Dicen que Galicia era el fin del viejo mundo, pero para nosotros fue el principio de muchos mundos. Así que desandamos el camino para comprobar si seguían allí. Y allí estaban. Allí estabais. A los pies de la Torre de Hércules. Siempre duros. Siempre suaves. Gracias A Coruña.
Nuestros compadres asturianos saben, desde la noche de los tiempos, que el pan que se han de comer se lo tienen que arrancar a las mismísimas entrañas del mar y de la tierra. Así que no pudimos más que ofrecerles nuestra marea en una noche inolvidable. Y nos devoraron.