Periodista, maestra y mamá x 2. 'No hay que hacer las cosas. Hay que hacerlas bien'. Evolucionando del micro al aula. Desde 2022, maestra de Ed Infantil GVA.
Mi hijo tiene:
- Leucomalacia periventricular.
- Parálisis cerebral.
- Es no verbal.
- Plagiocefalia severa.
- Rasgos secundarios TEA.
- Epilepsia focal.
- Y medicación por alteración de la conducta.
Así que hilo va, sobre los centros de EE y los recursos de la escuela:
The reaction to the leaked video of Ali Shamkhani’s daughter’s wedding came swiftly, not just from critics or exiles, but from the wounded heart of Iran itself.
Niloofar, a young woman who was shot in the eye during the 2022 uprising, shared this photo on Instagram after her own wedding. In the photo, she stands in a white gown, wile covering the eye shattered by the regime’s bullets for the crime of peacefully protesting against the murder of Mahsa Amini by Hijab Police.
“This eye has seen too much,” she wrote. “On my wedding day it burned and throbbed as if remembering. Every few minutes I had to stop, put cream on it, beg it to stay open. But I danced anyway. I didn’t let the pain steal this day from me, they’ve stolen enough already.”
Soon, mothers and fathers whose children were killed by the regime in Iran, began posting their own photographs online. But theirs were not scenes of joy, they were portraits of absence and grief. One mother told me:
“My daughter never got to wear her wedding dress. The same regime made sure of that.”
This is not simply a story of a wedding dress. The timing matters. The video surfaced at a moment when many Iranians are already disillusioned: economic sanctions biting, freedoms shrinking, women taking increasing risks to assert bodily autonomy, and the morality police being bolstered.
The irony, as Iranians immediately noted, was almost unbearable: the man who has built a career policing women’s bodies was proudly giving away his unveiled daughter, in a gown that would have sent any ordinary woman to prison.
And so, the video spread like wildfire, not because Iranians had never seen hypocrisy before, but because they had never seen it so naked.
@AlexelAlexese@RAEinforma No lo sé! Pero no era solo cosa suya, en Valencia de forma minoritaria se los denominaba así. Creo que se ha ido extinguiendo el término
¿Qué piensan los Ucranianos sobre el plan de paz de Trump?
Durante los últimos 4 días hemos recorrido el frente sur del Donbas. Unas notas rápidas sobre cosas que he escuchado.
Tanto de la población civil como de los militares que luchan en las trincheras (HILO/🧵).
22 de enero de 1981 muere María Moliner, autora de un diccionario único, el más completo del español. Propuesta para ocupar el sillón B, fue rechazada. Declaró que si lo hubiera escrito un hombre, la gente habría dicho: “Pero, y ese hombre, ¡cómo no está en la Academia!”
Es más que probable que hayáis visto (y que veamos estas semanas) este tipo de imágenes en donde un antiguo prisionero enseña el tatuaje que le hicieron los nazis cuando le deportaron durante el Holocausto
¿Dónde y por qué se usaban los tatuajes? ¿Cómo se hacían?
Hilo 👉
Que esta foto ens recorde el gran treball dels professionals d'@apunt_media, @apuntnoticies i @apuntoratge... i que l'única dimissió que ha provocat la dana ha sigut la del seu director general. Com se sol dir, hay que joderse... Bon any a la bona gent.
@JaimeAstuy Sí, podéis emitirlo. Pero vamos, como explico en el post siguiente ocurrió el viernes por la tarde y el fuego se controló en poco tiempo. Un saludo.
Los lápices no suelen ser útiles en la guerra: son frágiles, se rompe la punta, necesitan un sacapuntas cada poco tiempo.
Pero este, el Cumberland 103 de la compañía Derwent, fue uno de los mayores inventos de la Segunda Guerra Mundial.
Porque salvó muchas vidas.
Tira del hilo
No sabía que necesitabais un perfil de El Ventorro, pero aquí va.
Llevo mucho tiempo sin escribir, así que este es un artículo de libre distribución. Cualquier persona o medio, si lo considera interesante, puede distribuirlo con o sin cita. Espero que sirva.
EL VENTORRO
El Ventorro no tiene Instagram ni una Estrella Michelin. Tampoco un sol y ni siquiera ondean en su fachada los reconocimientos de la crítica gastronómica local. Sin embargo, su ticket está a la altura de los Big Gourmand de València. Es un restaurante de producto, caro, donde lo mejor del mercado y la temporada se sirve a una mesa que pide según canta los platos Alfredo Romero, nieto de los fundadores de esta casa de comidas familiar abierta en 1967. Él es el artífice de un local que no se entiende sin su mando a partir de la década de los 90.
En El Ventorro todo el menú está fuera de carta. Todos los precios son a convenir y no se discuten porque es importante no parecer miserable. Como ocurre con su bodega extensa y –también– sobrepreciada, comer en El Ventorro no tiene tanto que ver con el disfrute que va del paladar al estómago, sino con la posibilidad de formar parte del lugar donde suceden las cosas. ¿Qué cosas? Las del vil metal, los negocios y sus artesanos. Una pista: solo da comidas y de lunes a viernes. Otra idea: está en el distrito financiero de la ciudad, a un paso de la bolsa aunque eso en 2024 ya de igual. A un paso del centro del poder local y regional.
Yendo al grano, El Ventorro es territorio de hombres. Empresarios que tuvieron la oportunidad de ser antifranquistas antes de que Franco muriese y que décadas después requieren de un espacio de confianza a la hora de comer. A veces, la confianza se traba como el caldo espeso de unas lentejas guisadas con una parte considerable de grasa, también con una fabada, garbanzos, estofados y alubias. Sí, sí, servidas en el centro de València, porque la capital de la dieta mediterránea, su historia, su huerta admirada en medio mundo y la cultura que ha generado, tampoco se relacionan con su menú. Y hay algo de descalzarse, un olor muy preciso en la memoria de abuelas y casas viejas, capaz de reconectarnos con una idea de confort y complicidad que valen mucho para el público de este local.
Al Ventorro se va por confianza y discreción. Su puerta, a dos pasos del Carrer de la Pau, es tan prudente estéticamente que pasa desapercibida incluso buscándola. Le acompaña un discreto cartel con dos informaciones precisas: casa de comidas –cierto– y el teléfono de reservas. Teléfono fijo, claro, porque El Ventorro no solo no tiene cuenta de Instagram, es que confía únicamente a una línea telefónica fija sus reservas. Y es raro ver sus estancias vacías, porque no requiere ni de community manager ni de número de WhatsApp. Lo que sirve es una suerte de ambiente de camaradería, de seguridad entre comerciantes que son, al fin y al cabo, los que han escrito la historia de València.
En El Ventorro hay reservados y, sobre todo, rincones de luz tenue pero suficiente para que siempre haya alguien con traje a medida acercándose a otra mesa a estrechar la mano. Todo es próximo, pero suficientemente distante. Está recargado de objetos y dominado por una sensación clara de participar de un viaje al pasado. Las vigas de madera, los techos bajos, la escalera de talla excesiva y la colección de aperos de labranza, molino y bodega. Hay cerámicas que reconectan con la cultura local y, entre guisos, chuletillas y chuletones, algo parecido ocurre cuando alguno de los ejecutivos resulta estar a dieta y pide un pescadito fresco. A la espalda, a la sal, al horno, un guiño acidental de patriotismo desde la lonja valenciana.
Un veterano periodista de la ciudad lo llama “la cueva de las conspiraciones”, pero le resta peso al trajín de políticos. Si acaso, más segunda fila (directores generales) que consellers. Más fontanería que arquitectura, supongo. Es el local donde se sucedían las tramas de muchos de los hombres que jamás han aparecido en el sumario de un caso de corrupción, pero que siguen escritas en el libro ‘Mis queridos promotores. Valencia 1940-2011’, del añorado profesor de Economía de la UV Josep Sorribes. La ciudad “construida y destruida” no se puede entender sin ellos, sin la ingente cantidad de capital generada desde los felices 90, desde las costas sin ley y el desarrollismo final, y hasta el crack de 2008. Este restaurante fue y es un espacio natural para dejar fluir sus intereses creados.
Es una mala noticia para El Ventorro que Presidència de la Generalitat admitiera a los medios el lugar exacto de la reunión entre el primero de los valencianos, Carlos Mazón, y la periodista Maribel Vilaplana, el pasado 29 de octubre, el día de la tragedia. Hasta la fecha, el mayor valor de mercado de El Ventorro en la ciudad era estar fuera del foco. Ajeno a los premios, a los influencers, a las guías prestigiadas para comer bien en la ciudad. Era, al menos hasta hoy, un templo de lo secreto entre quienes no requieren de vanidad ni una vida pública exhibida en redes para seguir manejando un tramo importante del capital valenciano. Un restaurante tan sinónimo de la discreción que es raro tener cobertura entre sus muros. ¿Y si el president no la tenía? ¿Alguien ha tenido en cuenta este detalle?
Lo que a otros nos merece la pena tener en cuenta es como en lugares que evocan el siglo XIX y añoran el XX sigue manejándose una forma de mandar anacrónica. El detalle del dónde ocurrió la comida que, presuntamente, provocó que Mazón llegara tarde a su compromiso con una Emergencia inédita, histórica, nos hace temer lo peor: que seguimos en manos de gente que ve el mundo desde un lugar muy antiguo, desincronizado en gran medida con la ciudad que vibra a su manera al otro lado de sus anchos muros de piedra.
Pues os voy a contar una cosa, porque todos nos hemos dado cuenta de lo importante que es hacer piña para poder salir adelante, pero si abres esa piña y empiezas a conocer las historias personales de cada uno de los que han ido a ayudar a los demás sin esperar nada a cambio...
Como Español, como ciudadano y como ing. de Caminos tengo una enorme indignación por lo ocurrido en Valencia y con la gestión criminal de los hechos. Vamos con datos, no con opiniones. Escucho que era imposible haberlo sabido, que no daba tiempo a avisar, etc. Vamos con datos 🧵
Tras acabar una guardia de centro coordinador de emergencias en época de fiestas de pueblo, de barrio, etc...
...10 cosas que creo que deberías saber antes de ir a una fiesta de prao, descenso, romería o lo que se tercie, con la intención de beber hasta el vino del suelo.
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