No echo de menos escribir código.
Pero sí echo de menos estar yo solo delante de un problema sin tener ni idea de cómo resolverlo.
Probar. Fallar. Darle vueltas durante horas. Y conseguirlo.
Al terminar no solo habías resuelto el problema. Notabas que algo había cambiado en tu cabeza. Habías desbloqueado algo en tu forma de pensar.
Ahora siento que tengo que esforzarme para usar mis propias neuronas. La recompensa es demasiado inmediata.
Antes estaba en resolver algo después de horas de frustración. Ahora puede estar en escribir un prompt y ver aparecer el resultado en segundos.
Hemos trasladado parte de la dopamina del scroll infinito a los prompts infinitos.
Y me preocupa lo fácil que resulta dejar de valorar el esfuerzo.
No solo programando.
Pensar cuesta.
Entender al otro cuesta.
Cambiar de opinión cuesta.
Y ahora incluso podemos preguntarle a una IA hasta encontrar una respuesta que confirme exactamente lo que ya pensábamos.
Siempre he dicho que lo bonito de programar nunca fue escribir código. Era resolver problemas.
Y, curiosamente, eso sigue siendo lo que más me gusta de la IA: me permite resolver problemas que antes ni siquiera podía plantearme.
Solo intento que, por el camino, no resuelva también por mí el esfuerzo de pensar.
🤍❤️ “Yo tenía una sola meta como jugador: ser jugador de #River. Cuando salieron 2 o 3 oportunidades lo volví loco a mi representante porque quería estar en River”.
🗣️ “Cuando firmé, lo que me emocionó fue cuando entré al vestuario y vi la camiseta de River con mi apellido atrás. Decís ya está, lo logré”.
🎙️ Enzo Pérez en Floyd Tv.