Te banque en las buenas, en las malas, en los títulos y cuando no nos salía nada. Me levantaba temprano para ver a Barcelona, me pelee con medio mundo cuando se cuestionaba tu actitud. Pase lo que pase, vas a ser mi máximo ídolo, pero en esta no cuentes conmigo.
No te comparo con Maradona, no te pido gestos políticos, hasta te puedo dejar pasar que no quieras empatizar con la sociedad de tu país, pero en esta no. Tomaste la decisión de no ir a la Casa Rosada a mostrarle la copa a tu pueblo, pero vas a la Casa Blanca a exhibir el titulo de una liga pedorra con un presidente que acaba de iniciar una guerra en Medio Oriente.
Te ganaste el derecho de hacer lo que quieras, pero darle la espalda al país que lloró y se golpeó el pecho de orgullo por vos, duele. Ojalá puedas darla vuelta.
“Yo me dediqué a cambiar el mundo y no cambié un carajo, pero estuve entretenido. Sin embargo, me voy a morir feliz.
No gasté mi vida solo consumiendo. La gasté soñando, peleando, luchando. Me cagaron a palos, sí, pero le di un sentido a mi existencia”.
Hasta siempre, Pepe.
Se murió el Papa, el primero (y no se si no el último en mucho tiempo) que realmente abrió la iglesia a las personas LGBTQI+. Será tonto para algunos, poco para otros, pero para muchos la posibilidad de vivir su fe y su sexualidad sin culpa y de frente a Dios.