El último domingo del año
no pesa como los demás.
No trae prisa,
trae memoria.
Se sienta contigo
a repasar lo que dolió,
lo que no salió
y lo que, sin darte cuenta,
te salvó.
Es un domingo que no pide planes,
solo silencio.
Que te mira a los ojos
y te dice bajito
que sobreviviste.
Pronto empieza otro año.
Pero hoy no prometas nada.
Hoy agradece.
Respira.
Y perdónate
por todo lo que hiciste
como supiste.