En algún momento de la vida conoces a alguien que te incita a la verdad. A lo intrínseco. A la honestidad sin vueltas. Como si después de conocerlos ya no hubiera tiempo para perder, porque la verdadera pérdida de tiempo sería no ser genuino frente a quien saca lo mejor de vos.
No pierdas el tiempo explicando por qué te ha gustado esa alma. Dos seres se unen por hilos muy finos que el mundo no entiende, y nadie lo entiende. Es un bello misterio de dos.
Si algo le pido a la vida es dominar el arte de decir que no. Y decirlo siempre con respeto: no puedo, no quiero, no sé, en este momento no estoy disponible, no me hace feliz. Y hacerlo sin culpa, sin miedo, cerrando los ojos y durmiendo en paz.