja Iglesias en la pausa de hidratación despistando a Scaloni en el banquillo argentino:
Durante años nos vendieron un relato: que Messi era un Dios del futbol. Que todo lo que ganó con el Barça, sus Balones de Oro y sus títulos con Argentina eran consecuencia exclusiva de su supuesto talento divino. Construyeron la imagen del futbolista perfecto: noble, humilde, intocable y merecedor de absolutamente todo.
Pero ese relato empezó a desmoronarse con el caso Negreira. Durante más de una década, el Barcelona realizó pagos por supuestas asesorías arbitrales a quien era vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros. Esa sombra inevitablemente alcanza los títulos de aquella etapa y también una parte de los números que inflaron el mito de Messi.
Después llegaron los Balones de Oro, donde los criterios cambiaban según conviniera para premiarlo.
En 2010 se impusieron las estadísticas individuales por encima de los títulos y de las extraordinarias temporadas de Xavi, Iniesta y Sneijder.
Y ni siquiera puede ignorarse que su primer Balón de Oro, en 2009, llega después del escandaloso arbitraje de Stamford Bridge, una de las mayores polémicas de la historia reciente del futbol.
Los Balones de Oro de 2011, 2012 y 2015, para mí, fueron merecidos.
Pero en 2019 volvió la polémica. Messi terminó llevándose el premio prácticamente por ser el máximo goleador de LaLiga, mientras Virgil van Dijk completó una temporada extraordinaria con el Liverpool, conquistando Europa y siendo el mejor defensor del mundo.
En 2021, el Balón de Oro debió ser para Robert Lewandowski, que venía de romper todos los registros con el Bayern. El gran argumento para premiar a Messi fue la Copa América.
Y en 2023 la contradicción fue todavía mayor. El Mundial pasó a ser el criterio absoluto para entregarle otro Balón de Oro, mientras Erling Haaland firmó una temporada histórica ganándolo prácticamente todo con el Manchester City y Kylian Mbappé también tuvo números extraordinarios. Curiosamente, lo que en 2010 no importó —los títulos colectivos— ahora sí era determinante. Los criterios cambiaban según el ganador.
Con Argentina también hubo un antes y un después.
Antes de 2021, una enorme parte de la propia afición argentina señalaba a Messi como un “pecho frío”, incapaz de aparecer en los momentos decisivos. Luego vinieron su renuncia a la selección, sus acusaciones contra la CONMEBOL por supuestos favoritismos hacia Brasil y, llamativamente, comenzaron a aparecer decisiones arbitrales que constantemente terminaban beneficiándolo.
También resulta difícil ignorar que la Copa América pasó de disputarse cada cuatro años a celebrarse cinco veces en apenas una década, hasta que finalmente Messi pudo levantar el trofeo.
En 2022, Louis van Gaal dejó una frase que dio la vuelta al mundo: que querían hacer campeón a Messi y que algún día la verdad saldría a la luz.
Y, guste o no, ese proceso ya comenzó.
Cada vez son más las personas, incluso fuera del futbol, que dejan de ver a Messi como un héroe intocable y empiezan a verlo como un futbolista al que el sistema protegió y benefició hasta niveles difíciles de justificar. Como un producto construido alrededor de intereses deportivos, políticos y comerciales. Como la gran figura que la FIFA decidió convertir en leyenda.
Y eso, inevitablemente, termina manchando su legado.
Por eso yo nunca compraré el relato del “GOAT”.
Durante toda mi vida voy a combatir esa narrativa. Para mí, Messi fue un genio con el balón, nadie puede negar su talento. Pero también fue un futbolista cuyo legado quedó marcado por Negreira, por decisiones arbitrales polémicas, por criterios cambiantes en los premios individuales y por un sistema que, demasiadas veces, jugó a su favor.
En mi historia no será el mejor futbolista de todos los tiempos.
Será recordado como el Falso Mesías: un genio, sí, pero también una figura cuyo mito, en opinión de millones, fue construido, beneficiado y protegido por el sistema.
Ayer leí a alguien comentar que es inútil tratar de hacerles sentir vergüenza a los argentinos por las denuncias de trampa, porque en la cultura argentina la trampa (eso que ellos llaman “picardía”) es considerada una hazaña, una virtud, una viveza, casi un acto de heroísmo.
No es coincidencia que la idiosincrasia argentina haya sacralizado el gol con la mano de Maradona en el Mundial de 1986, al que se refieren cínica y obscenamente como “La Mano de Dios”, porque en su cultura la trampa es un acto de divinidad.
¿Que avanzan en el Mundial de 2026 de la manito de la FIFA, como lo hicieron en 2022? Maravilloso, porque para ellos lo importante es ganarse la copa y tener una nueva excusa para embriagarse hasta el vómito al ritmo de la cumbia villera.
Nivel 1: Abriste los ojos en este mundial
Nivel 2: Abriste los ojos en Qatar
Nivel 3: Tuviste siempre los ojos abiertos. Sabes que se dopó con 18 años, ganó todo bajo Negreira, le organizaron 6 Copa Americas en 11 años, fue humillado una década en Champions, se retiró de la selección porque había perdido el debate y tuvo que venir Infantino a resucitar su carrera
Lo que acaba de pasar con la pausa de hidratación después del gol de Curazao es exactamente el motivo por el que estoy tan en contra.
Alemania había quedado tocada, Curazao se le venía arriba a puro envión anímico y, de golpe, te frenan el partido, enfrían todo y lo reinician como si nada.
El fútbol no se juega en cuatro cuartos. Esto no es la NBA, la NFL ni uno de esos deportes yankees armados alrededor de las interrupciones.
Dejen de alterar el deporte más popular de la historia.
Echaste al entrenador más prometedor de Europa por un berrinche de un payaso al que mimas como si fuese CR7.
Se te va Kroos y Modric y decides que no hay que fichar a absolutamente nadie en el centro del campo.
Peleitas absurdas con todas las instituciones del fútbol.
Ridículo histórico en la construcción del Bernabeu..
TE SALVAS QUE NO TIENES COMPETENCIA. dictador.
En el primer gol arrastra a toda la defensa y en el segundo indica a Valverde un pase que él no podía ver por estar de espaldas.
Según los mamelucos al servicio del invasor "francés" fue un partido flojo porque no quiso sobar la bola más de lo necesario.