El arte de no rendirse nunca. Mirá esa sonrisa, hermano. Costó una vida, pero valió cada segundo. El mejor de todos los tiempos, cuadro de honor para siempre.
Hacerle entender a esa nena que hoy jugas el último partido en un Mundial, es difícil. Difícil porque creció viéndote derramar arte en cualquier césped. Difícil porque siempre esperaba los fin de semana para verte jugar. Difícil porque no puede imaginar los mundiales sin vos.
No estoy listo.
Y sinceramente, nunca voy a estarlo.
Porque aceptar que llegó el último baile de Lionel Messi es aceptar que también se termina una parte de nuestra vida.
No es solamente una Final del Mundo.
Es el cierre de la historia que marcó a toda una generación.
Por un instante, el planeta dejó de girar.
Minuto cero. Las agujas del reloj marcaron las 16:00 en cada rincón de la República Argentina y un silencio ensordecedor, de esos que muerden el estómago, amordazó al país.
Las persianas de los negocios volvieron a abrirse, pero ya nadie atendía: los comerciantes salían a la vereda a abrazarse con los vecinos. El planeta, finalmente, volvía a girar. Pero ahora lo hacía al ritmo de un pueblo que volvía a sentirse invencible. La bandera