Argentino - casado con una hermosa y excepcional Mujer que me dio una princesa de 19 años- Abogado Penalista - Hincha de Huracán - REPUBLICANO - ANTI K - 2025
En medio de la tormenta económica y política, el amor sigue siendo el único refugio que no se devalúa.
Un BESO de Gabriela y de Mica, o un mensaje sincero de un amigo, valen más que cualquier logro. Ese es mi sueño hecho realidad. Por eso cuidemos eso con uñas y dientes. Es lo único realmente nuestro...
Un Viejo Abogado decía, que un buen penalista defiende al imputado, pero nunca defiende el delito.
Con los años entendí que la verdadera justicia está en respetar las garantías sin perder el norte: la verdad y la paz social...
La Ley 26.485 de Violencia de Género, en su aplicación, genera más daño que prevención.
El simple "relato" en una denuncia basta para restringir libertad, apartar padres de sus hijos y arruinar reputaciones SIN prueba. Muchas veces es usada por despecho o venganza en disputas familiares.
Presunción de inocencia no puede ser un lujo solo para algunos. Urge reforma: investigar con rigor y sancionar duramente las falsas denuncias. Justicia no es género, es verdad....
Me asombra lo fácil que se direccionan los pensamientos cuando la memoria es corta. Durante años, mientras el país se hundía, muchos guardaron un silencio absoluto. Hoy, sin embargo, se cuestionan logros que parecían imposibles, como si bajar la inflación drásticamente no fuera un mérito real después del desastre que heredamos. Noto una desproporción constante en los juicios: se escracha a un funcionario por su vivienda, comprada tras vender su propiedad anterior y con una trayectoria en el sector privado, como si para ejercer un cargo público hubiera que vivir en la indigencia para ser respetado. Mientras que el kirchnerismo vivía en constante lujo.
Está claro que robar está mal y la transparencia debe ser total, pero también está mal tomar la justicia por mano propia. Escrachar a alguien que no tiene ni una condena ni un procesamiento es, cuanto menos, poco serio. Estamos perdiendo la racionalidad y transformando la especulación política en una verdad absoluta. Si queremos ser un país serio, dejemos que la Justicia investigue con pruebas y no con prejuicios. No se trata de defender a una gestión, sino de defender el debido proceso y la honestidad intelectual que tanta falta nos hace para no volver a tropezar con la misma piedra. KIRCHNERISMO NUNCA MAS!!!
El fallo de la Cámara de Apelaciones de Nueva York revocando los USD 16.100 millones por YPF es una gran victoria jurídica para Argentina. Como Abogado celebro que se aplique el derecho correctamente y se evite un daño millonario al Estado. Pero no olvidemos: Que esta controversia la generó la expropiación kirchnerista de 2012, hecha con populismo y sin seriedad. Las malas decisiones del pasado nos siguen costando caro. Hay que robustecer la Justicia y las instituciones para que hechos como este no se repitan...
Como vecino de La Matanza, cada día es más palpable la sensación de zona liberada. Tiros a cualquier hora, plazas tomadas y miedo constante al salir a la calle. El Estado provincial no cumple con su obligación de garantizar seguridad. En lugar de reformar las fuerzas de seguridad y la Justicia -que claramente no funcionan-, se dedica a advertirnos contra la “justicia por mano propia” y a atarnos las manos. Mientras tanto, cuando llamamos al 911 nos reciben con preguntas dilatorias que solo dan más tiempo a los delincuentes. El municipio, en vez de cámaras de seguridad reales, pone fotomultas para recaudar. Ya no sabemos cómo reaccionar. Esto no da para más...
La crisis argentina no se origina en la falta de recursos, ya que estos existen y son abundantes, sino que proviene de una falencia estructural que los sucesivos gobiernos han utilizado para condicionar nuestras vidas. Esta degradación de nuestra salud y seguridad es el mejor ejemplo de cómo la gestión política, en lugar de solucionar los problemas de fondo, se convierte en el factor que limita nuestro bienestar y desarrollo...
Vivimos inmersos en una normalización del deterioro que nos impide ver la gravedad de nuestra situación cotidiana. Desde el bache que esquivamos por años hasta la falta de insumos básicos o la inseguridad permanente, estas situaciones no son normales, sino el ejemplo más claro de cómo los gobiernos nos han condicionado a aceptar una realidad degradada como si fuera el destino inevitable de nuestro país...
Hemos aceptado como algo natural que el Estado nos robe el recurso más valioso que tenemos: nuestro tiempo. La burocracia infinita, el trámite que nunca termina y la ineficiencia administrativa no son errores de gestión, sino un mecanismo de control que nos obliga a mendigar soluciones para lo que debería ser simple. Esta normalización del maltrato ciudadano es la prueba definitiva de una estructura diseñada para servir al poder y no a la gente.
Resulta alarmante cómo nos acostumbramos a transitar pasillos de tribunales donde la verdad se negocia y la justicia se vende al mejor postor. Esa estructura viciada, que disfraza de "error procesal" lo que en realidad es el peso de un sobre, es el mecanismo perfecto para que los gobiernos nos condicionen a vivir en la inseguridad jurídica. Cuando el refugio del poder es la impunidad garantizada, lo que termina perdiéndose no es solo un expediente, sino la dignidad de toda una sociedad...
Es imposible esperar justicia de una casta de jueces, fiscales y empleados judiciales que han transformado los tribunales en una sociedad de socorros mutuos para la impunidad. Resulta obsceno ver cómo juzgan el enriquecimiento ajeno desde un nivel de vida propio que no pueden explicar, demostrando que no son magistrados sino socios del poder político en el negocio de la corrupción. Esta complicidad estructural es la que garantiza que nada cambie, mientras quienes deberían impartir derecho viven en una realidad de privilegios financiada por el deterioro de todos los argentinos...
La normalización del deterioro alcanzó su punto más oscuro en el avance de la droga sobre nuestros adolescentes y adultos jóvenes. Este flagelo no es un fenómeno aislado, sino el resultado de décadas de un Estado que cedió territorio y futuro, dejando a los médicos en la primera línea de una batalla desigual, sin recursos ni contención. El oligopolio político que vació las instituciones hoy mira para otro lado mientras el sistema de salud colapsa, obligando a los profesionales a gestionar la tragedia en lugar de prevenirla. Hemos permitido que la marginalidad y la falta de horizonte se vuelvan el paisaje cotidiano de una generación que fue entregada por quienes debían protegerla...
La perversión de los valores institucionales es el principio de nuestra degradación: un Estado que decidió jerarquizar derechos y otorgar reparaciones de privilegio a quienes, desde la subversión, perseguían designios ajenos a la Nación, mientras condenaba al olvido a los soldados conscriptos que cayeron en Malvinas cumpliendo con el deber sagrado de la patria. Aunque el verdugo militar fue el mismo para ambos, la asimetría en el trato posterior es la prueba de una política de memoria diseñada para priorizar el conflicto ideológico por sobre el sacrificio soberano. Hemos normalizado que se reivindique la violencia política mientras se posterga la dignidad de quienes, siendo apenas chicos, entregaron su vida por la bandera sin condiciones...
El drama de las jubilaciones es el resultado final de décadas de un oligopolio político que usó los aportes como caja propia. Los gobiernos anteriores consolidaron un sistema de desprecio por el esfuerzo ajeno, normalizando el uso de los fondos previsionales para financiar el déficit y la política en lugar de proteger al jubilado. Lo que vemos hoy no es una crisis aislada, sino el colapso planificado por quienes convirtieron la seguridad social en una variable de ajuste permanente...
"A todos los socialistas les deseo:
La abundancia de Venezuela, el salario de Cuba, la justicia de China y la libertad de Corea del Norte”. Vargas Llosa despidiéndose de Cuba.
“Todos los intentos por arraigar las utopías en sociedad nos han traído fracasos", dice hoy el autor.💙
Durante más de treinta y seis años he transitado los tribunales de este país, primero como estudiante, luego como abogado y muchas veces como parte.En esa larga travesía conocí a muchos jueces. Algunos fueron compañeros de la Facultad, con quienes compartimos aquellos años universitarios llenos de ideales, de debates encendidos y de una fe casi religiosa en la Justicia. Creíamos que el Derecho era el instrumento más noble para construir una sociedad mejor. Soñábamos con un Poder Judicial independiente, honesto y eficaz. El tiempo fue cruel con aquellos sueños. Porque hay una diferencia abismal entre la carrera de Derecho y la profesión de abogado. La carrera nos enseñó principios, valores y una idea abstracta de Justicia. La profesión, en cambio, nos mostró la crudeza de un sistema muchas veces enfermo, lento, opaco y, en demasiados casos, corrupto. El Derecho, como ente abstracto, es una herramienta extraordinaria. Cuando funciona bien, genera orden, seguridad, confianza y bienestar colectivo. Un buen sistema judicial es la columna vertebral de cualquier nación. Si tuviéramos un Poder Judicial realmente independiente, ágil y honesto, este país no sería lo que es hoy. Pensemos fríamente:
Si la Justicia funcionara como debería, no existirían presidentes corruptos, ni legisladores impunes, ni funcionarios que roban a cara descubierta. Porque un Poder Judicial fuerte y creíble actúa como freno real al poder político y al abuso. Cuando falla la Justicia, falla el país entero. Porque sin Justicia confiable no hay inversión, no hay seguridad jurídica, no hay futuro previsible. La corrupción se vuelve rentable, la impunidad se naturaliza y la gente común pierde la fe en las instituciones. Yo sigo aquí, después de casi cuatro décadas, todavía peleando desde la trinchera de la abogacía. No porque crea que el sistema se va a arreglar solo, sino porque sé que cada caso que se defiende con honestidad, cada escrito que se presenta con rigor y cada voz que se levanta contra la injusticia, suma al ruido necesario.
La injusticia ya no me sorprende.
Me acostumbró.
Pero nunca logró doblegarme.
Me indigna de sobremanera, que la Justicia de Familia de Comodoro Rivadavia haya entregado a un niño de 4 años a su madre a pesar de que el propio Ángel suplicaba entre lágrimas no querer ir con ella. Hoy el nene está muerto, con múltiples golpes en la cabeza. Esto no es un “error judicial”.
Esto es una negligencia grave y una decisión irresponsable que priorizó la ideología del vínculo biológico por sobre la protección real del niño. Los jueces de Familia que actúan así no protegen a los menores: los exponen. Vergüenza y bronca...
El sistema parece responder más a sus propios privilegios que a los ciudadanos. Hay una “quiebra moral de las instituciones” donde la verdad formal se impone sobre la real, y la complicidad estructural protege a la “casta”...