Esos locales y productos en Venezuela que buscan el Target de gente de plata, siempre terminan quebrando o bajando los precios para sobrevivir.
Los primeros meses viven porque el caraqueño es bastante pantallero y solo por presumir van.
En los círculos verdaderamente selectos del mundo, nadie hace fila para comprar un combo de cotufas.
Se las llevan discretamente al asiento acompañado de helado y de una copa de champán.
Resulta casi cómico observar a ciertos “nuevos ricos” del “tercer mundo”, empeñados en imitar lo que no comprenden.
Y más curioso aún es ver a quienes justifican el abuso, el robo y la usura como si fuese un símbolo de estatus, quizás es el más accesible al que pueden aspirar y pagar.
Escribiré un artículo sobre esto, cuando los sismos me dejen hacer otra cosa.