Las poblaciones originarias pueden ser el centro espiritual de México si así lo quiere la Presidenta en su discurso, pero no son el centro de la demografía, ni de la sociedad, ni de la economía, ni de la cultura de México. Son la minoría de México.
*AMLO: EL SALVADOR EMOCIONAL DE LOS RESENTIDOS Y FRUSTRADOS*
¿Alguna vez te has preguntado por qué te cuesta tanto aceptar que AMLO se equivoca?
¿Por qué cada crítica te irrita, te hiere, te arde… como si te atacaran a ti personalmente?
La respuesta es sencilla y brutal:
no lo ves como un presidente, lo ves como un refugio emocional.
AMLO no se ganó tu lealtad con propuestas técnicas.
Te capturó por dentro.
No apeló a tu razón: apeló a tus heridas.
Él lo entendió antes que nadie: México no necesitaba un líder político, sino un terapeuta improvisado.
Y eso fue exactamente lo que ofreció.
No vendió políticas públicas; vendió consuelo.
No ofreció reformas; ofreció redención.
No prometió un país mejor; prometió que tú no eras el culpable de nada.
¿Fracasaste en la escuela? Fue culpa del “neoliberalismo”.
¿No tienes un buen trabajo? La “mafia del poder” te lo arrebató.
¿No lograste la vida que imaginabas? El sistema te traicionó.
En vez de empoderar, validó la derrota.
En vez de invitar a crecer, romantizó el resentimiento.
Y así nació su base más fiel:
una mezcla de frustración personal, dolor acumulado y necesidad de pertenecer.
AMLO hizo algo psicológicamente poderoso:
Transformó la impotencia en identidad.
El resentimiento en virtud.
La envidia en bandera política.
Y la culpa personal en enemigo externo.
Dividió al país entre “buenos” y “malos” porque una dicotomía emocional es más efectiva que cualquier argumento.
No necesitas pensar.
Solo necesitas elegir un bando.
Y qué cómodo es ese bando, ¿no?
Ahí no tienes que mejorar.
No tienes que competir.
No tienes que asumir tus propios errores.
Solo tienes que indignarte… y sentirte víctima con causa moral.
Por eso duele tanto cuando alguien critica a AMLO.
No están atacando a tu presidente.
Están atacando tu narrativa interna.
Esa que te dice que tú no fallaste, que tú no te equivocaste, que tú no pudiste hacer más.
Aceptar que AMLO miente, manipula o destruye instituciones implica aceptar una verdad dolorosa:
Su discurso también te mintió a ti.
Y tú lo necesitaste.
Por eso la defensa se vuelve irracional.
Por eso justificas lo injustificable:
militarización, ataques a la Corte, corrupción interna, incompetencia, propaganda, culto al líder.
Porque no defiendes a un gobierno.
Defiendes tu propia coartada.
¿Y si lo que más odias del “fifí” no es su riqueza… sino su autonomía?
¿Y si lo que te irrita no es su privilegio… sino que no necesita a nadie que le diga que vale?
¿Y si lo que más temes no es el autoritarismo… sino quedarte sin alguien a quien culpar?
Entonces no.
No te indigna que critiquen a AMLO.
Te indigna que te arranquen la ilusión que te sostiene.
Y eso —lo quieras o no—
se llama despertar psicológico. *TOMADO DE LA RED*