Ferrari: —Es curioso: usted habla últimamente cada vez más de la aceptación y la gratitud.
Borges: —Es que yo creo, como Chesterton, que uno debería agradecer todo. Chesterton dijo que el hecho, bueno, de estar sobre la Tierra, de estar de pie sobre la Tierra, de ver el cielo, bueno, de haber estado enamorado, son como dones que uno no puede cesar de agradecer. Y yo trato de sentir eso, y he tratado de sentir, por ejemplo, que mi ceguera no es sólo una desventura, aunque ciertamente lo es, sino que también me permite, bueno, me da más tiempo para la soledad, para el pensamiento, para la invención de fábulas, para la fabricación de poesías. Es decir, que todo eso es un bien, ¿no? Recuerdo aquello de aquel griego, Demócrito, que se arrancó los ojos en un jardín para que no le estorbara la contemplación del mundo externo. Bueno, en un poema yo dije: "El tiempo ha sido mi Demócrito".
Es verdad, yo ahora estoy ciego, pero quizás el estar ciego no sea solamente una tristeza. Aunque me basta pensar en los libros, que están tan cerca y que están tan lejos de mí, para, bueno, para querer ver. Y hasta llego a pensar que si yo recobrara mi vista, yo no saldría de esta casa y me pondría a leer todos los libros que tengo aquí, y que apenas conozco, aunque los conozco por la memoria, que modifica las cosas.
LIBRO DE DIÁLOGOS
BORGES - FERRARI
Editorial Sudamericana.
(1986 / 1987 / 1999).
Durante una clase de matemáticas en la Universidad de Columbia, un estudiante se quedó dormido.
Cuando despertó, vio dos problemas escritos en la pizarra. Pensando que eran tarea, los copió en su cuaderno sin pensarlo demasiado.
Esa noche intentó resolverlos, pero eran endiabladamente difíciles. Pasaron días, semanas, noches en vela en la biblioteca.
Aun así, no se rindió.
Finalmente, consiguió resolver uno de ellos y escribió cuatro artículos explicando su método.
En la siguiente clase, el profesor no mencionó la tarea.
El estudiante se acercó y preguntó con desconcierto:
—Profesor, ¿por qué no revisó el ejercicio anterior?
El profesor, sorprendido, respondió:
—¿Ejercicio? No era tarea. Esos eran ejemplos de problemas que nadie en el mundo ha conseguido resolver todavía.
El joven se quedó mudo.
Había resuelto un problema considerado imposible… simplemente porque no sabía que lo era.
Años después, su nombre quedaría grabado en la historia de las matemáticas: George Dantzig.
Los cuatro artículos que escribió siguen exhibiéndose en la Universidad de Columbia como símbolo de una lección atemporal:
A veces, lo que nos limita no son los problemas, sino las creencias que los rodean.
Dantzig logró lo impensable porque no escuchó a nadie decirle “es imposible”.
Y esa es, quizás, la ecuación más poderosa que uno puede aprender en la vida.
"Siempre me acusaron de vulgar, de sucio, de cínico. No me importaba. Yo no quería escribir para complacer a nadie, sino para escupir la verdad. La literatura no es un salón elegante: es un callejón donde sangras tus miserias para que otros sepan que no están solos".
BUKOWSKI.
Esta película solo dura 4 minutos, se grabó en media hora
y ganó un Oscar. Merece la pena verla... Es fácil juzgar
cuando no se está en los zapatos de otra persona... El
cortometraje se llama "¡No juzgues!", del director albanés
Elvis.
Cómo le explico al psicólogo que vi una gatita perdida y su mamá la encontró, le dió una regañada y después de ver que estuviera bien, le dió una cachetada y se la llevó a la casa.
"La verdadera tragedia de envejecer consiste en que allá, dentro de nosotros, sigue un eterno muchacho que no registra el paso del tiempo"
Álvaro Mutis.
Lo que vieron mis ojos fue simultáneo: lo que transcribiré, sucesivo, porque el lenguaje lo es. Algo, sin embargo, recogeré.
En la parte inferior del escalón, hacia la derecha, vi una pequeña esfera tornasolada, de casi intolerable fulgor. Al principio la creí giratoria; luego comprendí que ese movimiento era una ilusión producida por los vertiginosos espectáculos que encerraba. El di��metro del Aleph
sería de dos o tres centímetros, pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño. Cada cosa (la luna del espejo, digamos) era infinitas cosas, porque yo claramente la veía desde todos los puntos del universo. Vi el populoso mar, vi el alba y la tarde, vi las muchedumbres de América, vi una plateada telaraña en el centro de una negra pirámide, vi un laberinto roto (era Londres), vi interminables ojos inmediatos escrutándose en mí como en un espejo, vi todos los espejos del planeta y ninguno me reflejó, vi en un traspatio de la calle Soler las mismas baldosas que hace treinta años vi en el zaguán de una casa en Fray Bentos, vi racimos, nieve, tabaco, vetas de metal, vapor de agua, vi convexos desiertos ecuatoriales y cada uno de sus granos de arena, vi en Inverness a una mujer que no olvidaré, vi la violenta cabellera, el altivo cuerpo, vi un cáncer en el pecho, vi un círculo de tierra seca en una vereda, donde antes hubo un árbol, vi una quinta de Adrogué, un ejemplar de la primera versión inglesa de Plinio, la de Philemon Holland, vi a un tiempo cada letra de cada página (de chico, yo solía maravillarme de que las letras de un volumen cerrado no se mezclaran y perdieran en el decurso de la noche), vi la noche y el día contemporáneo, vi un poniente en Querétaro que parecía reflejar el color de una rosa en Bengala, vi mi dormitorio sin nadie, vi en un gabinete de Alkmaar un globo terráqueo entre dos espejos que lo multiplican sin fin, vi caballos de crin arremolinada, en una playa del Mar Caspio en el alba, vi la delicada osatura de una mano, vi a los sobrevivientes de una batalla, enviando tarjetas postales, vi en un escaparate de Mirzapur una baraja española, vi las sombras oblicuas de unos helechos en el suelo de un invernáculo, vi tigres, émbolos, bisontes, marejadas y ejércitos, vi todas las hormigas que hay en la tierra, vi un astrolabio persa, vi en un cajón del escritorio (y la letra me hizo temblar) cartas obscenas, increíbles, precisas, que Beatriz había dirigido a Carlos Argentino, vi un adorado monumento en la Chacarita, vi la reliquia atroz de lo que deliciosamente había sido Beatriz Viterbo, vi la circulación de mi oscura sangre, vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte, vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, y en la tierra otra vez el Aleph y en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo.
Jorge Luis Borges.
El Aleph.
La heroína de la Unión Soviética, Liudmila Pavlichenko, recibió el apodo de Lady Muerte después de que matara a 309 soldados alemanes en la II Guerra Mundial
No podrán malos hijos de esta Patria truncar el destino que merecemos. Juntas y juntos como siempre, en familia, pasamos el vendaval. Ahora sabemos cuál es nuestro destino #VenezuelaAElecciones@PartidoPSUV@NicolasMaduro@dcabellor
Sigue mi istagram @madeleintelesur comenzaré a publicar fotos y videos de más 30 horas de navegación buscando el 1er buque iraní con combustible para el pueblo #venezolano en la #foto junto a mi camarografo Marcos Da Silva #CoberturaEspecial
Con este video dejamos instalada la Asamblea Anual de la Cámara de Comercio al cierre del pasado mes de febrero.
Hoy cobra más vigencia que nunca
Una tierra generosa que ha dado tanto y donde su gente sueña con poder seguir adelante.
#Conseturismo se une a la celebración de @AVAVIT1 por su 68° aniversario. ¡Felicitaciones! Es la asociación más antigua del sector. Durante toda su trayectoria ha sido un pilar fundamental en el desarrollo del turismo nacional #16mayo#DíaDelAgenteDeViajes
Cómo en los países occidentales intentan restar importancia al Ejército Rojo en la Segunda Guerra Mundial y reescribir la historia https://t.co/syL01NAS1m
#30Mar#EcoTurismoParia: ¡Ven y disfruta de la incólume Península de Paria! En las instalaciones del Hotel Villas Playa de Uva y en la Posada Playa Medina vivirás una estancia ecológicamente perfecta y una experiencia naturalmente inolvidable #MarCaribe https://t.co/F3EpeDd2Ue