Ateo, apátrida e imbécil; aunque esto último es inherente a la especie humana, el problema es el grado.
Detesto a la gente, soporto a las personas (algunas).
El capitalismo se basa en el ahorro. El ahorro capitalizado es a lo que llamamos capital. Y con ese ahorro capitalizado es como construimos los bienes de capital. Ese tipo de cosas necesitan un ahorro previo. (1/5)
Nunca ha habido una guerra en la historia en la que el 80% del país haya sido destruido, el 100% de la población desplazada y el 50% de las muertes sean niños.
Llámelo como es: GENOCIDIO.
#CIJ_ICJ 🇵🇸⚖️🌎
@anluma99 ¿Sabes qué pasa? Que algunos exigimos un mínimo de coherencia y después de ver al MESIAS aplaudiendo hasta con las orejas al anterior papa en el parlamento europeo me da que sólo es pose y que si vuelven a tocar pelo volverán a lamer botas que es a lo que han venido, a pillar.
🧵1/Hace unos días un compañero escribió un hilo sobre el concepto de "fachapobre". Venía a decir que deberíamos abandonar la burla, hacer pedagogía, escuchar sus preocupaciones y tender puentes.
Muy noble todo. Muy cristiano incluso. Pero no. Porque el problema del fachapobre...
@IgnasiMoreta No así la semana pasada que eran el faro que ilumina la humanidad. De todas formas parece que os moleste más que no use el catalán a qué violen niños pero viene bien que cada vez asoméis más la patita.
Hay una lagartija en mi terraza que siempre sale a buscar comida mientras yo trabajo. No falla ningún día, para mí ya es como de la familia. No sabía que le había cogido tanto cariño hasta que hoy un pájaro ha aparecido de la nada y ha intentado comérsela...
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Vosotros sois muy jóvenes, pero la palabra de unos policías que estaban de parranda y se pusieron farrucos tuvo más peso que unos vídeos y 8 chavales se comieron hasta 10 años de cárcel.
Por contextualizar un poco lo de Valencia.
Vosotros sois muy jóvenes, pero la palabra de unos policías que estaban de parranda y se pusieron farrucos tuvo más peso que unos vídeos y 8 chavales se comieron hasta 10 años de cárcel.
Por contextualizar un poco lo de Valencia.
Muchas gracias por hacer estas declaraciones teniendo el vídeo de la actuación a la vista de todos. Así, la gente se hace una idea de lo que hacéis y de lo que contáis cuando no hay pruebas gráficas.
La función ideológica de la represión policial: un análisis desde la criminología crítica.
(O de cómo una profesora de 68 años se llevó un punto de sutura en la barbilla y el sindicato lo llamó "actuación profesional")
Dedicado a mi amigo @desempleado666
Este nuevo episodio de brutalidad policial no puede entenderse como un hecho aislado ni como un desliz individual. La profesora de 68 años que cayó al suelo tras ser embestida con la defensa, por detrás, mientras caminaba no fue víctima de un "exceso puntual". Fue el blanco de una lógica estructural. La respuesta institucional posterior, los "sindicatos" saliendo a justificar lo injustificable, mediante falacias de diferente grado de irrisoriedad, legitimando el empujón por la espalda,y ofreciendo "apoyo incondicional" al agente no fue una torpeza comunicativa. Fue la confesión pública de cómo opera realmente el control policial cuando la protesta molesta DE VERDAD.
La criminología crítica lleva décadas diciendo lo que los sindicatos policiales niegan: la policía no es (ni puede ser) un instrumento neutral que aplica la ley con independencia de quién protesta y cómo y por qué. La policía es una institución que produce orden. Y su forma de producirlo es selectiva, desigual y, cuando hace falta, violenta.
La cantinela liberal de que la policía "hace cumplir la ley" como si fuera un autómata imparcial no se sostiene ni empírica ni teóricamente. La ley es ambigua y redactada con el culo muchas veces (a veces a propósito), la discrecionalidad es enorme, y los agentes deciden en fracciones de segundo quién es una amenaza y quién no. Esa decisión no es neutral. Está atravesada por ideología, por prejuicios institucionales y por una concepción muy concreta de qu�� tipo de desorden merece ser castigado.
La profesora no estaba amenazando a nadie. No estaba lanzando objetos. No estaba agrediendo. Estaba caminando. Una advertencia verbal hubiera bastado seguramente para conseguir el mismo efecto. Y aun así, fue derribada. Porque lo que se estaba castigando no era un acto violento, sino una presencia. La presencia de una manifestante en una protesta que el sindicato policial considera ilegítima de antemano.
En cristiano: La policía no ve a una profesora. Ve a una "protestante de izquierdas", una "charo" (palabra predilecta de anormales simiescos tapones) Y para su ideología institucional, eso ya es suficiente como para merecer un empujón por la espalda.
La criminología crítica ha demostrado hasta la saciedad que la actuación policial es estructuralmente selectiva. No es una conspiración, es un patrón. Las protestas vinculadas a recortes sociales, a la educación pública, a la sanidad, a la vivienda... esas reciben respuestas contundentes. Las manifestaciones de quienes no cuestionan el orden las caceroladas de derechas, las protestas de propietarios, los bloqueos de quienes defienden sus privilegios, de terratenientes subvencionados... reciben otro trato.
La pregunta es sencilla: si en lugar de una profesora protestando por los recortes educativos, la calle la hubiera cortado un grupo de ultraderecha quejándose de la inmigración, ¿el agente habría actuado con la misma "rapidez"? ¿El sindicato habría salido a defenderlo con el mismo entusiasmo?
No hacen falta estudios sociológicos para responder. Basta con ver la trayectoria de los sindicatos policiales en los últimos años: su cercanía a partidos de extrema derecha, su rechazo sistemático a cualquier gobierno aunque sea de centro-izquierda blando, su defensa cerrada de la "mano dura".
En cristiano: La porra no duele igual para todos. Duele más si protestas contra el sistema. Duele menos si defiendes el sistema. Y los policías lo saben. Los sindicatos lo saben. Por eso la UFP salió a defender al agente antes de que pasaran 24 horas.
Cuando un policía dice "resistencia a la autoridad", el juez le cree. Cuando un manifestante dice "me han pegado por la espalda", el juez pide pruebas. Y aunque haya pruebas cámaras, vídeos, testigos el sistema judicial encuentra la forma de reducir la pena, de archivar el caso, de absolver al agente. Y si no, el gobierno indulta.
Es el círculo de la impunidad: el policía golpea, el sindicato defiende, el juez archiva, el gobierno indulta. Y mientras tanto, la profesora se lleva un punto de sutura en la barbilla y la certeza de que su agresor no será castigado. O si en este caso lo es, será porque las cámaras lo han captado y ha sido demasiado escandaloso.
Este no es un fallo del sistema. Es su funcionamiento normal. La credibilidad institucional no se distribuye por igual. Los que llevan uniforme tienen ventaja estructural sobre los que no lo llevan. Los que protestan, por definición, parten de una posición de desventaja: son los "sospechosos", los "conflictivos", los "alteradores del orden".
En cristiano: La palabra del policía vale más que la del manifestante. Aunque el policía mienta. Aunque haya cámaras. Aunque el manifestante tenga razón. Así funciona la justicia. No es un error. Es una característica.
Los sindicatos policiales no actúan como sindicatos normales. No defienden derechos laborales. Defienden la impunidad. Su lema no es "mejores condiciones para los trabajadores". Es "pase lo que pase, el compañero tiene razón".
Cuando la UFP dice "todo nuestro apoyo al compañero", no está evaluando los hechos. Está enviando un mensaje: da igual lo que haya pasado. Da igual que las imágenes muestren una agresión. Da igual que la víctima tenga 68 años. Nosotros protegemos a los nuestros.
Esta cohesión no es una desviación. Es un producto institucional. La policía se entrena para actuar en equipo, para cubrirse las espaldas, para no dejar tirado al compañero. Eso que en el discurso oficial se llama "espíritu de cuerpo", en la práctica significa: "declararemos todos lo mismo, aunque sea mentira".
En cristiano: El sindicato no investiga. No pregunta. No duda. Apoya. Porque su función no es depurar responsabilidades. Es blindar la impunidad. Y mientras lo consiga, los agentes seguirán actuando con la seguridad de que, pase lo que pase, tendrán quien les defiendan.
¿Y los policías que no están de acuerdo? Existen. Pero callan. Porque hablar tiene un coste. El ostracismo, el acoso laboral, la pérdida de oportunidades profesionales, el fin de la carrera. La estructura de incentivos está diseñada para que callar sea la opción racional.
La criminología crítica lo ha estudiado: las organizaciones policiales generan fuertes mecanismos de control interno que desincentivan la disidencia. El que denuncia a un compañero se convierte en un apestado. El que testifica en contra se queda solo. El que se niega a participar en una actuación violenta es marginado.
No es cobardía. Es racionalidad institucional. El sistema está diseñado para que los buenos callen o se vayan. Los que se quedan son los que aceptan las reglas. Y las reglas son: el compañero primero, la verdad después.
En cristiano: No todos los policías son reaccionarios o fascistoides. Pero los que no lo son tienen miedo. Miedo a perder el trabajo, miedo a las represalias, miedo a quedarse solos. Y mientras tengan miedo, los fascistas mandan. Y los fascistas pegan.
Más formación, más cámaras, más protocolos, más supervisión externa. Todo eso suena bien. Pero no toca la raíz del problema. Porque el problema no es que los policías estén mal formados. El problema es que su función en el sistema capitalista es gestionar la disidencia sobre todo como cuando es el caso de los profesores valencianos, molesta mucho, puede sentar precedentes y desencadenar una oleada de reivindicaciones salariales, no servir al pueblo.
No se puede reformar una institución cuya razón de ser es la represión. Se pueden poner parches, sí. Se pueden reducir los excesos más sangrantes, sí. Pero mientras la policía siga siendo el brazo armado de un orden social desigual, seguirá habiendo profesoras de 68 años tiradas en el suelo mientras el sindicato aplaude.
En cristiano: No se trata de "mejorar la policía". Se trata de entender para qué sirve la policía. Y para qué sirve es para proteger el orden. Y el orden, en este país, no está del lado de los que protestan contra los recortes educativos.
El caso de la profesora no es una anécdota. Es un síntoma. La agresión no fue un error. Fue una consecuencia previsible de una lógica institucional que define a ciertos manifestantes como enemigos, que legitima la violencia preventiva y que blinda a los agentes frente a cualquier rendición de cuentas.
La UFP salió a defender al agente porque esa es su función: proteger la impunidad del cuerpo. Los jueces archivarán o reducirán penas porque esa es su función: validar la versión oficial. El gobierno no tocará a los sindicatos policiales porque necesita su apoyo para controlar la calle. Y la profesora se quedará con su punto de sutura y con la certeza de que, en este país, protestar tiene precio.
En cristiano final: La próxima vez que la UFP hable de "actuación profesional", recuerda la imagen de una profesora de 68 años cayendo al suelo por la espalda. Esa es su profesionalidad. Ese es su orden. Esa es su ley. Nosotros no la compartimos. Y mientras podamos, la vamos a denunciar.