no solo hiciste llorar a mi versión adulta, también hiciste llorar a mi niña interior. Le hiciste revivir el abandono, volver a sentirse insuficiente. Pero eso fue mi culpa: un día te conté mi historia, t hablé de mis heridas, te di las armas para destruirme, y vos las utilizaste
Me costó mucho soltarte, pero al final sí lo hice. Releí ese mensaje varias veces antes de borrarlo. Te extrañé de la manera más silenciosa posible. Cuando veo algo que me recuerda a ti, deseo que estés bien, donde sea que estés. Gracias por no llamar, porque si habría contestado.