La imagen de Nicolás Maduro esposado difundida por la Casa Blanca no es justicia internacional, es propaganda de guerra.
Donald Trump no ha anunciado una “transición democrática”. Ha anunciado una ocupación. Bombardeo previo, presidente capturado, amenaza de nuevas oleadas militares y un mensaje claro: EEUU va a gobernar Venezuela. No por los derechos humanos, no por la democracia, sino por el control directo de un país soberano.
Colonialismo sin eufemismos, con portaaviones y comunicados triunfalistas.
El propio Trump lo dice sin rubor: las grandes petroleras estadounidenses entrarán a “arreglar” Venezuela y a “generar ingresos”. Traducido: saqueo, empresas privadas escoltadas por el ejército y un país reducido a yacimiento estratégico. La vieja doctrina Monroe, actualizada en versión siglo XXI y a cara descubierta.
Hoy es Venezuela; mañana, cualquiera que no se pliegue.
No es libertad lo que anuncian.
Es dominación.
Y conviene llamarla por su nombre.