Tus lágrimas son las nuestras, Capitán 👑🇦🇷
Nos diste las alegrías más grandes de nuestras vidas. Gracias por la entrega, por la magia y por dar la vida hasta el último segundo 🙌
¡Te amamos para siempre, Leo! 🩵🤍
A raíz de este tuit, que también compartí en Instagram, no pocos saltaron a completar la lista: la UBA entre las diez mejores universidades del mundo, Martha Argerich, Buenos Aires como primera ciudad latinoamericana en tener subte, la libertad de vientres en 1813, el Teatro Colón, los glaciares y las riquezas naturales, el movimiento Ni Una Menos y una infinidad de etcéteras. Algunas señoras aportaron, envaradas ellas, “la reina Máxima”, lo que me dio como ternurita. Hasta la estrella culona fue invocada. Por favor, sigan completando la lista, que me encanta.
Con “a vuelo de pájaro” quise decir “someramente”. Es imposible incluir todo el palmarés argentino en un solo post.
Noto un sentimiento antiargentino creciente e inmerecido, que ya excede el folclore futbolístico, y me preocupa.
A los ingleses, que están desconsolados —¿quién podría culparlos?— y no paran de hacer papelones en redes con comentarios que dan vergüenza ajena; a algunos mexicanos delirantes, que siguen fantaseando con una rivalidad que solo existe en sus mentes; y a otras nacionalidades, vecinas o no, que siempre han mirado a nuestro país con una mezcla de inconfesable admiración y ojeriza, se sumaron otros países a esta ola infame.
Para asedar el odio que les produce que Argentina haya llegado —“¡otra vez, será posible!”— a estas instancias, se autoconsuelan diciendo que, en realidad, el fútbol “es lo único que tenemos”, “en lo único que nos destacamos” o “en lo único que somos buenos”, como le escuché decir ayer a un pirata escocido.
Es una falta de respeto.
Argentina fue durante gran parte del siglo XX una sociedad excepcionalmente igualitaria para los estándares latinoamericanos: una amplia clase media, educación pública de calidad, universidad gratuita, fuerte movilidad social y una enorme inmigración que encontró aquí oportunidades. De ese ecosistema surgieron cinco Premios Nobel, Borges, Favaloro, Milstein, el tango, Quino, dos premios Óscar, desarrollo nuclear y satelital, una gastronomía de nivel mundial y avances pioneros en materia de derechos civiles, solo por citar algunos ejemplos. El fútbol es apenas una consecuencia más de un país que históricamente produjo mucho más talento del que por su tamaño (0,6 % de la población mundial) se esperaría.
De modo que conviene domeñar impulsos y ser cauto a la hora de hablar. Nos va bien en el fútbol, pero también en otras cosas. ¿Tenemos problemas aquí y allí? Seguramente. Los resolveremos.
A continuación, desarrollamos —a vuelo de pájaro— aquellas otras cuestiones, además del fútbol, en las que nos destacamos.
Me fascina el concepto de que en la concentración de Argentina cante La Mona y en la de Inglaterra Ed Sheeran. Un contraste tan divino como preciso. No cambiaría lugares por nada del mundo.