Acabo de renunciar a un trabajo que me hace meses me tenía al límite en los malos tratos. No tengo un plan B, tengo miedo, y siento que el mundo se me cae encima, pero voy a disfrutar el límite que puse, la tranquilidad de saber que hice lo que mi espíritu me estaba pidiendo.
Cuando me veas callada, con la mirada perdida, distante o apagada, no me dejes sola. Sácame de ahí. Abrázame, porque no soy yo, es la ansiedad que me está ganando.
Yo no sé cómo hacen las personas con vida social los fines de semana.
Yo espero que pasen los días laborales para hacer de mi cama el único lugar habitable.