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El bombardeo israelí-estadounidense a Irán puede tener consecuencias importantes para la huella iraní (directa y de manera encubierta vía Hezbolá) en el continente americano. Si bien es cierto que no ha habido una acción iraní cinética abierta en el continente desde el atentado terrorista contra la Asociación Mutua Israelita Argentina (AMIA) en Buenos Aires en 1994, Irán ha mantenido a lo largo de las últimas dos décadas una presencia real, operativa, financiera y de inteligencia, desinformación y penetración social (reducida y acotada) y mediática (amplia, vía HispanTV) en Venezuela, primero con Chávez y luego con Maduro (y con Delcy Rodríguez como canciller). No obstante, la pérdida de sus dos grandes aliados en el continente, Bolivia y ahora Venezuela (solo hay que ver, como bien subraya hoy @bloggingsbyboz, el tono y contenido del comunicado que sacó Venezuela en respuesta a los ataques del fin de semana y que luego incluso retiró) para medir el impacto que los acontecimientos políticos por un lado en ambas naciones -más lo militares en Venezuela, por el otro- conllevan para la capacidad operativa real iraní en el continente.
Sin embargo, no podemos ser complacientes. También hay que recordar tres episodios recientes, todos los cuales involucran por cierto a México de manera directa, y que demuestran las vulnerabilidades que podríamos aún enfrentar en esta coyuntura y que, por ende, debieran, en este contexto en el cual potencialmente Irán estará buscando responder de manera amplia y sistemática a los ataques estadounidenses (como ya lo ha hecho a lo largo del fin de semana en el Golfo Pérsico y Medio Oriente), elevar la vigilancia y monitoreo mexicanos.
El primero de ellos fue el intento iraní -y la petición oficial formulada a la cancillería mexicana en 2010- para abrir un consulado en Tijuana. La petición fue rechazada al no haber motivo y justificación alguna para ello y por las implicaciones evidentes que conllevaba en términos de recolección de inteligencia iraní en la frontera México-EEUU. El segundo episodio se dio en 2011, cuando la Fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria de Irán intentó reclutar a un integrante de los Zetas para detonar un artefacto explosivo en un restaurante en Washington -muy socorrido por la clase política y por diplomáticos- y asesinar al embajador Adel al-Jubeir, mi colega saudí en esa capital. Un operativo de inteligencia conjunto México-EEUU desarticuló y neutralizó el operativo. El tercero ocurrió el año pasado, cuando Israel y EEUU anunciaron en noviembre que -con el apoyo de México (el gobierno mexicano negó tener conocimiento del operativo)- se había frustrado un intento de asesinato, fraguado por la Guardia Revolucionara de Irán desde la embajada iraní en Caracas, de la embajadora israelí en la Ciudad de México en el verano de ese mismo año.
Dada una frontera de 3 kms con EEUU, los nexos entre crimen organizado trasnacional en la región y la Guardia Revolucionaria iraní y sus Fuerzas Quds, las vulnerabilidades en materia de control fronterizo por parte de México, la evisceración el sexenio pasado del CISEN y sus capacidades de recolección en materia de inteligencia y las percepciones de esta administración estadounidense (y de un segmento nada desdeñable de la opinión pública de ese país) de que el principal flanco de vulnerabilidad para la seguridad nacional estadounidense provienen de la frontera con México (solo hay que releer entre líneas la Estrategia de Seguridad Nacional 2025 de EEUU publicada por la Administración Trump en diciembre de 2025), más nos vale ponernos las pilas.