En sanfermines sólo hay borrachos y toros (capítulo 352): la grandísima @CrisRamosStar, ganadora de got talent España, la voz Mexico, finalista got talent america y worlds world talent...se pone a hacer esto en la media luna con músicos de Pamplona.
#sanfermines2026#momenticos
Qué foto. Julio G. S., uno de los dos hermanos detenidos por el crimen de Francisca Cádenas en el pueblo de Hornachos (Badajoz), cruza la mirada con la familia de Cádenas durante el registro de su vivienda.
Autor: J. V. Arnelas para el diario @hoyextremadura.
Hostia con la putrefacción cerebral de algunos… Qué manera de verter su tristeza😣
Si supieran que llevamos 20 años, 8 discos, que hemos llegado a acumular 3 trabajos simultáneos y que vivimos únicamente de esto desde hace prácticamente una década… Habría más de un harakiri…
Hoy Ante Budimir ha sido delantero, goleador, mediapunta, extremo, pivote defensivo, central, carrilero, fontanero, electricista, paleta y mozo de almacén.
Qué espectáculo.
El edificio Kavanagh, en Buenos Aires, fue el primer rascacielos de Sudamérica.
Parece neoyorquino, pero tiene algo que los rascacielos de Nueva York no tienen: una leyenda. Porque el Kavanagh se construyó por un despecho amoroso.
Esta es la historia:
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Esto va para quienes me están diciendo que "me informe de lo que pasó de verdad en Argentina".
Parece solo una frase más o menos inocua, pero hay una violencia en esa negación que no necesita gritar. Basta con decir “infórmate” en el tono paternal de quien ya ha decidido no escuchar. Como si la historia fuese un trámite mal leído, un documento extraviado en una oficina del Estado. Pero no. La historia está escrita en cuerpos.
Treinta mil. Ese es el número que se pronuncia con la precisión de un conjuro. Treinta mil personas que no volvieron. Los registros oficiales tempranos (por ejemplo la CONADEP en 1984) documentaron alrededor de 8.960 denuncias, pero reducirlo a “menos de 9 000” ignora que muchas desapariciones nunca fueron denunciadas, que los cuerpos jamás aparecieron y que el terror obligó al silencio.
No son cifras, no es ruido estadístico, no es margen de error: son personas arrancadas del tiempo. El Estado argentino, entre 1976 y 1983, organizó un sistema para hacerlas desaparecer. El verbo es exacto: desaparecer. No matar, no encarcelar. Desaparecer. Que no haya cuerpo, que no haya duelo, que no haya prueba.
A los secuestrados los llevaban con los ojos vendados y las manos atadas a lugares que no existían. Centros clandestinos de detención. En la Escuela de Mecánica de la Armada, la ESMA, funcionó uno de los mayores.
Una fábrica del terror en pleno Buenos Aires. Cinco mil personas pasaron por allí, según los supervivientes. Cinco mil sombras. Los torturaban con picana eléctrica, con submarino, con golpes. A las mujeres las violaban, las embarazaban, y a sus hijos los robaban. Cuando ya no servían, los subían a aviones. Los “vuelos de la muerte”, los llamaban con la frialdad del eufemismo militar. Los lanzaban al Río de la Plata o al mar. Sin cuerpo no hay crimen, decían. Sin cuerpo no hay memoria.
Hubo nombres. Silvia Quintela, médica secuestrada embarazada; dio a luz en cautiverio y su hijo fue robado. Víctor Basterra, obrero gráfico, que sobrevivió en la ESMA y sacó de contrabando las fotos de los marinos, los torturadores, los que luego negaron haber estado allí. Él fue la prueba viva de que el infierno tuvo dirección, plano, horario de entrada.
La dictadura no fue un error ni un exceso: fue un proyecto. Secuestrar, torturar, asesinar, borrar. Y aun así hay quien dice “infórmese mejor”. Como si el terror necesitara fact-check. Como si los huesos hallados por el Equipo Argentino de Antropología Forense fueran un rumor.
En los juicios posteriores, los sobrevivientes repitieron los nombres de los captores: Astiz, Acosta, Pernías. Cada uno con su voz quebrada, reconstruyendo una topografía de la desaparición. Nadie los interrumpió para preguntar por la inflación o por la subversión. Porque lo que se juzgaba no era política: era la maquinaria de hacer desaparecer.
Negar eso, relativizarlo, convertirlo en debate, es prolongar la desaparición. No de los cuerpos —que ya no están—, sino de la verdad que los contiene. Porque lo que pasó en Argentina no fue un misterio ni una exageración ni un “contexto complejo”: fue el Estado convirtiéndose en verdugo y ocultando las pruebas bajo el agua marrón del Río de la Plata.
SOMOS EL CLUB MÁS DESGRACIADO DE LA HISTORIA. NOS TOCÓ EL BRUJAS QUE VENÍA DE LLEGAR A CUARTOS DE CHAMPIONS Y AL RESTO LES TOCA EL GANADOR DEL MALAKITO DE MEMPHIS - VILLAPOLLA DE LOS COJONES.