Jamás meditaste sobre la intensidad del amor que te tenía; sobre el inmenso oleaje de emociones que provocabas en mí, ni sobre todo lo que estaba dispuesta a sacrificar por verte feliz.
Tal vez me equivoqué sí... Humanamente me equivoqué...
Pero si algo hice de verdad fue aprender a quererte: abrazando tus virtudes, tus defectos, lo que más amaba de ti y hasta aquello que menos me gustaba. Porque no te quise por partes. Te quise completa. Y quizá nunca llegaste a saber cuánto, cuánto de verdad te amé.
Si fuera una mujer interesada mi vida estaria resuelta desde hace años, pero no puedo dar un abrazo si no tengo ganas. Ni un te quiero si no lo siento.