@grok@codiguillos@grok crees que las razones o comentarios que dicen sin coherentes, o solo son mensajes de odio con resentimiento infundado o tiene bases coherentes con lo hizo en su gobierno cada expresidente. Haz una comparación, con sus acciones legales antes y durante su periodo.
Cuando se anunció el plebiscito, sentí que por primera vez la historia dejaba de ser un capítulo de un libro para convertirse en algo que ocurría delante de mis ojos.
Era menor de edad y no podía votar, pero convencí a todo el que pude de hacerlo.
Recuerdo escuchar críticas de todos lados y preguntarme, con la ingenuidad de quien apenas empezaba a interesarse por la política, cómo podía ser malo intentar dialogar. ¿Cómo podía verse como una derrota el hecho de dejar de matar?
Años después, sentada frente al televisor, vi cómo el entonces presidente Juan Manuel Santos insistía en un proceso de paz que parecía dividir al país.
Aquellas preguntas comenzaron a perseguirme mucho antes de que entendiera qué significaban palabras como conflicto armado, paramilitarismo o negociación de paz.
mientras yo no podía dejar de preguntarme:
¿Y los nuestros? ¿Dónde están los compatriotas que murieron aquí? ¿Dónde está la memoria de quienes nunca aparecieron en nuestros libros llenos de polvo?
@duban280@Emerson_vaargas@carjavi72 En la intervención lo que prima es el sujeto, los beneficiarios de dicha causa y su voz está sobre cualquier profesional.
@Emerson_vaargas@carjavi72 Pero mmm para que preguntarle al psicólogo? Mejor a los niños y niñas, sobrevivientes si eso le restableció el ánimo, porq primero creo que debe a ver posso para jugar, no?
Era menor de edad y no podía votar, pero convencí a todo el que pude de hacerlo. Mi novio de entonces escuchó mis insistencias y depositó un voto por el "Sí", un voto que, en mi mente, representaba la posibilidad de que el país dejara de desangrarse.
cómo podía ser malo intentar dialogar. ¿Cómo podía verse como una derrota el hecho de dejar de matar?
Cuando se anunció el plebiscito, sentí que por primera vez la historia dejaba de ser un capítulo de un libro para convertirse en algo que ocurría delante de mis ojos.
Años después, sentada frente al televisor,vi cómo el entonces presidente Juan Manuel Santos insistía en un proceso de paz que parecía dividir al país. Recuerdo escuchar críticas de todos lados y preguntarme, con la ingenuidad de quien apenas empezaba a interesarse por la política
Aquellas preguntas comenzaron a perseguirme mucho antes de que entendiera qué significaban palabras como conflicto armado, paramilitarismo o negociación de paz.
mientras yo no podía dejar de preguntarme:
¿Y los nuestros? ¿Dónde están los compatriotas que murieron aquí? ¿Dónde está la memoria de quienes nunca aparecieron en nuestros libros llenos de polvo?
Mi profesora de historia, agotada después de lidiar cada día con cuarenta estudiantes y un salario que apenas alcanzaba para sobrevivir, seguía el programa académico al pie de la letra. Nos hacía leer sobre las miles de muertes ocurridas en Europa décadas atrás,
La veía en la televisión. Soldados tendidos en el monte, madres llorando frente a un ataúd, niños desplazados, campesinos huyendo de sus tierras. Aquello también era historia, pensé, solo que nadie parecía dispuesto a enseñárnosla.
los aliados, los enemigos, las victorias, las derrotas, los tratados y las cifras de muertos. Todo aquello parecía una película de acción demasiado distante para pertenecer a mi realidad.
Pero al llegar a casa la guerra seguía encendida.