Mi padre (boomer) se iba a Francia y en 3 meses en la vendimia, ganaba el dinero para comprar un coche. Y al año siguiente se iba y en tres meses ganaba para comprar un solar. Y al otro año se iba y ganaba en 3 meses para hacer la casa. Por eso estaba deseando trabajar.
Ahora te vas, te pagan 1800€, has pagado 800 de alquiler, 400 de gastos y 200 de los billetes de ir y volver, te vuelves con 1200€, que no tienes ni para cambiarle las ruedas y el aceite al coche. Y el 20% te lo quita hacienda al año siguiente. Estamos deseosos de trabajar los jóvenes.
Tienes que tener una carrera y un máster. Ponte que acabe a los 24 de media. Si encontrases trabajo y nunca lo perdieses, para llegar a 37 hay que estar currando hasta los 61. Es absolutamente demencial
Eso si, los políticos con sueldo vitalicio...
El caso NOELIA CASTILLO
Noelia Castillo es hija de un padre alcohólico. Debido a la enfermedad de su padre, este se arruinó.
La familia fue desahuciada.
Ningún familiar pudo hacerse cargo de Noelia y acabó en un centro de acogida.
Allí fue v_iolad4 por cinco hombres.
Desesperada, se arrojó por la ventana.
Sobrevivió, pero quedó paralizada de cintura para abajo y con fuertes dolores neuropáticos.
Ha pedido la eutanasia y se la han concedido.
Soy neuropsicóloga especialista en escritura expresiva. Cuando un cliente (en mi campo no los llamamos pacientes, puesto que la escritura expresiva es humanista) manifiesta deseos de s_uicid4rse, inmediatamente debemos evaluar el riesgo. Si es alto, debemos acudir a un psicólogo clínico y derivarlo, pero nunca soltarle de la mano.
Es decir, puedo derivar a un clínico, pero tengo que seguir en contacto con mi cliente, apoyándole.
Me he encontrado varias veces en esa situación, con personas en condiciones muy difíciles, y jamás se me ha ocurrido decirles que lo más fácil es que pidan la eutanasia.
He visto a Noelia en el programa "Ahora Sonsoles". Creo que Noelia es absolutamente recuperable. Se mostraba feliz cuando recordaba su infancia, y eso es un punto de partida muy positivo para comenzar una terapia. Me parece una auténtica barbaridad, de una crueldad inhumana, que se le conceda la Eutanasia.
El Estado fue responsable de lo que sucedió, el mismo Estado que debía protegerla. Y ahora el Estado se lava las manos sobre lo que hizo, y todo lo que le ofrece a Noelia es un s_uicid10 asistido.
Esto es un fracaso como sociedad, y cualquiera que apoye esta medida debería hacérselo mirar, porque está mostrando una falta de empatía aterradora
Estoy TAN harto de este discurso. La gente no recuerda como se hace una división pero por lo que sea piensan que sí recordarían cómo hacer facturas o la declaración de la renta si lo enseñaran en el colegio.
no quiero ser dramática, como nos quedemos con el de invierno sería lo peor que ha hecho el gobierno. ya he aceptado no tener casa, hijos ni ahorros PERO NO ME QUITES EL SOL.
Mi abuelo era un niño como estos, no tuvo nunca estudios universitarios y vivió una infancia con privaciones en el campo
Pues con esas, se casó con 26, a los 31-32 ya tenía su casa pagada y su seat600, mantuvo a tres hijos con un único sueldo, pagaba la mitad de impuestos de los que se pagan ahora y no tuvo un problema en la calle en la vida.
La vida que llevó mi abuelo es solo un ejemplo de los millones de casos de familias españolas que pese a nacer en un entorno humilde, pudieron desarrollar su proyecto vital con libertad y con dignidad.
Hoy, los jóvenes españoles tenemos 4000 carreras universitarias distintas e innovadoras, tenemos bonos para gastárnoslos en fiesta, e incluso podemos ir a la universidad a manifestarnos por países lejanos, pero no tenemos lo básico, ni casa, ni dinero, ni un entorno social ni una mentalidqd colectiva favorables a formar una familia
No hacemos la mili y en lugar nos vamos de erasmus
No hay bodas a los veintipico, pero hay viajes a Bali por 1000 euros
No tenemos familia temprano, pero hay tinder para que las eternas solterías se hagan más amenas
Nos lo han robado absolutamente todo, han sustituido todo lo básico por migajas cortoplacistas, hedonistas y vacías… y nos han dicho que si no nos conformamos con eso y lo denunciamos “es que somos unos ignorantes porque no sabemos lo que había antes”…
No se si sabemos o no lo que había antes… pero lo que si es seguro es que padecemos lo que hay ahora… y eso nos hace poner en valor los mínimos que aquellos que nos levantan el dedo desde su atalaya de falsa superioridad moral disfrutaron, y que ellos nos han negado dejando el país hecho un solar.
Y cada vez que el argumento para poner en valor “la suerte que tenemos” de vivir en esta época magnífica que nos han dejado, es una foto que podría ser de cualquier país de la época, nos damos aún más cuenta de que efectivamente, llevamos nosotros la razón
Mi hija me pidió que la cambiara de colegio.
Así. Sin lágrimas. Sin enojos. Sin rabia.
Solo se me acercó mientras yo preparaba la cena y dijo despacio:
—“¿Puedo estudiar en otro lugar?”
Le pregunté si había pasado algo.
Me dijo que no.
Le pregunté si no tenía amigas.
Me dijo que no sabía.
Entonces le pregunté si alguien la trataba mal.
Y se quedó callada.
Esa noche no pegué los ojos.
Al día siguiente inventé que tenía que hablar con la directora.
Pero en realidad fui a mirar.
Me quedé en un pasillo y esperé al recreo.
Y ahí la vi.
De pie junto a la verja, con el termo en la mano, mirando al suelo.
Un grupo de niñas pasó y se empujaron entre ellas riéndose.
Un niño le tiró el jugo en la blusa y salió corriendo.
Otra niña le sacó una foto escondida con el celular y la mostró entre risas.
Ella no dijo nada.
Solo apretó los labios.
Como si ya estuviera acostumbrada.
Pero lo que más me dolió no fue eso.
Fue ver que una profesora pasó justo en ese momento.
La miró.
Miró a los otros.
Y siguió caminando como si nada.
Como si mi hija fuera invisible.
Después escribí al colegio.
Les conté lo que ella me había insinuado.
Que en el aula le escondían los cuadernos.
Que en los pasillos le ponían sobrenombres.
Que en el grupo de WhatsApp se burlaban de sus fotos.
Me respondieron con la típica frase:
—“No se preocupe, son cosas de muchachos. Lo estamos manejando.”
Pero no hicieron nada.
Nada.
Esa tarde, al volver a casa, me preguntó bajito:
—“¿Ya lo pensaste?”
Le respondí que sí.
Y que no tenía que volver más a ese colegio.
No preguntó por qué.
Solo dejó su mochila en la esquina y respiró profundo.
Como quien por fin suelta un peso que llevaba cargando sola.
Ahora estudia en otro lugar.
Ni más grande.
Ni más moderno.
Solo más humano.
Donde la miran a los ojos.
Donde la llaman por su nombre.
Y donde no tiene que hacerse pequeña para no ser molestada.
Porque un niño —o una niña— no pide un cambio de colegio por antojo.
Lo pide cuando ya no puede más.
Y lo más desgarrador no es lo que hacen sus compañeros…
sino lo que no hacen los adultos que se supone debían cuidarla.
Y ojalá esto no fuera tan común.
Ojalá no fuera yo una de tantas madres que aprendió demasiado tarde.
Porque hay algo que nunca se olvida:
el día en que tu hija te pide, casi en susurros,
que la saques del único lugar donde debería sentirse protegida.
Historia anónima
Hay que ser muy hijo de puta y tener muy pocos escrúpulos para intentar abandonar a tu mascota en mitad de la nada. Y el pobre perro todavía siguiendo el coche intentando no quedarse solo
1️⃣Vídeo del niñato en BMW provocando un accidente.
2️⃣Foto del resultado del accidente. Casi mata a una familia.
3️⃣Video del niñato del BMW que, lejos de ayudar, se pone chulo.
Dime cómo le explicarías amablemente que eso que ha hecho no está bien y debe reflexionar fuerte.