La plenitud significa aceptar que la vida es un riesgo de decisiones difíciles y sacrificios. Significa que siempre serás vulnerable a pequeños accidentes imprevistos y emociones incómodas que eso acompañe y que nunca tendrás una influencia parcial sobre como transcurre tu tiempo y que muchas cosas de lo que vayas a crear en el mundo estarán a la altura de los estándares de perfección que tienes en la cabeza o tal vez sí. Recuerda siempre tener un pie en el cambio y otro en la aceptación.
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El cambio para que se convierta en hábito requiere práctica. Al principio mucho sacrificio y poco beneficio para después de un tiempo poco sacrificio y mucho beneficio. Primero la voluntad, luego la determinación y luego los destellos de motivación. Lo mejor hacer aquello que te dignifique porque te sentirás orgulloso de hacerlo más que feliz y el orgullo es otro tipo de felicidad pero que se admira.
La actitud y la interpretación de los hechos determina lo que puedes lograr. Dos personas con el mismo talento pueden obtener resultados completamente diferentes dependienda de cómo interpretan las dificultades. Las dificultades construyen carácter. Las experiencias duras (fracasos, críticas a momentos difíciles) pueden convertirse en herramientas de crecimiento si las utilizas para aprender y mejorar pero eso es un proceso activo que requiere atención, análisis y esfuerzo.
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PsicoLectura:
En Ana Karenina, Tolstói muestra cómo el sufrimiento no siempre nace de las decisiones, sino de esperar que una sola decisión resuelva todos los problemas. Ana busca en el amor la libertad, la felicidad y la plenitud que siente que le faltan, hasta que descubre ninguna relación puede llenar vacíos preexistentes. A veces no nos destruye lo que deseamos, sino la esperanza de que eso que deseamos nos salve.