Ronaldo y Ronaldinho son el claro ejemplo de dos brasileños que jamás caerían en las garras de los evangélicos. Tal vez en las garras de los travas sí, pero jamás en las del evangelio.
Lo malo de expandir la Copa del Mundo a 48 participantes es que te encuentras a selecciones como Alemania o Países Bajos, que te bajan el nivel del torneo.