Hay personas que no quieren drogarse más.
Pero tampoco saben vivir sin consumir.
Porque después de años utilizando sustancias para gestionar emociones, socializar, dormir, desconectar o incluso sentirse válidos… aparece una pregunta muy difícil:
“¿Quién soy yo sin esto?”
La mayoría se rinde cuando no ve resultados…
los pocos que aguantan, cambian su vida.
No es talento.
No es suerte.
Es repetir cuando no tienes ganas.
Días buenos, días malos… da igual.
Sigues.
Porque al final,
el tiempo siempre se pone del lado del que no se rinde.
Soy lo suficientemente madura para admitir que a veces soy una persona difícil. Sobrepienso todo, actúo con impulsividad y puedo ser complicada de entender. Soy sensible a otro nivel y necesito paciencia, pero también sé que mi amor no se compara con el de nadie.
Siempre me acuerdo de vos, en cualquier lado, momento, día, noche, siempre miro al cielo las estrellas y me pregunto si me verás, y si me extrañarás tanto como lo hago yo.
Esta versión mía, no fue hecha de la noche a la mañana. Es experiencia. Es dolor. Es inseguridades. Es mal de amor. Es depresión. Es ansiedad. Es traición, tuve que pasar por mucho para poder llegar al nivel que estoy ahora y no volvería a mi yo del pasado por nada ni nadie.