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Volaré como el viento sin dejar una señal, y cuando el día comience... Volveré a volar.
IG @aileen_129
Hay pocas cosas más importantes que sentirnos queridos. Tu familia, tu pareja, tus amigos más cercanos, eso es la vida.
Cuida de tus vínculos, sin ellos no hay salud mental.
Admirar a tu hombre es lo que de verdad encula. Sentir mucho está bien, pero que te alucine quién es ese hombre en todas las áreas de su vida y cómo eres tú cuando estás a su lado es increíble. El amor a largo plazo se sostiene en mirarse con orgullo. Sin duda.
Hay una cosa sobre la ceguera que nunca cuento casi porque sinceramente todavía me cuesta muchísimo explicarla.
Y es el miedo.
No el miedo a caerme.
No el miedo a cruzar una calle.
No.
El miedo de verdad muchas veces es otro.
El miedo a dejar de formar parte del mundo poco a poco.
Porque cuando pierdes vista no solo desaparecen imágenes.
A veces también desaparecen miradas.
Planes.
Mensajes.
Personas.
Y eso sí duele muchísimo.
Porque hay gente que no sabe cómo tratarte después.
De repente hablan contigo diferente.
Más lento.
Más raro.
Como si te hubieras convertido en algo frágil.
Y hostia… eso rompe más por dentro que muchísimas cosas físicas.
Yo recuerdo momentos muy concretos donde sentí que la vida de los demás seguía avanzando…
y yo me estaba quedando quieto atrás.
Escuchando cómo todo cambiaba alrededor mientras intentaba fingir que estaba bien.
Y sinceramente hubo días donde pensé:
“¿Quién coño va a querer compartir vida conmigo así?”
Porque nadie habla del miedo que da sentirse una carga.
Nadie habla del silencio que queda cuando llegas a casa después de hacerte el fuerte todo el día.
Nadie habla de lo muchísimo que cansa demostrar constantemente que sigues siendo válido para vivir normal.
Para amar.
Para salir.
Para trabajar.
Para hacer planes.
Para existir sin pedir perdón todo el rato.
Pero luego pasan cosas pequeñas que te salvan un poco.
Una persona que se queda.
Una amistad que no cambia.
Alguien que te habla exactamente igual que antes.
Un abrazo inesperado.
Una mano en el hombro.
Una conversación normal.
Y de repente entiendes algo muy importante.
Que lo que más necesita una persona con discapacidad no siempre es ayuda.
Muchas veces lo que más necesita… es no sentirse sola dentro del mundo.
Porque la inclusión real no va de campañas bonitas.
Va de llamar.
De quedar.
De seguir contando con alguien aunque la vida se haya complicado.
Va de no desaparecer.
Y sinceramente creo que eso podría cambiarle la vida a muchísima gente.
Porque te prometo una cosa.
Hay personas discapacitadas ahora mismo leyendo esto…
que no necesitan que les solucionen la vida.
Solo necesitan sentir que todavía forman parte de ella.
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La sangría no necesita vino de escaparate: necesita equilibrio, reposo y fruta bien tratada. El vino sencillo se trabaja; el malo sólo se tapa.
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Del crudo al duro hay minutos de diferencia. Si no sabes origen, frescura y uso, no juegues a valiente: cuece con cabeza y piensa en seguridad alimentaria.
Siempre lo he dicho: lo más bonito que puede regalarte alguien es tiempo. Que una persona sea capaz de romper su rutina, cambiar sus planes si es necesario, dedicar un ratito de su día a estar contigo... lo apreciamos poco y es tan valioso. El tiempo es lo único que no vuelve.
Hay una razón por la que algunas personas parecen volverse más interesantes con los años mientras otras parecen quedarse atrapadas en el mismo lugar.
Y no tiene mucho que ver con la inteligencia.
Tiene que ver con la capacidad de seguir aprendiendo.
Cuando eres joven, aprender ocurre casi por obligación.
La escuela te empuja.
La universidad te empuja.
El trabajo te obliga a adquirir ciertas habilidades.
Pero llega un momento en el que nadie te obliga.
Y ahí aparece una diferencia enorme.
Algunas personas dejan de aprender en cuanto dejan de ser evaluadas.
Siguen viviendo décadas enteras con las mismas opiniones.
Las mismas explicaciones.
Las mismas conclusiones sobre el mundo.
Otras hacen algo distinto.
Siguen leyendo.
Siguen preguntando.
Siguen interesándose por temas que no tienen una utilidad inmediata.
Siguen sintiendo curiosidad.
Y esa curiosidad produce un efecto curioso.
Mantiene la mente flexible.
Porque aprender algo nuevo no consiste únicamente en adquirir información.
Muchas veces consiste en descubrir que estabas equivocado.
Y eso requiere humildad.
Por eso el aprendizaje continuo tiene menos relación con la inteligencia de lo que parece.
Tiene más relación con el ego.
Con la capacidad de admitir:
"No lo sabía."
"Estaba equivocado."
"Nunca lo había visto de esa manera."
Las personas que conservan esa capacidad suelen envejecer de forma diferente.
No porque tengan todas las respuestas.
Sino porque siguen haciendo preguntas.
Y quizá esa sea una de las diferencias más importantes entre crecer y simplemente hacerse mayor.
Edimburgo es un poema de piedra y niebla escrito sobre el lomo de un viejo volcán dormido. Es una partitura de dos almas melancólicas donde el pasado medieval susurra entre callejones oscuros y el orden neoclásico canta a la luz de la razón…
Nadie habla de la frustración absoluta que es demorarse horas arreglando y limpiando la casa, para que al día siguiente vuelva a estar exactamente igual de desordenada. Es la tarea más desagradecida del universo.
Los alimentos concentrados para mascotas son ultraprocesados que utilizan colorantes y conservantes que hoy en día están prohibidos para el consumo humano. Además, su alto contenido de almidones daña su dentadura gravemente, provocando periodontitis. No es coincidencia que la esperanza de vida actual de un perro sea de apenas 14 años, cuando hace cinco décadas podían vivir hasta 25.
Pronto escribiré en detalle sobre esta alarmante realidad.