A Kennedy le reventaron la cabeza a tropecientos metros y en movimiento dentro de un coche, pero, por lo que sea, a un orondo octogenario con menos movilidad que un gato de escayola no hay manera de acertarle.
La prostitución no es un ejercicio de libertad, sino la culminación de la violencia económica del capital sobre la mujer proletaria. No existe consentimiento allí donde impera la necesidad de supervivencia.
Si lo que ganamos trabajando para los ricos, lo gastamos en las viviendas de su propiedad, somos literalmente esclavos porque no hay transferencia real de dinero.