La desgarradora historia de Tahlequah (J35), la madre orca que cargó a su cría fallecida por 17 días y más de 1.600 km en el Pacífico Norte. Cuando se agotaba, su manada la ayudaba a empujar el cuerpo.
Los biólogos lo tienen claro: no fue instinto, fue duelo.
In mehreren italienischen Städten werden öffentliche Sitzbänke inzwischen so umgestaltet, dass sich unter ihnen kleine geschützte Plätze für Straßenkatzen befinden. Dort finden die Tiere Schutz vor Kälte, Regen und anderen Gefahren, ohne aus der Umgebung verdrängt zu werden, die sie kennen und in der sie sich orientieren.
Diese kleinen Rückzugsorte sind oft mit weichen Unterlagen und Futternäpfen ausgestattet, sodass ausgesetzte oder herrenlose Katzen einen sicheren Platz zum Ausruhen bekommen. Gerade für Tiere, die tagtäglich draußen überleben müssen, kann so ein einfacher Unterschlupf einen großen Unterschied machen.
Das Besondere an diesem Projekt ist, dass es zeigt, wie gut Stadtgestaltung und Mitgefühl zusammenpassen können. Mit kleinen, durchdachten Veränderungen werden gewöhnliche öffentliche Plätze plötzlich zu wertvollen Schutzräumen für Tiere, die sonst oft übersehen werden.
Manchmal braucht es keine großen Bauprojekte, um Leben zu verbessern. Manchmal reicht eine einfache Bank – und die Idee, dass unter ihr nicht nur Menschen, sondern auch Tiere ein wenig Sicherheit finden können.
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A los 40 años, Franz Kafka (1883-1924), que nunca se casó ni tuvo hijos, paseaba por un parque de Berlín cuando se encontró con una niña que lloraba porque había perdido su muñeca favorita. Juntos buscaron la muñeca, pero sin éxito. Kafka le dijo que se vieran allí al día siguiente y que volverían a buscarla.
Al día siguiente, cuando aún no habían encontrado la muñeca, Kafka le dio a la niña una carta "escrita" por la muñeca que decía: "Por favor, no llores. Hice un viaje para ver el mundo. Te escribiré sobre mis aventuras".
Así comenzó una historia que continuó hasta el final de la vida de Kafka.
Durante sus encuentros, Kafka leía atentamente las cartas de la muñeca, escritas con aventuras y conversaciones que a la niña le parecían adorables.
Finalmente, Kafka devolvió la muñeca (la había comprado). «No se parece en nada a mi muñeca», dijo la niña.
Kafka le entregó otra carta en la que la muñeca escribía: "Mis viajes me han cambiado". La niña abrazó a la nueva muñeca y la llevó feliz a casa.
Un año después, Kafka murió. Muchos años más tarde, la niña, ya adulta, encontró una carta dentro de la muñeca. En la pequeña carta firmada por Kafka estaba escrito:
“Probablemente perderás todo lo que amas, pero al final, el amor regresará de otra manera.”