Vacaciones de verano en Galicia, el Caribe con reuma
La gente cuando piensa en vacaciones de verano se imagina el Caribe: sol, palmeras, mojitos, calorcito, agua templada y una hamaca.
Pues muy bien.
Luego vienes a Galicia y descubres el Caribe celta, donde las palmeras existen, sí… pero están agarradas al suelo con depresión, porque el nordés les pega unas hostias que parecen ventiladores industriales puestos por el demonio.
Aquí no vienes a ponerte moreno.
Aquí vienes a negociar con la meteorología.
Porque en Galicia el verano no es una estación. Es un rumor.
Un día aparece el sol y todo el mundo se vuelve loco.
—¡Salió el sol! ¡Rápido! ¡A la playa! ¡Cancela la boda, deja al niño en casa de la abuela y arranca el coche!
Porque aquí un día de sol no se disfruta. Se caza.
Tú ves un rayo de sol entrando por la ventana y reaccionas como si hubieras visto al Espíritu Santo bajando por la persiana.
—¡María, mete la tortilla en el táper! ¡Niño, ponte el bañador! ¡Abuelo, no preguntes, sube al coche!
Y sales hacia la playa con la ilusión de Benidorm.
Pero claro, esto es Galicia.
Llegas a la playa, extiendes la toalla, te quitas la camiseta, te pones crema… y en ese momento el cielo dice:
—Qué bonito todo. Sería una pena… que entrara una niebla de Mordor.
Y de repente no ves ni al de al lado.
En Galicia tú no pierdes a los niños en la playa porque se vayan lejos. Los pierdes porque aparece una bruma que parece un capítulo de misterio sin presupuesto.
—¡Kevin!
—¡Papá!
—¿Dónde estás?
—¡A dos metros!
—¡No te veo!
—¡Yo tampoco!
Y encima siempre hay un gallego tranquilo diciendo:
—Esto abre ahora.
¡Esto no abre ahora, Manolo! ¡Esto parece Silent Hill con gaviotas!
Y luego está el agua.
El Atlántico gallego.
Eso no es mar.
Eso es una terapia de choque sin consentimiento.
Tú no entras al agua. Tú te presentas voluntario a un experimento.
Metes un pie y tu cuerpo manda un email urgente al cerebro:
“Estimado usuario: se ha detectado una temperatura incompatible con la vida. Procedemos a encogerlo todo.”
En Málaga te metes en el mar y dices:
—Qué gustito.
En Galicia te metes y dices:
—¡Madre de Dios, perdóname por todo!
El agua gallega no refresca. Te borra pecados.
Sales de allí más puro, más blanco y con la voz dos tonos más alta.
Y siempre está el típico gallego metido hasta el cuello diciendo:
—Está buenísima.
¡Claro que está buenísima! ¡Para conservar merluza hasta 2037!
Ese señor no es humano. Ese señor es percebe con DNI.
Pero lo mejor es que, después de congelarte como una croqueta, sales del agua y dices:
—Qué maravilla.
Porque Galicia tiene ese veneno.
Te maltrata con cariño.
Te empapa, te congela, te despeina, te mete arena hasta en el alma… y tú vas y te enamoras.
Porque Galicia es tóxica, pero con marisco.
Y hablando de marisco: aquí la dieta de verano no existe.
En Galicia tú llegas diciendo:
—Voy a cuidarme.
Ja.
JA.
A los tres días tienes el colesterol levantando bandera blanca y el estómago mandando cartas de agradecimiento al Parlamento gallego.
Porque aquí no se come. Aquí se rinde homenaje a la vida.
Empanada, pulpo, churrasco, lacón, pimientos de Padrón, navajas, mejillones, tortilla, pan de Cea, queso, filloas, tarta de Santiago…
¡Y todo “para picar”!
En Galicia te dicen:
—Vamos a tomar algo ligero.
Y aparece una mesa que parece el inventario de un barco mercante.
—Un poco de pulpo, una empanadita, unos calamares, unas zamburiñas, unos pimientos, una tortilla, unas croquetas, un choricito…
¿Ligero?
¡Ligero es el aire, señora! ¡Esto es un secuestro gastronómico!
Y los pimientos de Padrón son el casino nacional.
“Unos pican y otros no.”
Eso no es comida. Eso es jugarte la dignidad delante de tu familia.
Coges uno con seguridad.
—Bah, yo aguanto bien el picante.
Muerdes.
Y en medio segundo estás viendo a Rosalía de Castro montada en un dragón.
Empiezas a sudar por zonas del cuerpo que no sabías que tenían poros.
—¿Pica?
—No, no… está rico.
Mentira.
Estás muriendo por dentro, pero como eres español, antes muerto que reconocerlo.
Y luego viene el licor café.
El licor café gallego debería venir con cinturón de seguridad.
Tú dices:
—Solo un chupito.
Y el paisano te sirve una copa que podría arrancar un tractor.
A partir del segundo licor café ya no hablas: emites comunicados.
Empiezas diciendo:
—Yo mañana madrugo.
Y terminas a las cuatro de la mañana bailando una cumbia con una señora de Ourense que no conoces, mientras alguien grita:
—¡Otra ronda!
Eso es Galicia.
Vienes buscando descanso y acabas en una verbena con los riñones vibrando.
Porque las fiestas gallegas son otro nivel.
En otros sitios hay conciertos.
Aquí hay orquestas con más infraestructura que la NASA.
Llega una orquesta gallega al pueblo y ocupa más terreno que una base militar.
Camiones, luces, pantallas, humo, escaleras, plataformas, bailarines, focos, confeti…
Tú ves eso y dices:
—¿Quién toca hoy, Beyoncé?
No.
La Orquesta Panorama en San Cibrán de Arriba, al lado del campo de la petanca.
Y se lía.
Se lía fuerte.
Allí baila todo el mundo: niños con helado, abuelas con abanico, padres con riñonera, adolescentes intentando ligar, un tío con camiseta de “Ibiza 1998” y un señor que lleva desde las diez con el mismo cubata y ya es parte del mobiliario urbano.
La verbena gallega es patrimonio emocional de la humanidad.
Puedes escuchar reguetón, pasodoble, ranchera, Queen, bachata, muiñeira y “Paquito el Chocolatero” en la misma hora.
Y nadie pregunta nada.
Porque en Galicia, cuando suena la orquesta, se obedece.
Luego están los fuegos.
¡Ay, los fuegos!
En Galicia no hay fiesta sin fuegos artificiales. Aquí no se celebra nada si no parece que están bombardeando la ría.
A las doce y media de la noche:
¡PUM!
Los niños llorando, los perros negociando con Dios, los abuelos diciendo “qué bonitos” y tú intentando distinguir si son fuegos o si ha explotado la churrasquería.
Y todo el mundo mirando al cielo como si hubiera aparecido la Virgen con un dron.
Pero claro, es precioso.
Galicia tiene esa habilidad: te revienta los tímpanos y tú aplaudes.
Y luego está conducir en verano.
Eso es otro deporte de riesgo.
Las carreteras gallegas no se hicieron para ir de un sitio a otro. Se hicieron para probar si de verdad quieres llegar.
Curvas, cuestas, aldeas, tractores, vacas, ciclistas, turistas frenando para hacer fotos, señales tapadas por eucaliptos y un GPS que entra en crisis existencial.
—Gire a la derecha.
¿A la derecha dónde? ¿Por ese camino donde solo cabe una cabra de lado?
Y giras.
Porque en Galicia siempre giras.
Y acabas en una aldea preciosa donde hay tres casas, un hórreo, una fuente y un bar con un señor que te mira como diciendo:
—Este no es de aquí.
Pero entras.
Y sales dos horas después con café, tortilla, historia familiar del camarero y una recomendación para comprar miel a una prima suya.
Eso no te lo da Punta Cana.
Y luego está el turista que viene a Galicia pensando:
—Aquí hará fresquito.
Sí, amigo. Fresquito.
Pero también humedad.
La humedad gallega no está en el ambiente. Está empadronada.
Se mete en la ropa, en la cama, en las paredes, en los huesos, en tus planes y en tu autoestima.
Tú tiendes una toalla en agosto y se seca en octubre.
Y si la dejas mucho tiempo, igual le salen grelos.
Pero aun así, Galicia es magia.
Porque después de todo ese caos, después del orballo, del agua congelada, del nordés, de la niebla, de las curvas, del pimiento asesino, del licor café criminal, de la verbena con decibelios ilegales y de acabar con arena hasta en la partida de nacimiento…
Miras una puesta de sol en las Cíes, en Sanxenxo, en Finisterre, en Carnota, en la ría de Vigo, en la Costa da Morte, en la playa de Samil, en cualquier rincón con mar…
Y se te pasa todo.
Todo.
Porque Galicia es una bofetada de belleza.
Una de esas que te deja callado.
Y tú, que venías quejándote del tiempo, de la lluvia, del frío y de que no te pusiste moreno, acabas diciendo:
—Qué sitio, macho. Qué sitio.
Porque Galicia no compite con el verano de otros lugares.
Galicia juega a otra cosa.
Aquí no vienes a freírte al sol como un pollo de supermercado.
Aquí vienes a vivir.
A comer como si mañana prohibieran las calorías.
A bailar en una verbena como si te hubieran hackeado las piernas.
A bañarte en agua que te devuelve la humildad.
A entender que una nube no arruina un día si después hay pulpo.
A descubrir que el sol está muy bien, sí… pero una ría con niebla también te deja el alma planchada.
Y cuando te vas, dices:
—El año que viene me voy al Mediterráneo.
Mentira podrida.
El año que viene vuelves.
Porque Galicia engancha más que el licor café de garrafa.
Te mete humedad en los huesos, salitre en la piel, pimentón en la memoria y morriña en el corazón.
En otros sitios pasas las vacaciones.
En Galicia sobrevives al verano como un campeón: mojado, congelado, empachado, despeinado, con ojeras de verbena y oliendo a churrasco…
Pero feliz.
Muy feliz.
Porque Galicia no es un destino turístico.
Galicia es una trampa emocional con marisco.
Y una vez que caes…
Ya no sales.
Como mucho, sales a por pan.
Y vuelves con empanada.
"La ONU concluye que Israel ha cometido asesinato selectivo contra niños palestino, ha torturado, maltratado y abusado sexualmente de niños palestinos. Ha destruido orfanatos, escuelas e infraestructura infantil. Israel ha cometido crímenes de lesa humanidad".
La ONU acusó hoy oficialmente a "Israel" de crímenes de lesa humanidad contra los niños palestinos, asegurando que tienen multitud de pruebas de que los sionistas han matado de manera sistemática y selectiva a niños en Palestina, incluso afirma que han torturado y violado a niños.
Este informe debería ser portada de todos los medios de comunicación y motivo suficiente para arrestar de manera inminente a Netanyahu y disolver el apartheid sionista en Palestina.
María Vázquez.
Le cortaron los pezones, entre otras innombrables barbaries, siendo brutalmente torturada y violada en la prisión de Pontedeume, donde fue conducida a palos tras el golpe militar de 1936, sometida también a escarnio público.
Cansados de darle martirio la fusilaron en la playa de Miño – La Coruña el 19 agosto de 1936.
Cuando los fascistas quisieron asesinarla por la espalda, a pesar de estar destrozada, sacó fuerzas para plantarles cara y gritarles: «Cobardes, sed valientes y disparad de frente a una mujer».
Su casa fue saqueada y sus libros quemados. Su vida, su labor y su memoria sepultadas por el franquismo.
El enterrador al ver el estado de su ultrajado cuerpo quedó totalmente conmocionado.
Se llamaba María Vázquez Suárez, ejerció durante 12 años como maestra extendiendo los valores pedagógicos gratuitos, humanistas, feministas y laicistas de la segunda república.
Quienes la conocieron cuentan que era una persona muy sensible y entregada a su labor.
La primera mujer en hablar en público en Miño defendiendo, entre otras causas, los derechos de las mujeres.
María Vázquez no fue la única víctima del golpismo fascista y genocida, alrededor de 60.000 maestros y maestras fueron represaliad@s, siendo ellas las que sufrieron una represión más específica, machista y desproporcionada, para eliminar el modelo de mujer liberada de la segunda república, exterminando por ello un número significativo de maestras con extrema violencia de género, con violaciones y torturas previas a los fusilamientos, sobre todo en zonas rurales.
La consigna del franquismo era: «Escuelas vacías y más de mujeres»
El cura de Miño, Manuel Porta, dijo: «Afirmo con todos los caracteres de la realidad, que las alumnas que ha tenido María llevan en la frente el estigma rojo, que únicamente desaparecerá con la muerte.»
Unos días después del fusilamiento de María Vázquez un falangista le espetó en la cara a una de sus alumnas: «¿veis estos zapatos manchados de sangre? Pues es la sangre de vuestra profesora, la maté yo mismo.»
Después el franquismo, la sección femenina y los curas empezaron a formar mujeres sumisas y serviles a los hombres y útiles al régimen.
P.d. – Dedicado a una alumna mía que dijo hace poco en clase que con Franco se vivía mejor.
(Texto original de Jorge Núñez Jiménez)
The United States has recently killed the Father, Mother, Sister, Wife, Son and many other family members of Irans new leader Mojtaba Khamenei
And they now expect him to fall to his knees and surrender?
I'll let the Russian General explain.
“Los "Hermanos Alexander" eran agentes inmobiliarios sionistas de alto perfil.
También violaron, drogaron y traficaron con mujeres menores de edad.
Jared Kushner los invitó a todos a un baile en la Casa Blanca y era muy amigo de ellos.
Esta es la "Clase Epstein".”
Queremos enterarnos del contenido de todos los ficheros de Epstein y queremos que se exija rendición de cuentas a todos los participantes en las violaciones y salvajadas que se han hecho a las niñas y las jóvenes. Trump debe cesar e ir a la cárcel.
🇺🇸El algoritmo está intentando borrar estas imágenes del asesinato de la gestapo de Trump en Minnesota, contra la mujer Renee Nicole Good, de 37 años.
Cuando el imperialismo habla de “libertad y justicia” siempre lleva el
dedo en el gatillo y las bombas y misiles en los aviones.
La esposa de Renee Good, Becca Good, ha publicado este mensaje:
Primero, quiero expresar mi gratitud a todas las personas que, desde todo el país y el mundo, nos han apoyado. Esta amabilidad de desconocidos es el homenaje más apropiado, porque si alguna vez conocieron a mi esposa, Renée Nicole Macklin Good, saben que, por encima de todo, era amable. De hecho, irradiaba amabilidad. Renée brillaba. De verdad brillaba. O sea, no usaba brillantina, pero juro que le salían destellos por los poros. Todo el tiempo. Podrías pensar que era solo mi amor, pero su familia decía lo mismo.
Renée era un rayo de sol. Renée vivía con una convicción fundamental: hay bondad en el mundo y debemos hacer todo lo posible por encontrarla donde reside y nutrirla donde necesita crecer. Renee era cristiana y sabía que todas las religiones enseñan la misma verdad esencial: estamos aquí para amarnos, cuidarnos y mantenernos sanos y salvos. Como lo han hecho personas de todas partes del mundo, nos mudamos para buscar una vida mejor. Elegimos Minnesota para establecer nuestro hogar. Durante todo nuestro largo viaje por carretera hasta aquí, nos tomamos de la mano en el coche mientras nuestro hijo dibujaba por las ventanas para pasar el tiempo y los kilómetros. Lo que encontramos al llegar aquí fue una comunidad vibrante y acogedora; hicimos amigos y compartimos alegría. Y aunque cualquier lugar donde estuviéramos juntos era nuestro hogar, aquí en Minneapolis compartíamos un fuerte sentimiento de apoyo mutuo. Aquí, por fin, encontré paz y un refugio seguro. Eso me lo habían arrebatado para siempre. Criamos a nuestro hijo para que creyera que, sin importar de dónde vengas ni cómo te veas, todos merecemos compasión y bondad. Renee vivía esta convicción a diario. Es puro amor. Es pura alegría. Es pura luz. El miércoles 7 de enero, nos detuvimos para apoyar a nuestros vecinos. Teníamos silbatos. Ellos tenían armas. Renée deja tres hijos extraordinarios; el menor tiene solo seis años y ya perdió a su padre.
Ahora me toca criar a nuestro hijo y seguir enseñándole, como creía Renée, que hay personas construyendo un mundo mejor para él. Que quienes hicieron esto tenían miedo y rabia en sus corazones, y que debemos mostrarles un camino mejor. Les agradecemos la privacidad que le brindan a nuestra familia durante nuestro duelo. Les agradecemos por asegurar que el legado de Renee sea de bondad y amor. Honramos su memoria viviendo sus valores: rechazar el odio y elegir la compasión, alejarnos del miedo y buscar la paz, rechazar la división y saber que debemos unirnos para construir un mundo donde todos regresemos sanos y salvos a casa con nuestros seres queridos.
Emmanuel Todd: “La guerra de Ucrania se vive en Occidente como una invasión rusa de Ucrania y, por supuesto, admito que fue el ejército ruso el que entró en Ucrania. Pero la realidad histórica es que la verdadera causa del conflicto es la expansión de la OTAN hacia Rusia, a través de Ucrania, y la guerra librada por los propios ucranianos, empujados por Occidente, contra los rusos del Donbás. Es totalmente cierto que, para los rusos, esta guerra es defensiva. Para mí es evidente que los estadounidenses y los europeos son los agresores, ya que han llegado a menos de mil kilómetros de Moscú. Esta es la situación objetiva. Lo fascinante es que estos agresores piensan que son ellos los agredidos y que se ven obligados a defenderse. Hay un elemento de locura en nuestra situación en Europa.”
“Los palestinos de Gaza están literalmente SOLOS, CONGELADOS y HAMBRIENTOS en la tormenta invernal. ME PREGUNTO CÓMO NOS CONVERTIMOS EN ESOS MONSTRUOS, INCAPACES DE DETENER ESTA PESADILLA. Por ellos, por nosotros, por lo que queda del pueblo en cuyo nombre se comete este genocidio.”
-Francesca Albanese