Lloré sola, dormí sola, me desahogué sola, me calmé los ataques de ansiedad sola, me sentí sola, me aconsejé sola, comí sola, paso tiempo sola. Nadie vivió mi vida, ni lloró mis lágrimas, entonces nadie tiene derecho a juzgar mi forma de ser.
Tengo una regla inquebrantable: te doy el doble de lo que me das, pero te quito todo en el momento en el que me fallas. Mi paz es cara, y mi capacidad para irme y no mirar atrás es mi rasgo más fuerte.
Prefiero comer vidrio a volver a vivir el estar en una relación y sentirme sola, triste y sin motivación por dar todo por una persona que jamás dio ni un suspiro por mi.
cuando alguien no te elige no se acaba nada, ni la vida, ni el amor, nada. al contrario, empiezan nuevas oportunidades para ti, y es que no ser elegido también es ganar.